Con la ayuda invalorable del pequeño grupo de colaboradores y amigos que habían quedado conmigo para ayudarme a cerrar definitivamente la agencia, pude al fin ordenar mi mente, y estudiar donde estaba parado entonces. Lo primero que debía encontrar era una manera de generar recursos en lo inmediato. Una mañana, paso por el acceso del Club Olimpo, en Sarmiento al 100. Se me ocurrió hacer bailes de carnaval, algo que desde hacía tiempo no se realizaba en la ciudad. Hablé con el presidente del club;("Pipa" Migliorini) a quien le presenté la idea. La propuesta le gustó y acordamos en probar durante dos sábados de Febrero. Ya tenía luz verde para utilizar el salón, pero me faltaba lo más importante; Potentes equipos de audio e iluminación necesarios para alimentar un salón con capacidad para más de 1500 personas. También precisaba el respaldo de una fuerte batería publicitaria para atraer al público. Y esa campaña, además de fundamental, resultaría muy costosa.
La intención de llenar Olimpo se convertía en un verdadero desafío. En una inolvidable entrevista con los respectivos subgerentes de Canal 9-Telenueva, LU2 y La Nueva Provincia,les propuse sumarse al insólito proyecto. Los directivos no vacilaron en brindarme su apoyo incondicional y no escatimaron segundos de radio, televisión y centímetros de diario para que no falte publicidad del evento en los tres medios. Gracias a esa intensa promoción pudo concretarse cabo tamaño intento. En ese invalorable acuerdo de palabra, no me pusieron condiciones en cuanto a lo económico y acordamos en hablar de porcentajes en caso que los bailes funcionen.
A ese bailable lo bauticé "CRIPY", en homenaje a una exitosa revista norteamericana de comics del género de terror del mismo nombre y cuyo director propietario era James Warren. Hecho el lanzamiento publicitario integral, en la noche inaugural entraron más de 1800 personas, cifra que superaba todo lo previsto.
Con una parte de lo recaudado en esa apertura, pudimos comprar todo el sistema de audio y luces. El slógan de "Cripy", fué "Chicas Nó Pagan". La decisión de no cobrarle entrada a las mujeres, nos aseguró una asistencia casi perfecta de 500 chicas en cada uno de los bailes sabatinos que hicimos durante poco más de 3 años consecutivos. "Cripy", tenía algunas particularidades dignas de destacar. En principio no había expendio de alcohol, solo bebidas gaseosas. En todo ese tiempo, nunca tuvimos disturbios ni problemas entre el público, habíamos generado una energía muy especial y esto era gracias a la ausencia de la agresividad que despierta y potencia el alcohol.
El ritmo bailable era sostenido, jamás decaía porque "Cripy" tenía tres disc jockeys fijos que iban presentando su música con estilo propio cada 30 minutos. Con este método no "quemaban" temas, competían entre ellos y mantenían la pista siempre "caliente".
También programábamos fiestas temáticas con premios, elecciones de reinas y todo lo que generara atracción constante a ese super bailable, siempre con alegría sana, sin necesidad de estimulantes. Solo dos policías de civil, eran únicos responsables de la seguridad (Sarden y Leiva), que supieron manejar el ambiente con profesionalismo y sicología sin llegar a extremos indeseados.
También se instalaron rampas para los chicos lisiados que venían a bailar en sus sillas de ruedas y paralelamente se creó un espacio para que se integren a la pista los no videntes.
Otra de las premisas era que ningún chico sin dinero para la entrada quedara afuera e infaltablemente, al sábado siguiente, esos muchachos que ingresaban sin problemas buscaban espontáneamente a los encargados de la boletería y pagaban sus entradas adeudadas.
Durante la Guerra de Malvinas, hubo un hecho digno de aquél público maravilloso. Recuerdo que subí al escenario y pedí colaboración para ayudar a un chico, que era un asiduo concurrente del bailable y que había tenido un accidente en una de sus piernas. Lamentablemente había perdido ese miembro y no contaba con los recursos necesarios para acceder a una prótesis.
Todos contribuímos y el 80% de los concurrentes, esa madrugada tuvo que regresar hasta su casa caminando porque habían dejado hasta las monedas del colectivo para ayudar al amigo que gracias a "los Cripylines" pudo obtener su pierna ortopédica.
La puesta en marcha de "Cripy" , hizo posible que pagara en poco tiempo, las deudas que me habían quedado de la época de la agencia. También contaba con efectivo suficiente durante la semana como para vivir tranquilo y terminar con la terrible pesadilla de los bancos.
Jamás volví a usar una chequera. Me sentía libre y dedicaba 5 días a la semana a dibujar y escribir guiones para la editorial Española que publicaba mis comics y en ese momento ya me había asignado 6 páginas fijas en cada edición mensual de la importante revista Catalana, También comencé a hacer radio nuevamente.
Los "MH Positivos", al igual que el resto de las empresas grabadoras, estaban siendo afectados por la crisis económica que venía anticipando el fin del gobierno militar. Mucha gente perceptiva comenzó a comprar dólares y al ministro de economía de esa época, se le ocurrió frenar aquella avalancha utilizando un slógan desesperado que decía; "El que apuesta al dólar pierde". La historia de las catástrofes financieras de Argentina, indica claramente que siempre hay que hacer todo lo contrario a lo que sugiera el gobierno de turno. Como era de esperar, en un breve tiempo el dólar "estalló" y trepó velozmente. Mis billetes Norteamericanos seguían haciendo de "soporte" en mi amplio tablero de dibujo. Como expliqué antes, estaban desparramados debajo del cartón que había montado sobre la madera. Una tarde, se me cae el frasco de tinta china sobre ese viejo cartón y cuando saco las "chinches" para cambiarlo por otro nuevo, el cartón fué expulsado hacia arriba a causa de la presión que provocaban los muchos dólares que durante casi 3 años había "apretujado" allí.
Eran todos billetes de 100 y sinceramente no tenía la menor idea de la cantidad que sin querer, había acumulado en ese insólito lugar.
