jueves, 31 de enero de 2008

"El Club del Principito", un gran desafío radial.

En 1974 nuestra agencia, además de afianzarse, comenzaba a sumar nuevos anunciantes. "Pierino" estaba a punto de demostrar que además de ser un dibujante humorístico excepcional, también probaría sus condiciones como actor. Uno de mis sueños era poner en el aire de LU2 Radio Bahía Blanca, un programa infantil. Como siempre, Alberto Fort, el gerente de la emisora me escuchó atentamente y al finalizar mi alocución que pretendía ser convincente, me dice; ¿Le parece que va a funcionar un programa diario para chicos en una radio?. Sí, estoy totalmente seguro, le respondo. Déjemelo pensar, mañana le contesto dice Fort. Las series de dibujos animados estában en su pleno apogeo. Todas las tardes después de las 17 horas, la teleplatea infantil se "plantaba" frente al televisor y no se perdía las series de aquella época.
Fort me dió "luz verde" y no podía fallarle. El programa radial tendría una duración de media hora e iría de lunes a viernes a las 17,30 horas.
En esa época no se utilizaba el termino interacción y ese "ida y vuelta" con los chicos era lo que yo necesitaba para que "El Club del Principito" se convirtiera en un éxito comercial y de audiencia.
María Palma Nazzaro, una muy buena locutora de LU2, sería la conductora. Nestor Matoso, locutor y publicista renombrado, oficiaría de relator de la miniserie de 5 minutos de duración que se emitiría dentro del programa. Una fábrica de alfajores y bombones de Bahía, llamada Savoy, fué el primer auspiciante. Con esta empresa nacen "Las Aventuras del Super Savoy". Yo estaba a cargo de los libretos que se grababan en un día determinado de la semana en los estudios de LU2.
"Pierino" siempre hacía roles de villano muy creíbles y divertidos. También habíamos incorporado otros actores al elenco de la miniserie que a las dos semanas de salir al aire, ya era un verdadero suceso. María Palma era la encargada de comunicarse a través del correo postal con los niños que se asociaban al "Club del Principito"y recibían en su domicilio un carnet que los acreditaba como amigos del programa.
María también se ocupaba de responder las miles de cartas que enviaban los pequeños oyentes de Bahía Blanca y las distintas localidades de la zona, llegando a asociar a más de 7000 chicos. Al "Super Savoy", le sucedió el "Valiente y Justo Capitán Musto",una empresa que fabricaba y vendía zapatillas en todo el país a través de sus propios locales. Uno de los hechos sobresalientes de esta última serie, era la participación de Eduardo Fernández, quien además de ser un gran amigo mío, y apoderado general de la firma Musto, también interpretaba con un seudónimo artístico, el papel protagónico del superhéroe de la "Zapatilla Voladora".
Los hermanos Gilbert y Rubén Darío Azpeitía junto a Roberto Giangreco, eran los responsables de la grabación de la miniserie, logrando una edición y efectos especiales con calidad única.
La revista "Billiken", publicaba quincenalmente los avisos gráficos que promocionaban este envío que se mantuvo durante 5 años en el aire de la radio.
Con "El Club del Principito" y la magia innegable que genera el audio en la imaginación infantil, le habíamos ganado una pulseada a la televisión, algo no muy sencillo por aquel entonces.
Felizmente pude guardar varias cintas conteniendo las grabaciones de las miniseries. Y estoy plenamente seguro que si hoy, cualquier emisora pone en el aire un producto de estas características, tendría el mismo resultado de entonces, con la ventaja de poder grabar con tecnología digital los capítulos de la serie y los niños oyentes, valerse de internet y los mensajes de texto de sus celulares para interactuar con la radio.

Un crecimiento demasiado acelerado.