Ese pequeño gran "tesoro" fué un regalo del cielo, que me ayudó muchísimo a mejorar notoriamente mi situación económica.
"Cripy" seguiría funcionando sin altibajos, se venía la inesperada Guerra de Malvinas y con ella las graves consecuencias que provoca cualquier conflicto bélico, donde la única que siempre sale victoriosa es la muerte.
viernes, 15 de febrero de 2008
jueves, 14 de febrero de 2008
En memoria de Iván Navarrete.
Antes de continuar con mi nueva etapa titulada "Empezando de Nuevo", quiero dedicar una parte de este blogspot a Iván Navarrete , un muchacho chileno que Dios y el destino pusieron una mañana en "la puerta de nuestra casa". A partir del gobierno militar del 76, los Argentinos recibíamos una información muy exitista y controlada sobre los acontecimientos relacionados con la llamada guerra contra la subversión. Personalmente creo que la guerrilla nunca contó con el apoyo de la ciudadanía. Anteriormente, todos estábamos esperando que Isabel Perón, López Rega y toda su banda de impresentables fueran retirados definitivamente de la escena nacional. Decididamente había que poner órden a un gran caos y esa acción de golpe estado, no solo puso fin al descontrol imperante, sino que también surgió como algo esperanzador. Lo que vino después, es también gran culpa de los civiles obsecuentes que se acercaban a los militares para asesorarlos o de alguna manera sacar un rédito propio y aprovecharse del "río revuelto". Si bien jamás me gustaron los comunistas y mi pensamiento siempre fué opuesto, un buen día suena el timbre de nuestra casa y me encuentro con dos chicos jóvenes. Me preguntan si necesitaba hacer algún tipo de trabajo de albañilería, porque se dedicaban a esos menesteres. Casualmente habían llegado en el momento indicado, ya que desde hacía tiempo, queríamos cambiar los viejos pisos de mosaico de nuestra casa por cerámicos. Los hicimos pasar y les comentamos lo que necesitábamos hacer. Quedaron en traernos un presupuesto de mano de obra por el contrapiso y la colocación de los pisos nuevos. Al día siguiente, los dos chicos volvieron con el presupuesto prometido. Nos pusimos de acuerdo y les pedimos que se pongan a trabajar de inmediato. A las pocas horas de iniciada la tarea de preparar la carpeta, me dí cuenta que uno de ellos no tenía la mínima idea de lo que estaba haciendo y el otro, hacía lo posible para demostrar que tenía cierta experiencia. Este último era un muchacho extremadamente delgado, muy callado, morocho y utilizaba unos gruesos anteojos de aumento. Los supuestos "trabajadores" tampoco contaban con los elementos esenciales de albañilería. No tenían un mísero nivel, mezcladora o una pala en buen estado. Fué entonces que les pedí que me muestren sus manos. Ambos exhiben sus manos con bastante verguenza y al instante les digo; ¿Porqué me mintieron?, ustedes jamás agarraron una pala. ¡Lo que están haciendo no es un contrapiso, es la Cordillera de los Andes! ¿Y por esta basura me querían cobrar? Los dos muchachos no sabían donde meterse, fué entonces que uno de ellos me reconoció que su amigo, el de los anteojos y que era quien alguna vez había trabajado en albañilería, estaba en serias dificultades y quería ayudarlo consiguiendo algo de dinero. Me pidieron disculpas muy respetuosamente y ya se disponían a retirarse, cuando un poco más tranquilo, le dije al "chico de los anteojos", que le daría la oportunidad de hacer la carpeta y que si no lo lograba en un par de días, llamaría a un profesional.
El chico de los anteojos se llamaba Iván. Iván Navarrete y era un estudiante chileno de 20 años de edad. Su padre trabajaba como director de un periódico en Puerto Montt e Iván había escapado de su país, porque a causa de su militancia en el partido comunista era buscado por el ejército de Pinochet.
Cuando Iván trabajaba tratando de hacer la base sobre la cual irían los cerámicos, no podía dismular su desconfianza y el miedo que parecía dominarlo permanentemente. Entre mate y mate con medialunas me iba contando sobre sus ideas políticas, la persecución de los estudiantes en su país y el sentirse acorralado en Argentina, donde había llegado con la esperanza de encontrar refugio. Iván era un muchacho de gran cultura. Con él podía tocarse cualquier tema y para todo tenía una inteligente respuesta.
Su amigo se "esfumó" y lo dejó solo en casa. La situación de Iván, además de comprometida, también era desesperante porque si salía a la calle, inevitablemente sería atrapado.
Decidí que se quede en casa hasta que las cosas aclaren, pero en verdad, era un chico tan simpático y respetuoso que temí por su vida y no pensé en las consecuencias graves que esta decisión de "asilarlo" podrían provocarle a mi familia.
Iván no era un terrorista, simplemente pensaba distinto, era uno de los tantos idealistas de aquella época y este era su único "delito". Los cerámicos que puso en el living y la cocina de nuestra casa estuvieron instalados hasta el 2005. Los había colocado pésimamente y recuerdo que además de hermosos, eran muy caros y hasta que logró acomodarlos, tuve que comprar varias cajas de más. Iván era un huesped que en poco tiempo se convirtió en un integrante más de nuestra pequeña familia. Jamás se animó a asomarse a la puerta de calle y aunque jamás le hicimos faltar nada, en más de una oportunidad sus ojos se llenaban de lágrimas cuando recordaba a sus padres y hermanos mirando las fotografías que guardaba en su billetera.
En una ocasión decidió probar de salir por la frontera con Brasil. Le pedí que no lo hiciera, pero lo intentó y falló. Al poco tiempo, con signos de fatiga y hambre apareció nuevamente en casa.
Para que no piense y se deprima, le hice levantar una pared en el patio. Cuando llegaba a una altura de tres metros se la hacía demoler y volver a empezar. En total debe haber estado unos ocho meses con nosotros, hasta que en vísperas de una navidad me comenta que había encontrado un paso medianamente seguro cerca de Bariloche por el que intentaría pasar a Chile. No pude hacerlo entrar en razones, estaba empecinado en pasar Navidad con su familia. Era casi la medianoche y llovía desde la mañana. Le regalé una campera impermeable con abrigo y le pedí que si lograba su objetivo me lo hiciera saber de cualquier forma. El abrazo de Iván fué interminable. Lo ví irse bajo la lluvia llevando un bolso con sus pertenencias. Al llegar a la esquina me saludó por última vez agitando su mano derecha. Y minutos antes de su partida, ni él ni yó pudimos evitar las lágrimas. Hasta hoy, nunca supe nada de Iván Navarrete. Al tiempo de partir, su madre se comunicó en dos oportunidades con nosotros preguntando por él, una clara señal que indicaba que no había conseguido pasar la frontera. Jamás lo volvimos a ver.
Una de mis asignaturas pendientes es viajar alguna vez a Chile y encontrar a la familia de Iván, entregarles las fotos que conservo de su tiempo en casa y si llegara a tener una tumba, visitarla. No me arrepiento de haber protegido a Iván. Lo volvería a hacer, no soy un héroe y aunque pensáramos distinto, compartí mi miedo con él y en ese momento simplemente hice lo que me decían el corazón y mi conciencia.
El chico de los anteojos se llamaba Iván. Iván Navarrete y era un estudiante chileno de 20 años de edad. Su padre trabajaba como director de un periódico en Puerto Montt e Iván había escapado de su país, porque a causa de su militancia en el partido comunista era buscado por el ejército de Pinochet.
Cuando Iván trabajaba tratando de hacer la base sobre la cual irían los cerámicos, no podía dismular su desconfianza y el miedo que parecía dominarlo permanentemente. Entre mate y mate con medialunas me iba contando sobre sus ideas políticas, la persecución de los estudiantes en su país y el sentirse acorralado en Argentina, donde había llegado con la esperanza de encontrar refugio. Iván era un muchacho de gran cultura. Con él podía tocarse cualquier tema y para todo tenía una inteligente respuesta.
Su amigo se "esfumó" y lo dejó solo en casa. La situación de Iván, además de comprometida, también era desesperante porque si salía a la calle, inevitablemente sería atrapado.
Decidí que se quede en casa hasta que las cosas aclaren, pero en verdad, era un chico tan simpático y respetuoso que temí por su vida y no pensé en las consecuencias graves que esta decisión de "asilarlo" podrían provocarle a mi familia.
Iván no era un terrorista, simplemente pensaba distinto, era uno de los tantos idealistas de aquella época y este era su único "delito". Los cerámicos que puso en el living y la cocina de nuestra casa estuvieron instalados hasta el 2005. Los había colocado pésimamente y recuerdo que además de hermosos, eran muy caros y hasta que logró acomodarlos, tuve que comprar varias cajas de más. Iván era un huesped que en poco tiempo se convirtió en un integrante más de nuestra pequeña familia. Jamás se animó a asomarse a la puerta de calle y aunque jamás le hicimos faltar nada, en más de una oportunidad sus ojos se llenaban de lágrimas cuando recordaba a sus padres y hermanos mirando las fotografías que guardaba en su billetera.
En una ocasión decidió probar de salir por la frontera con Brasil. Le pedí que no lo hiciera, pero lo intentó y falló. Al poco tiempo, con signos de fatiga y hambre apareció nuevamente en casa.
Para que no piense y se deprima, le hice levantar una pared en el patio. Cuando llegaba a una altura de tres metros se la hacía demoler y volver a empezar. En total debe haber estado unos ocho meses con nosotros, hasta que en vísperas de una navidad me comenta que había encontrado un paso medianamente seguro cerca de Bariloche por el que intentaría pasar a Chile. No pude hacerlo entrar en razones, estaba empecinado en pasar Navidad con su familia. Era casi la medianoche y llovía desde la mañana. Le regalé una campera impermeable con abrigo y le pedí que si lograba su objetivo me lo hiciera saber de cualquier forma. El abrazo de Iván fué interminable. Lo ví irse bajo la lluvia llevando un bolso con sus pertenencias. Al llegar a la esquina me saludó por última vez agitando su mano derecha. Y minutos antes de su partida, ni él ni yó pudimos evitar las lágrimas. Hasta hoy, nunca supe nada de Iván Navarrete. Al tiempo de partir, su madre se comunicó en dos oportunidades con nosotros preguntando por él, una clara señal que indicaba que no había conseguido pasar la frontera. Jamás lo volvimos a ver.
Una de mis asignaturas pendientes es viajar alguna vez a Chile y encontrar a la familia de Iván, entregarles las fotos que conservo de su tiempo en casa y si llegara a tener una tumba, visitarla. No me arrepiento de haber protegido a Iván. Lo volvería a hacer, no soy un héroe y aunque pensáramos distinto, compartí mi miedo con él y en ese momento simplemente hice lo que me decían el corazón y mi conciencia.
viernes, 8 de febrero de 2008
Empezando de Nuevo
Me sentía culpable de lo que le había sucedido a Elvira. Ella había agotado todas sus fuerzas en un sobrehumano esfuerzo por mantener a flote la agencia y las cosas no habían salido bien. El tiempo que yo había permanecido en Capital tratando de posicionar "TV Play", fué un detonante. Había quedado sola, asumiendo la responsabilidad de estar al frente de un barco demasiado pesado que intentaba navegar en las turbulentas aguas de un país incierto cuyo gobierno de facto comenzaba a desgastarse. En solo siete años, nuestra agencia publicitaria nos había proporcionado buenas satisfacciones económicas. Teníamos totalmente paga nuestra casa propia, y aunque no éramos ricos, pudimos vivir sin privaciones. Tenía 27 años, cuando Elvira apareció con una hermosa coupé Torino de color rojo a la que bautizamos "La tanqueta" por su sólida mecánica y aspecto fuerte. Un vehículo importante de los años setenta al que sentíamos como a un querido familiar directo. Además de viajar por distintas ciudades argentinas, nos dimos el gusto de armar una abundante biblioteca, compartir buenos momentos con nuestras familias, ayudar a los amigos de "fierro" y darle a nuestra hija Virginia todo lo que le hiciera falta para que crezca sin privaciones. Muchas veces, yo mismo me había preguntado; ¿Que pasaría con nuestras vidas si alguna vez tuviéramos que cerrar la agencia? Los acontecimientos imprevistos y acelerados eran similares al efecto causado por una tormenta de las peores. Debía tomar decisiones rápidas. Lo primero que hice fué reunirme con mis colaboradores incondicionales, los que habían permanecido junto a nosotros hasta último momento y analizar cómo se encontraba nuestra situación financiera. Anímicamente yo no estaba en condiciones de continuar con Palacios Publicidad. En esa década oscura, a la vapuleada Argentina, le habían sucedido demasiadas cosas graves y quien asegure no haberse enterado de lo que estaba pasando seguramente miró "hacia otro lado" o miente.