Con el equipo de "primera hora" que formábamos Elvira, "Pierino" y yó, seguíamos afianzando la agencia y sumando clientes. La exigencia de dar mejores respuestas, nos llevó a convocar a Alberto "Pichi" Comán, un conocido locutor Bahiense a quién le confiamos el gerenciamiento de Palacios Publicidad. Carlos Méndez,(Contador profesional)y buen compañero del servicio militar, trabajaba full time junto a Elvira en el manejo de Bancos, cobranzas y facturación. También se había integrado Marcelo Montenegro como "cadete". Con mucho cariño recuerdo a Nelly, una chica excepcional que estuvo un corto tiempo en la oficina, y era nuestra secretaria.
Ellos componían el staff estable de la agencia inicial. Más tarde vendrían nuevos integrantes, algunos como empleados efectivos y otros en carácter de colaboradores.
El crecimiento acelerado me hizo pensar que aquellas oficinas de Galerías Plaza, nos "quedaban chicas" y teníamos que mudarnos a una casa, en lo posible grande y céntrica. Un par de años más tarde, me daría cuenta que tal decisión había sido precipitada y errónea, ya que en mi intención de brindar una mejor imágen, servicio y tecnología, terminaría abultando considerablemente nuestros gastos fijos y complicándonos la existencia.
Hasta ese momento, habíamos disfrutado de una sana y hermosa "bohemia", en la que convivían armoniosamente el trabajo intenso, buenas ganancias y la valiosa amistad laboral que nos unió desde los comienzos. En calle Estomba al 100 (altos), inauguramos la que llamé "Casa de las Ideas".Tanto Elvira como "Pierino", no estaban para nada convencidos de ese cambio que
no dejaba de ser un capricho mío. Con el tiempo les daría la razón. Cuando ocupamos esa enorme vivienda a la que tuvimos que amoblar integramente, yo también, pocos meses después, sentiría que la "onda" ya no era la misma. Nuevos anunciantes se iban sumando y esto también demandaba la incorporación de personal. En 1978 habíamos alcanzado casi 170 clientes. Elvira, Carlos Méndez y Liliana Sieli (prima de Elvira y secretaria excepcional) se lo pasaban haciendo tediosos "tours" bancarios. Las cobranzas se iban "trabándo" y teníamos demasiado dinero en la calle. En tanto, el país parecía seguír de "fiesta" y muy pocos se percataban que estábamos viviendo la frágil e improductiva era de los "espejitos de colores" y "el deme dos".
Recuerdo con mucho cariño que en ese año, pude cumplir el viejo y postergado sueño de editar la revista "Bahiana",una publicación mensual que llegó a vender más de 5 mil ejemplares en cada edición. "Bahiana" reflejaba en sus más de 60 páginas la vida y obra de mujeres y hombres destacados de la ciudad. Esta producción gráfica independiente, contó con la colaboración de periodistas de la talla de Rafael Emilio Santiago y Eduardo Cenci, entre otros. En tanto, los "MH Positivos" continuában difundiéndose exitosamente en toda la Argentina y también en Paraguay, mientras que paralelamente seguían editándose nuevos álbumes larga duración con ese título definitivamente impuesto en el mercado discográfico.
Estábamos facturando demasiado bien, pero interiormente algo "me veía venir" con relación al futuro inmediato de la endeble economía nacional.
Pasada la euforia provocada por el "Mundial 78", el olor a pólvora e incertidumbre, se mantenían en el aire. A la guerra interna no declarada de los llamados "años de fuego", le seguiría otra gran movilización bélica ante la posibilidad de un eminente conflicto armado con Chile.
"Pierino" decidió irse a España. Creo que no soportaba más el reinante clima tenso y la persecución ideológica que sufrían los escritores, sicólogos, artistas y todos aquellos que tenían algún tipo de pensamiento diferente o simplemente admiraran al "Ché" Guevara. "Pierino" partió hacia Europa con lo puesto y sin tener la menor idea de lo que encontraría en Barcelona, ciudad en la que recaló con buena fortuna para quedarse allí durante más de 30 años. La ausencia de "Pierino" generó un importante vacío humano y artístico en el ámbito de la agencia. Yo sabía que esa "locura" única no podría ser reemplazada. En más de una oportunidad pensé en seguirlo, pero mis obligaciones y compromisos al frente de la agencia eran prioritarios y no me quedaba otra que seguir al frente del sobredimensionado "Titánic" que yo mismo había creado, aunque intuía que tarde o temprano podríamos chocar con un iceberg y era demasiado tarde para cambiar el rumbo o volver atrás.

La censura alcanza a la publicidad en tiempos del "Proceso"

Para una agencia como la nuestra, que intentaba ganar nuevos anunciantes con avisos transgresores, comenzaba una era bastante complicada a partir del "Proceso" o la dictadura militar de 1976. Recuerdo que una empresa nacional que fabricaba bolsas de residuos, nos había encargado una campaña dirigida a las amas de casa. La particularidad de aquellas bolsas eran sus llamativos y variados colores. Se me ocurrió hacer dibujos secuenciados donde aparecía una señora de trasero muy prominente que miraba disgustada cómo perros y gatos vagabundos habían derribado su recipiente de basura y devoraban los restos de comida que aparecían desparramados en la vereda. No existía en esa época la computadora y las animaciones debían hacerse con el tradicional proceso manual de dibujo por dibujo y filmar cuadro a cuadro para después editar y sonorizar. Estas producciones resultában muy costosas y decidimos grabar en video varios cartones en sucesión de imágenes. Algo similar a un cómic estático, pero que finalmente y en pantalla era mucho más atractivo, ágil y vendedor que una simple "placa" o cartón. La escena había quedado muy bien, al igual que el "remate" del texto que decía; "Señora, evite que le pateen el tacho, use bolsas de residuos xxx", prácticas, económicas, etc etc.
Nuestro cliente aprobó el comercial y lo mandamos al canal para ser pautado. Ese video fué desaprobado por el medio porque la palabra "tacho" era lo mismo que culo.
Otro cliente de la agencia, una importante fábrica de sweters nos pidió un comercial televisivo diferente a todo lo conocido. Desarrollé un story board con la idea de filmar una película de 60 segundos de duración con sonido incorporado, donde un automóvil Peugeot perseguía a un camión blindado en una ruta desierta.
El techo del Peugeot se abría y aparecía un tipo con el rostro cubierto por un pasamontañas y con una metralleta le disparaba a las cubiertas del blindado que finalmente se detenía a un lado de la ruta. Los ocupantes del camión salían con las manos en alto y abrían las puertas traseras del vehículo donde aparecían cuatro hermosas y alegres chicas luciendo sweters de la fábrica.
Durante 45 segundos el comercial parecía un filme de acción o el avance de una serie. El audio de la persecución y los disparos, había sido editado a la perfección con un ritmo y calidad de filmación excelente. En los últimos 15 segundos, una voz en off, decía; "Sweters del Jabalí Turquesa, el tesoro...Más codiciado".
El costo de ese comercial fué muy alto. Además de los actores, también tuvimos que conseguir el camión blindado, armas para las escenas del tiroteo, balas de fogueo, sonidos de motores, disparos, más los honorarios de los camarógrafos, las horas de grabación (transcripción de fílmico a video), etc.
El propietario de la fábrica de sweters aprobó entusiasmado la pieza televisiva y la respectiva pauta publicitaria, que era muy importante dada la duración de la misma.
A los pocos minutos me llamaron del canal anunciándome que el comercial no podía ser emitido porque era "Apología de la violencia".
Todos parecíamos estar contagiados por la autocensura y antes de ser presentados a los anunciantes, teníamos que analizar si los medios difundirían o nó los avisos.
Otro caso absurdo fué el de una importante casa de venta de ropa unisex llamada "Locos". Este era un comercial radial donde durante 10 segundos solo se escuchaba una contagiosa carcajada. El cliente lo aprobó y la gerencia de la radio se negó terminantemente a emitirlo porque era demasiado gracioso (?).
Bipolarizábamos de un extremo a otro y no me resignaba a caer en la clásica estructuración publicitaria, algo facilista, complaciente y aburrido. Defender las piezas audaces era imposible y tenía que buscar caminos alternativos que permitieran que la agencia siga siendo diferente.
Martínez de Hoz era el ministro de economía del "Proceso" y aunque el dólar no "valía nada", la situación financiera de algunas empresas y comercios era sumamente crítica. Por aquella época de "la plata dulce", se puso de moda el "deme dos". Y esto era debido a lo barato que resultaba comprar productos importados.
La industria nacional estaba destruída. Muchas fábricas habían cerrado sus puertas e iban desapareciendo las tradicionales marcas de calzados, ropa, juguetes y electrodomésticos que no podían competir con todo lo que venía del exterior.
Una casa de artículos del hogar, estaba en grandes dificultades financieras. Los propietarios nos pidieron una campaña "bién pegadora", ya que tenían mucho stock, un local muy amplio y céntrico, pero casi nada de ventas.
Diseñamos una página de diario con un título que decía "Naufragámos y tiramos todo por la borda". Debajo, aparecía un fondo marino con televisores, radiograbadores y todo tipo de electrodomésticos flotando en el agua con sus respectivos precios de oferta y en medio del "naufragio", aferrados a un salvavidas estában las caricaturas de Martínez de Hoz y el General Videla.
Obviamente, tuvimos que cambiar todo e hicimos un nuevo título diciendo; "Cerramos por quiebra". El aviso fué un éxito, ya que a primera hora de la mañana, se había formado una larga cola frente al local. Era público que quería comprar a bajo precio los productos de la empresa supuestamente "quebrada".
Esta campaña se extendió por 60 días más ante la gran demanda. El comerciante estaba super feliz, ya que había vendido todo su stock. Extrañamente nadie parecía haber leído un texto que estaba al pié del aviso que decía; "Sí, quebramos los precios"
Durante el tiempo del gobierno militar muchos argentinos aprovecharon el dólar barato y tuvieron la oportunidad de viajar por todo el mundo y volver a Ezeiza cargados de televisores, cámaras fotográficas, perfumes y diversos productos provenientes de los países que habían visitado. Algo que después se repetiría durante el mandato de Carlos Menem con similares o peores consecuencias.
En los setentas se habían puesto de moda las boutiques y florecían por todas partes. Cualquier indemnizado del estado o empresas privadas, no dudaba en invertir el poco o mucho dinero que tenía en un local de venta de jeans y remeras. Estos comercios de nombres sofisticados duraron poco tiempo, ya que sus inexpertos propietarios pretendían mantener un alto nivel de vida con esos negocios poco rentables.
Muchas agencias colegas y también la nuestra, sufrieron las consecuencias de la falta de pago de aquellos "boutiqueros" aventureros e improvisados a quienes les encantaba promocionar sus locales en diario, televisión y radio y que a la hora de hacerle frente a las facturas se declaraban insolventes o cerraban sus negocios desapareciendo de la noche a la mañana.