Yo elegí priorizar la salud de Elvira. y en pocos meses cerramos definitivamente aquella "Casa de las Ideas", que tanto esfuerzo nos había costado.Confieso que esa decisión no me dolío para nada ni me arrepentí de haberla tomado. Contrariamente, sentí un gran alivio al sacarme semejante peso de encima. En ese momento yo tenía 35 años y estaba dispuesto a empezar de nuevo.
Yo elegí priorizar la salud de Elvira. y en pocos meses cerramos definitivamente aquella "Casa de las Ideas", que tanto esfuerzo nos había costado.Confieso que esa decisión no me dolío para nada ni me arrepentí de haberla tomado. Contrariamente, sentí un gran alivio al sacarme semejante peso de encima. En ese momento yo tenía 35 años y estaba dispuesto a empezar de nuevo.
jueves, 7 de febrero de 2008
La Decisión.
A finales de los años ochenta, el país empezaba a hacer "agua" y este receso se hacía sentir bastante en el alicaído ámbito publicitario. El incremento de los costos de impresión nos obligaron a dejar de editar la revista "Bahiana", hecho que lamentamos muchísimo, porque esta publicación era uno de nuestros mayores logros. En tanto, además de los "MH Positivos", el hecho que más satisfacciones espirituales me estaba brindando en esa época, era seguir publicando con continuidad mis comics en España. Tanto era el bienestar anímico que me producía dibujar "Sañas Bélicas", que adelantaba páginas y enviaba los trabajos con anticipación mediante el correo convencional. Xavier Etcharri, el propietario de la editorial, me hacía llegar puntualmente los cheques de pago en dólares, pero por aquellos años en argentina, un papel de dólar era lo mismo o quizás menos que un trozo de papel higiénico. En televisión aparecían publicidades mostrando la imágen de un hombre encendiendo despectívamente un cigarrillo utilizando un billete de dólar y tiempo después un ministro de economía, lanzaría el tristemente recordado slógan que decía ; "El que apuesta al dólar, pierde". Xabier me pagaba 100 dólares por página y como aquí esa moneda era inservible, yo utilizaba esos billetes como soportes del cartón grueso que cubría mi mesa de dibujo. El cartón era grande y estaba montado a la madera con las denominadas "chinches". A ese espacio iban a parar los billetes norteamericanos que hacían un efecto de "colchón" blando y flexible para apoyar los codos con comodidad a la hora de dibujar los comics. Publicar en Barcelona y ser reconocido en España había potenciado mi autoestima. Por fin se cumplía mi viejo sueño de convertirme en historietista profesional. Esta posibilidad que me ofrecía el primer mundo renovaba mi energía y comenzaba a pensar seriamente en pagar las deudas y cerrar la agencia de publicidad antes que sea demasiado tarde. En una reunión relacionada con nuestro estado financiero, Carlos Méndez nuestro contador "full time", nos hizo saber que el dinero incobrable que teníamos en la calle, superaba con creces nuestros avales ante los medios. Tampoco era un consuelo saber que las agencias colegas estaban pasando por la misma situación.
Una noche, comienzo a diseñar un entretenimiento interactivo muy novedoso para televisión al que llamé "TV Play". Lo registré de inmediato con la seguridad de haber creado algo inédito y que podría interesar a cualquier canal de aire importante de Capital Federal. Gracias a una gestión de Alberto Fort, quién había renunciado a la subgerencia de LU2 para ocupar la dirección de una importante cadena nacional de emisoras, obtuve una entrevista inmediata con el interventor de Canal 13.
Tanto al interventor como a la gerencia artística de ese medio, les interesó "TV Play" y quedamos en reunirnos nuevamente para tratar necesidades y costos de producción.
Yo estaba convencido que si alguna vez, los "MH Positivos", me habían abierto las puertas de las principales radios del país, ahora podría suceder lo mismo con este producto de características poco comunes y que hasta la actualidad no me ocupé de dar a conocer.
En Canal 13 me habían pedido que en la próxima reunión les acerque un plan detallado con la implementación de "TV Play", que incluya también mis honorarios. Esa ansiada reunión se iba postergando por distintas razones y obligadamente debía permanecer más tiempo del previsto en Buenos Aires.
Elvira, había quedado al frente de la agencia, tratando por todos los medios de cobrarle a los muchos anunciantes morosos y sostener la moral de nuestros colaboradores. En las conversaciones telefónicas que manteníamos a diario, ella siempre me decía que tenía todo controlado, que las cosas iban bien y que no me preocupe.
En ningún momento percibí nada extraño, hasta que una noche, Elvira tomó un vuelo hacia Capital y apareció sorpresivamente en el hotel donde me alojaba.
Estaba muy pálida, extremadamente delgada y con preocupante aspecto de estar muy agotada y débil. Hacía poco menos de 30 días que yo estaba en Capital. En ese período, Elvira, había caído en una crisis muy seria que hoy se llamaría depresión o estrés. A partir de ese momento, los acontecimientos me obligarían a tomar una decisión que le daría un vuelco a mi vida.