jueves, 24 de enero de 2008

Mi "olvidable" paso por el Radioteatro.

Con mi abuela Lucy, siempre escuchábamos la radio, principalmente los "radioteatros" que como dije antes, eran emitidos en tiras diarias continuadas, con una duración de aproximádamente 30 minutos cada envío.
En Bahía Blanca, la principal figura radioteatral era la de Don Javier Rizzo que junto a su esposa Valentina de La Cruz, encabezaban una exitosa compañía que llevaba más de 20 años de permanencia en LU2 Radio Bahía Blanca. Yo era un gran seguidor de aquellos radioteatros de Don Javier, imaginaba las escenas y también sus personajes gracias a la artesanal creatividad de los operadores de sonido (hoy estos, serían los encargados de efectos especiales).
Los radioteatros se hacían en vivo, hecho que convertía cada puesta en aire en un verdadero desafío para los interpretes, ya que su actuación debía salir perfecta.
Durante más de 2 décadas, el radioteatro de Don Javier Rizzo, "paralizaba" la ciudad todas las tardes. Estas novelas se escuchaban de lunes a viernes a las 15 horas.
La televisión por aire seguía ingresando en los hogares de la ciudad y el aparato de grandes dimensiones, que en sus inicios era un artículo de lujo bastante costoso, se tornaba ahora accesible y amenazaba con opacar a los radioteatros y los cines.
En 1966 yo estaba conduciendo mi programa matinal por LU2 y en el edificio de la radio, siempre solía encontrarme con Don Javier Rizzo y su esposa Valentina.
Una noche me invitaron a tomar un café a su casa, que quedaba en la calle Zeballos casi Belgrano. Yo siempre había vivido en esa zona y los conocía de oírlos y verlos actuar en escenarios teatrales. Esa noche, tuve el privilegio de descubrir a una familia fuera de serie.
Don Javier y Valentina, eran generosos en extremo. Su casa siempre estaba abierta a a amigos y vecinos. Don Javier era un ser humano diferente; carismático y talentoso, también poseía una sonrisa genuina y contagiosa. Bohemios y dueños de su tiempo y espacio, la familia Rizzo disfrutaba de sus extensas y divertidas reuniones con amigos. Gracias a Dios, tuve la fortuna de compartir esas veladas colmadas de anécdotas que tenían con ver con la radio y el teatro.
El destino me había puesto frente a mis ídolos. En una de esas charlas en la noche, Don Javier me propone ser "galán" de su compañía, recuerdo que me dijo; "te ganás unos mangos y de paso paseás, pibe.Vas a conocer un montón de pueblos. ¿Que te parece?".
jamás había pasado por mi mente el ser actor. Don Javier me alentó y después de algunas pruebas, me dió el papel de "Rafael", el galán de "Cachimba, la fea de Valle Grande", la próxima obra radioteatral que comenzaba a ensayar Don Javier y su elenco.
Los Rizzo eran como un "clan", Sus hijas "Pirucha", "Pirula" y María Inés, trabajaban desde niñas junto a sus padres. Las recuerdo como chicas dotadas de gran simpatía y humildad. No creo que hasta hoy, alguien haya alcanzado en Bahía y su zona, la fama tan arrolladora y duradera de los Rizzo.