Una noche, comienzo a diseñar un entretenimiento interactivo muy novedoso para televisión al que llamé "TV Play". Lo registré de inmediato con la seguridad de haber creado algo inédito y que podría interesar a cualquier canal de aire importante de Capital Federal. Gracias a una gestión de Alberto Fort, quién había renunciado a la subgerencia de LU2 para ocupar la dirección de una importante cadena nacional de emisoras, obtuve una entrevista inmediata con el interventor de Canal 13.
Tanto al interventor como a la gerencia artística de ese medio, les interesó "TV Play" y quedamos en reunirnos nuevamente para tratar necesidades y costos de producción.
Yo estaba convencido que si alguna vez, los "MH Positivos", me habían abierto las puertas de las principales radios del país, ahora podría suceder lo mismo con este producto de características poco comunes y que hasta la actualidad no me ocupé de dar a conocer.
En Canal 13 me habían pedido que en la próxima reunión les acerque un plan detallado con la implementación de "TV Play", que incluya también mis honorarios. Esa ansiada reunión se iba postergando por distintas razones y obligadamente debía permanecer más tiempo del previsto en Buenos Aires.
Elvira, había quedado al frente de la agencia, tratando por todos los medios de cobrarle a los muchos anunciantes morosos y sostener la moral de nuestros colaboradores. En las conversaciones telefónicas que manteníamos a diario, ella siempre me decía que tenía todo controlado, que las cosas iban bien y que no me preocupe.
En ningún momento percibí nada extraño, hasta que una noche, Elvira tomó un vuelo hacia Capital y apareció sorpresivamente en el hotel donde me alojaba.
Estaba muy pálida, extremadamente delgada y con preocupante aspecto de estar muy agotada y débil. Hacía poco menos de 30 días que yo estaba en Capital. En ese período, Elvira, había caído en una crisis muy seria que hoy se llamaría depresión o estrés. A partir de ese momento, los acontecimientos me obligarían a tomar una decisión que le daría un vuelco a mi vida.
miércoles, 6 de febrero de 2008
"El Hombre Invisible"
La mayoría de nuestros anunciantes nos daba libertad creativa. Sabían que si trabajábamos sin presión, podíamos lograr campañas mucho más contundentes y exitosas. "Brancaleone", se llamaba un boliche bailable que marcó una importante trayectoria en Bahía Blanca. Estaba ubicado en calle Alsina casi Dorrego y el edificio había sido transformado en un "castillo medieval" muy atractivo y bien logrado gracias a un constructor con mucha experiencia en ese tipo de diseños. En su acceso contaba con puente levadizo, foso de agua, puerta de rejas, una réplica de caballero con armadura, paredes simulando piedras y capacidad para unas 800 personas. Ernesto Figueroa, era uno de sus dueños, y quien se encargaba de la publicidad y la puesta en marcha de espectáculos. Ese tipo de eventos solían ser temáticos y cada uno de ellos tenía una gran respuesta de público. Con Figueroa me une hasta hoy una excelente amistad, que años después se mantendría cuando ambos nos reencontramos en Mar del Plata, ciudad en la que viví muchos años. Las fiestas temáticas habían sido tantas que en un momento, se nos habían agotando los temas. Medio en broma y medio en serio le dije; ¿Que te parece si traemos al "hombre invisible"?. Figueroa parecía no entender nada de lo que le estaba diciendo. Me mira extrañado y me pregunta; ¿Cómo al hombre invisible? No van a ver a nadie, es una locura. Dejáme hacer, le respondí. Inmediatamente me puse a diseñar un lanzamiento publicitario anunciando el arribo a la ciudad de este fenómeno. En el diario, publicamos un aviso destacado que decía; "Por primera vez en Bahía Blanca, el auténtico Hombre Invisible, viernes, única presentación" Este título iba acompañado por una foto de un personaje vendado como si fuera una momia.
La misma gráfica se emitió en los dos canales de televisión abierta con una frecuencia importante. Hecho el lanzamiento publicitario, tanto Figueroa como yó nos olvidamos del tema. Cada uno de nosotros siguió con sus respectivas rutinas de trabajo y realmente nos olvidamos de "El hombre invisible". Los días fueron pasando y llegó por fin el viernes donde debía presentarse el insólito espectáculo.
Había comenzado a llover desde la mañana. A las 21 horas, nos reunimos con Figueroa en un café que estaba enfrente de "Brancaleone" y nos pusimos a charlar de temas diversos. En un momento dado yo miro hacia enfrente y veo una larga cola de jóvenes que estaban esperando bajo una tenue llovizna el momento de ingresar al boliche.
Huy, exclama Figueroa, mirá la gente que hay. ¿Y ahora que hacemos?.
No te preocupes "Figue", algo se me vá a ocurrir. A la medianoche el local estaba repleto. Habían pagado la entrada más de 700 personas. Me puse de acuerdo con el disc jockey y le indiqué; Cuando yo salga al escenario y anuncie al "invisible", vos poné el micrófono a 10 centímetros de tus dedos y hacéme un efecto similar al de pasos humanos, algo que retumbe en el ambiente. ¿Okey?.
El chico me entendió perfectamente. De inmediato, le dije que apague todas las luces del "castillo" y subí al escenario. Solo estaba encendido un spot que me iluminaba a mí. Se produjo un silencio absoluto y empecé a hablar diciendo algo más o menos así; "Gracias por estar aquí esta noche, porque hoy...Vamos a asistir a un espectáculo único. En un par de minutos en este mismo escenario, voy a presentarles al profesor Erick Von Brauman, un científico que haciendo un experimento en un laboratorio de los Estados Unidos, tuvo un grave accidente del cual resultó ileso, pero a partir de ese momento y por efectos de la explosión, quedó invisible ante los ojos humanos y ya nada sería igual en la vida de este genio de la química. Su familia no lo quiso recibir, el seguro no le pagó un mísero centavo y sus amigos lo ignoraron por completo. Solo, deprimido, desempleado y sin recursos, decidió hacer algo para poder comer y sobrevivir. Por esta razón, ahora, el verdadero, el legítimo "Hombre invisible", estará aquí para ofrecernos su show. Recibimos con un fuerte aplauso a Erick Von Brauman.
Todos comenzaron a aplaudir. Les pedí que abran paso para que "El hombre invisible" pueda llegar hasta el escenario. Así lo hicieron. Siguiendo mis instrucciones, el disc jockey hizo "tamborillear" dos dedos de su mano derecha sobre la mesa de sonido y cerca del micrófono. El efecto inicial de audio había resultado. Seguidamente invité a las chicas presentes a subir al escenario para que bailen con el "Hombre invisible". Increíble y espontáneamente se produjo un generalizado clima de alegría. Las chicas pugnaban por bailar con "la nada". Esa audaz fiesta temática, totalmente improvisada, había resultado un éxito rotundo. Al punto que al día siguiente, un sábado, "El hombre invisible", volvió a presentarse en "Brancaleone" a pedido del público y con un lleno total.
La misma gráfica se emitió en los dos canales de televisión abierta con una frecuencia importante. Hecho el lanzamiento publicitario, tanto Figueroa como yó nos olvidamos del tema. Cada uno de nosotros siguió con sus respectivas rutinas de trabajo y realmente nos olvidamos de "El hombre invisible". Los días fueron pasando y llegó por fin el viernes donde debía presentarse el insólito espectáculo.
Había comenzado a llover desde la mañana. A las 21 horas, nos reunimos con Figueroa en un café que estaba enfrente de "Brancaleone" y nos pusimos a charlar de temas diversos. En un momento dado yo miro hacia enfrente y veo una larga cola de jóvenes que estaban esperando bajo una tenue llovizna el momento de ingresar al boliche.
Huy, exclama Figueroa, mirá la gente que hay. ¿Y ahora que hacemos?.
No te preocupes "Figue", algo se me vá a ocurrir. A la medianoche el local estaba repleto. Habían pagado la entrada más de 700 personas. Me puse de acuerdo con el disc jockey y le indiqué; Cuando yo salga al escenario y anuncie al "invisible", vos poné el micrófono a 10 centímetros de tus dedos y hacéme un efecto similar al de pasos humanos, algo que retumbe en el ambiente. ¿Okey?.
El chico me entendió perfectamente. De inmediato, le dije que apague todas las luces del "castillo" y subí al escenario. Solo estaba encendido un spot que me iluminaba a mí. Se produjo un silencio absoluto y empecé a hablar diciendo algo más o menos así; "Gracias por estar aquí esta noche, porque hoy...Vamos a asistir a un espectáculo único. En un par de minutos en este mismo escenario, voy a presentarles al profesor Erick Von Brauman, un científico que haciendo un experimento en un laboratorio de los Estados Unidos, tuvo un grave accidente del cual resultó ileso, pero a partir de ese momento y por efectos de la explosión, quedó invisible ante los ojos humanos y ya nada sería igual en la vida de este genio de la química. Su familia no lo quiso recibir, el seguro no le pagó un mísero centavo y sus amigos lo ignoraron por completo. Solo, deprimido, desempleado y sin recursos, decidió hacer algo para poder comer y sobrevivir. Por esta razón, ahora, el verdadero, el legítimo "Hombre invisible", estará aquí para ofrecernos su show. Recibimos con un fuerte aplauso a Erick Von Brauman.
Todos comenzaron a aplaudir. Les pedí que abran paso para que "El hombre invisible" pueda llegar hasta el escenario. Así lo hicieron. Siguiendo mis instrucciones, el disc jockey hizo "tamborillear" dos dedos de su mano derecha sobre la mesa de sonido y cerca del micrófono. El efecto inicial de audio había resultado. Seguidamente invité a las chicas presentes a subir al escenario para que bailen con el "Hombre invisible". Increíble y espontáneamente se produjo un generalizado clima de alegría. Las chicas pugnaban por bailar con "la nada". Esa audaz fiesta temática, totalmente improvisada, había resultado un éxito rotundo. Al punto que al día siguiente, un sábado, "El hombre invisible", volvió a presentarse en "Brancaleone" a pedido del público y con un lleno total.
martes, 5 de febrero de 2008
Publicando mis propios Comics en Barcelona.
"Pierino", ya se estaba ubicando en Barcelona y se comunicaba bastante seguido con nosotros a través de extensas llamadas telefónicas que realizaba desde teléfonos públicos. Para entonces, muchos jóvenes Argentinos, habían recalado en la "Madre Patria". La mayoría de ellos en carácter de exiliados que huían por distintas razones del gobierno de facto, y otros buscando mejores oportunidades o aires renovadores y menos opresores. España estaba renaciendo con su jóven democracia, después de padecer la dictadura del General Franco y esta circunstancia de liberación hacía que los Españoles, acostumbrados a los padecimientos de su larga y sangrienta "Guerra Civil", la represión interminable, la censura y los años oscuros de la era "Franquista", no vacilaran en recibir solidariamente y brindar ayuda incondicional a los miles de Argentinos que iban llegando a la península. "Pierino" siempre se había calificado a sí mismo como un "Comunista con chequera y tarjeta de crédito", pero su simpatía y disparatada forma de ser le permitieron insertarse en poco tiempo y con facilidad entre los españoles. En sus comunicaciones telefónicas y cartas, nos contaba sobre la libertad que reinaba en la tierra que lo había adoptado.
También nos hacía llegar revistas de todo tipo. Algunas mostraban fotos de chicas ligeras de ropa o sin ella y también comics audaces con lenguaje adulto, "puteadas", etc, algo que aquí jamás habíamos visto.
La editorial española "Amaika", que editaba la exitosa revista "El Papus", un comic muy divertido y transgresor, además de incluirlo en su staff de humoristas y pagarle muy buenas pesetas por sus trabajos, también lo había convertido en un dibujante estrella.
En tanto, aquí en la Argentina, nuestra agencia ya se había transformado en una financiera. Elvira y Carlos Méndez, seguían luchando a diario para cubrir descubiertos bancarios y llevando los documentos impagos y cheques sin fondos de los muchos clientes morosos a los abogados. La temida guerra con Chile felizmente fué abortada y si bien esto produjo un gran alivio, la economía impuesta por el "gurú" Martínez de Hoz, nos seguía acercando al abismo y mi mente no resistía tanta presión.