Mi nombre artístico era; Rafael Casares, "el galán de los hogares". Así me bautizó Don javier. Mi papel era el de un muchacho que vivía en "Valle Grande", trabajaba como maquinista de un tren que salía del pueblo y demoraba un tiempo respetable en volver. También en la ficción me enamoraba de "Cachimba", obviamente la chica fea que daba lugar a la historia. Este papel principal, lo hacía "Pirucha" Rizzo.
Debutámos en una localidad pampeana llamada Mazza. En un lugar muy grande que era algo así como un club, nos estaban esperando un poco más de 800 personas.
Don Javier, Valentina y todo el elenco fueron agasajados en un cena por las autoridades del lugar. Terminamos de cenar y nos encaminámos hacia el "teatro". Esta iba a ser mi primera actuación en público. Como estaba bastante nervioso, Ricardo Soler, otro grande del radioteatro, que siempre hacía papeles de villano me aconsejó; "Tomáte un buen vaso de ginebra con hielo. Eso te va a dar un coraje bárbaro".
Siguiendo su sugerencia, me tomé un vaso grande de ginebra y subí al escenario. Lo primero que sentí fué un fuerte mareo. Veía todo doble y hasta podía asegurar que el escenario se movía. Cuando aparecí, "Pirucha" estaba sola y yo debía saludarla, pero me confundí y saludé al público. La gente, que al principio estaba en silencio absoluto, me respondió a coro con gran educación; "Buenas don. buenas noches.".
De reojo y a pesar de mi leve embriaguez, divisé la cara horrorizada de Don Javier.
El efecto de la ginebra había sido terrible. Para sacarme de ese estado, mis compañeros me daban café y aspirinas. Al final, en uno de los últimos actos sucedió algo peor. En la obra, yo regresaba de mi largo, casi eterno viaje en tren y al arribar a Valle Grande, me comentan que mi novia ("Cachimba") había quedado embarazada y había tenido un hijo. (pero al parecer, el niño no era mío y alguien del pueblo, había ocupado mi lugar y mi cama).
El libreto marcaba que yo debía increparla y decirle muy enojado; "Quiero que me muestres al hijo del pecado". Ella debía llorar arrepentida y entregarme a la criatura, que en la ficción era un muñeco de plástico envuelto en una manta.
Como aún seguía mareado tomé al "niño" por los pies, con tan mala suerte que tiré los piecitos hacia mí y le arranqué al muñeco una de sus piernas articuladas.
Esto me tomó tan de sorpresa que dejé caer la piernita al suelo y ésta empezó a rebotar por el escenario hasta que se detuvo.
Es ahí, que desde la platea surge una voz fuerte que grita; "Mierda que había sido flojo el pibe, ché".Risas, aplausos y a seguir como se pudo. Ese fué mi accidentado debut. Estaba seguro que era mi primera y última vez en la compañía, pero Don Javier, lejos de enojarse, me dijo; "Está bien pibe, a cualquiera le puede pasar, sos un buen actor cómico".
Seguí trabajando con los Rizzo durante casi 2 meses, y como era habitual, teníamos funciones todos los fines de semana y a sala llena.
Esta fué una experiencia inolvidable. Había resultado ser un pésimo actor, pero eso era lo de menos porque tuve el privilegio de trabajar y compartir grandes momentos junto a gente maravillosa.