A "Pierino" se lo notaba feliz, distendido, disfrutando plenamente de un país lleno de entusiasmo y dibujando sin censura o "pacatos" condicionamientos.
En alguna de nuestras conversaciones me dijo; "Dejáte de joder, largá todo y venite a España, esto sí es el primer mundo, y vos estás en el culo del mundo".
Confieso que lo envidiaba. Entonces, me puse a dibujar un cómic de una página. Esta historieta se llamó "Sañas Bélicas" y era una sátira de la estupidez y crueldad de las guerras. Sin dudarlo, la envié a la editorial del "Papus", la revista donde estaba colaborando "Pierino".
Un mes y medio después, y con gran sorpresa, recibo un sobre de la editorial "Amaika" que contenía un ejemplar de "El Papus" con mi comic publicado, un cheque de 100 dólares y una carta firmada por Xabier Etcharri Moltó, el director propietario de la empresa, donde me decía que le había gustado el comic y que siguiera enviándole otros sobre el mismo tema.
Nunca dejaré de agradecer a Xabier, aquella oportunidad que me dió a 14 mil kilómetros de distancia y sin conocerme.
"Pierino" no podía creer que desde aquí, y sorpresivamente, yo estuviera compartiendo páginas con él en una de las revistas más vendidas de España.
Desde aquel feliz logro y durante más de 14 años, seguí dibujando "Sañas Bélicas" para las distintas publicaciones de "Amaika" y posteriormente "Irusa", ambas pertenecientes a Xabier Etcharri Moltó y su socio Carlos Navarro.
Por esas cosas de Dios y el destino, mis comics comenzaban a difundirse en España, algo que no era poca cosa y que además sirvió para refrigerar mi cabeza en uno de los momentos más calientes y depresivos de aquellos años setenta.
También nos hacía llegar revistas de todo tipo. Algunas mostraban fotos de chicas ligeras de ropa o sin ella y también comics audaces con lenguaje adulto, "puteadas", etc, algo que aquí jamás habíamos visto.
La editorial española "Amaika", que editaba la exitosa revista "El Papus", un comic muy divertido y transgresor, además de incluirlo en su staff de humoristas y pagarle muy buenas pesetas por sus trabajos, también lo había convertido en un dibujante estrella.
En tanto, aquí en la Argentina, nuestra agencia ya se había transformado en una financiera. Elvira y Carlos Méndez, seguían luchando a diario para cubrir descubiertos bancarios y llevando los documentos impagos y cheques sin fondos de los muchos clientes morosos a los abogados. La temida guerra con Chile felizmente fué abortada y si bien esto produjo un gran alivio, la economía impuesta por el "gurú" Martínez de Hoz, nos seguía acercando al abismo y mi mente no resistía tanta presión.
A "Pierino" se lo notaba feliz, distendido, disfrutando plenamente de un país lleno de entusiasmo y dibujando sin censura o "pacatos" condicionamientos.
En alguna de nuestras conversaciones me dijo; "Dejáte de joder, largá todo y venite a España, esto sí es el primer mundo, y vos estás en el culo del mundo".
Confieso que lo envidiaba. Entonces, me puse a dibujar un cómic de una página. Esta historieta se llamó "Sañas Bélicas" y era una sátira de la estupidez y crueldad de las guerras. Sin dudarlo, la envié a la editorial del "Papus", la revista donde estaba colaborando "Pierino".
Un mes y medio después, y con gran sorpresa, recibo un sobre de la editorial "Amaika" que contenía un ejemplar de "El Papus" con mi comic publicado, un cheque de 100 dólares y una carta firmada por Xabier Etcharri Moltó, el director propietario de la empresa, donde me decía que le había gustado el comic y que siguiera enviándole otros sobre el mismo tema.
Nunca dejaré de agradecer a Xabier, aquella oportunidad que me dió a 14 mil kilómetros de distancia y sin conocerme.
"Pierino" no podía creer que desde aquí, y sorpresivamente, yo estuviera compartiendo páginas con él en una de las revistas más vendidas de España.
Desde aquel feliz logro y durante más de 14 años, seguí dibujando "Sañas Bélicas" para las distintas publicaciones de "Amaika" y posteriormente "Irusa", ambas pertenecientes a Xabier Etcharri Moltó y su socio Carlos Navarro.
Por esas cosas de Dios y el destino, mis comics comenzaban a difundirse en España, algo que no era poca cosa y que además sirvió para refrigerar mi cabeza en uno de los momentos más calientes y depresivos de aquellos años setenta.
domingo, 3 de febrero de 2008
Mi amigo Luis Sandrini.
Siempre había admirado a ese grande del cine llamado Luis Sandrini. Con Lucy veíamos todas sus películas. Don Luis, era capaz de hacer llorar y reir al mismo tiempo. Ese actor que protagonizó más de 80 filmes, aparecería repentínamente en mi vida para convertirse en un querido amigo. Recuerdo que el señor Tiberio, representante de Luis Sandrini, su esposa Malvina Pastorino y la familia Carreras, se acercó una tarde a nuestra agencia para que promocionemos una obra de teatro que se presentaría en el Teatro Municipal, el principal coliseo de Bahía Blanca. Hicimos la campaña publicitaria y las funciones del viernes , sábado y domingo, fueron un lleno total. Días antes de la presentación de la compañía, le hice una nota radial en vivo a Luis, Malvina y Mercedes Carreras que estaba con su esposo Enrique, director de la obra. Al finalizar esa entrevista, Luis me dice; ¿Pipo,que tenés que hacer esta noche? Me quedé mirándolo y le respondí; Nada, ¿Porqué Don Luis?. Porque me gustaría que te vengas a cenar con nosotros al hotel Austral. Por supuesto que acepté sin dudar y esa noche, yo estaba compartiendo una mesa junto al gran maestro de la escena nacional. Recuerdo que habíamos quedado solos en el restaurante del hotel y Luis y yó no parábamos de reirnos. Ambos teníamos la sensación de habernos conocido anteriormente o en otras vidas, porque hacíamos un juego donde inventábamos situaciones insólitas que nos hacían reir a carcajadas y hasta llorar de risa.
Al despedirnos, Luis me dió un abrazo casi eterno y me dice; "Pibe, no te alejes de nosotros, sos un amigo y a partir de ahora, hombre de confianza".
Y así fué, porque me convertí en publicista y responsable de prensa de la compañía Sandrini-Carreras y manejé las promociones de la misma en todas las exitosas actuaciones que tuvieron en Bahía Blanca.
En verano, Luis, Malvina, los Carreras y el resto del elenco hacían temporada teatral en Necochea y hacia allá íbamos con Elvira y Virginia a pasar gratísimos momentos con esa gente que además de ser excelentes actores, eran seres humanos muy sencillos y por sobre todas las cosas, buena gente.
En el casino de Necochea, al terminar su función, Luis me pedía que lo acompañara a la sala de juegos, me cargaba los bolsillos con fichas y me decía; "Tirálas arriba de la mesa, así perdemos rápido y nos vamos a un reservado a tomar un whisky doble".
Luis tenía problemas de salud. No podía fumar ni tomar alcohol, pero en esas "escapadas", disfrutaba trasgrediendo las indicaciones médicas bebiendo moderademente y fumándose algunos cigarrillos.
Los 15 días veraniegos que pasábamos junto a Luis y Malvina, eran un verdadero recreo. Ambos nos cargábamos de energía haciendo el juego de las situaciones disparatadas o imaginando personajes de ficción. Fuera del escenario, Luis era una persona muy seria y responsable, acostumbrada a firmar autógrafos a todo aquel admirador que se le acercara. Cuando caminábamos por la calle o entrábamos a un restaurante, era frecuente que le digan; "No se muera nunca,Don Luis".
Un año y medio antes de su muerte, Luis me pidió que lo acompañe en una gira teatral que comenzaba en New York y seguía por toda Latinoamérica.
Su propuesta consistía en que además de ocuparme de la publicidad y prensa, también interpretara un papel simple como actor. De esa forma, cobraría dos sueldos en dólares con todos los gastos pagos.
Le confesé; "Mire Don Luis, le comento que yo probé alguna vez ser actor y soy un desastre, no memorizo las letras y en las partes dramáticas me río como un imbécil". Luis sonrió y tomándome de los hombros me dice; "Pipo, vos sos un cómico en potencia, si me hacés reir a mí cada vez que nos encontramos, ¿te imaginás cuando estémos juntos en un escenario?.
Conservo las cartas que me enviaba Luis, como uno de otro de mis grandes e irremplazables tesoros. Lamentablemente, no pude aceptar su ofrecimiento, porque nuestra agencia requería mi creatividad y presencia permanente y la gira duraría unos 6 meses.
Al tiempo, Luis, en una de nuestras extensas charlas telefónicas, me comenta que su salud le estaba jugándo una "mala pasada" y no le permitía hacer la gira . La obra programada se presentó en nuestro país y el rol que yo tenía asignado, lo interpretó Juan Alberto Mateyco.
Al despedirnos, Luis me dió un abrazo casi eterno y me dice; "Pibe, no te alejes de nosotros, sos un amigo y a partir de ahora, hombre de confianza".
Y así fué, porque me convertí en publicista y responsable de prensa de la compañía Sandrini-Carreras y manejé las promociones de la misma en todas las exitosas actuaciones que tuvieron en Bahía Blanca.
En verano, Luis, Malvina, los Carreras y el resto del elenco hacían temporada teatral en Necochea y hacia allá íbamos con Elvira y Virginia a pasar gratísimos momentos con esa gente que además de ser excelentes actores, eran seres humanos muy sencillos y por sobre todas las cosas, buena gente.
En el casino de Necochea, al terminar su función, Luis me pedía que lo acompañara a la sala de juegos, me cargaba los bolsillos con fichas y me decía; "Tirálas arriba de la mesa, así perdemos rápido y nos vamos a un reservado a tomar un whisky doble".
Luis tenía problemas de salud. No podía fumar ni tomar alcohol, pero en esas "escapadas", disfrutaba trasgrediendo las indicaciones médicas bebiendo moderademente y fumándose algunos cigarrillos.
Los 15 días veraniegos que pasábamos junto a Luis y Malvina, eran un verdadero recreo. Ambos nos cargábamos de energía haciendo el juego de las situaciones disparatadas o imaginando personajes de ficción. Fuera del escenario, Luis era una persona muy seria y responsable, acostumbrada a firmar autógrafos a todo aquel admirador que se le acercara. Cuando caminábamos por la calle o entrábamos a un restaurante, era frecuente que le digan; "No se muera nunca,Don Luis".
Un año y medio antes de su muerte, Luis me pidió que lo acompañe en una gira teatral que comenzaba en New York y seguía por toda Latinoamérica.
Su propuesta consistía en que además de ocuparme de la publicidad y prensa, también interpretara un papel simple como actor. De esa forma, cobraría dos sueldos en dólares con todos los gastos pagos.
Le confesé; "Mire Don Luis, le comento que yo probé alguna vez ser actor y soy un desastre, no memorizo las letras y en las partes dramáticas me río como un imbécil". Luis sonrió y tomándome de los hombros me dice; "Pipo, vos sos un cómico en potencia, si me hacés reir a mí cada vez que nos encontramos, ¿te imaginás cuando estémos juntos en un escenario?.
Conservo las cartas que me enviaba Luis, como uno de otro de mis grandes e irremplazables tesoros. Lamentablemente, no pude aceptar su ofrecimiento, porque nuestra agencia requería mi creatividad y presencia permanente y la gira duraría unos 6 meses.
Al tiempo, Luis, en una de nuestras extensas charlas telefónicas, me comenta que su salud le estaba jugándo una "mala pasada" y no le permitía hacer la gira . La obra programada se presentó en nuestro país y el rol que yo tenía asignado, lo interpretó Juan Alberto Mateyco.
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