sábado, 19 de enero de 2008

Nacen los "MH POSITIVOS" y Crece PALACIOS PUBLICIDAD.

Si bien Dodero Viajes, era el único cliente importante que tenía en mi pequeña agencia publicitaria, las comisiones que percibía por su facturación mensual, me permitía solventar los gastos de la oficina. La aparición del sello Music Hall en mi vida, comenzaba a brindarme una nueva oportunidad laboral.
Recuerdo que una noche, llevaba en mi auto (un Fiat 1500) a Julio Laugier hacia el aeropuerto y hablábamos de encontrar una nueva forma de promocionar por radio los últimos títulos discográficos de Music Hall. En ese tramo del viaje se me ocurrió el título "MH POSITIVOS", y a partir de allí, probar de colocar en 3 o 4 minutos de audio los estribillos más pegadizos de los temas de la grabadora. A Julio le pareció un buen título y una idea que podría funcionar muy bien porque en poco tiempo de aire y con esos micros que se renovarían constantemente difundiríamos los productos más comerciales del sello. En los estudios de grabación de LU2 Radio Bahía Blanca, con Rubén Darío Azpeitía,(por entonces operador de la emisora, logramos un "demo" de la primer "microguía" de los "MH Positivos".
El señor Norberto Selasco, presidente de la empresa Music Hall, aprobó de inmediato la emisión simultánea de los "MH Positivos" en LU2 Radio Blanca, LU22 de Tandil y LU19 La Voz del Comahue.
Esta compacta y dinámica forma de promocionar música por radio no tardó en pegar fuerte en la audiencia y esto se notaba en las importantes ventas de los temas que se difundían a diario en los distintos horarios de la programación de las citadas emisoras.
A esta altura de las circunstancias y debido a las malas experiencias sufridas, no dudé en registrar a mi nombre en Argentores el título "MH Positivos" que más tarde se mantendría en el aire de las principales radios argentinas durante más de 10 años.
(Con respecto a lo de "malas experiencias", me parece bueno aconsejar a los creativos a registrar siempre sus obras, porque son el fruto legítimo de su inventiva y si están desprotegidos legalmente es posible que ciertas empresas las utilicen en provecho propio sin considerar los derechos que le corresponden al autor)
Seis meses después de esta creación que nació en Bahía Blanca, la empresa discográfica decidió comenzar a producir discos Long Play (larga duración) con mi título "MH Positivos"
Se editaron 17 discos LP en total, donde se incluyeron además de artistas norteamericanos y europeos de la talla de James Taylor, Aretha Franklin, The Doors, Bob Dylan, Yes, Frank Sinatra, Rod Stewart y otros, también participaban grupos y solistas nacionales como César "Banana" Pueyrredón al frente del grupo "Banana", León Gieco, Mantra, Trocha Angosta, Pappo, Sabú, Santiago de Elizalde, etc. . A todo esto, el 30 de marzo de 1972, nació nuestra hija Virginia Mariel. Con ella y Elvira, vivíamos en un pequeño departamento alquilado en calle Zeballos. Estaba cimentando una familia y necesitaba darle lo mejor de mí para que nada les falte. Virginia había llegado con muchos panes debajo de sus pequeños brazos, porque a partir de su nacimiento las cosas empezaron a mejorar notablemente.
En corto tiempo, pasé al segundo piso ocupando una oficina más grande que estaba completamente amoblada y era mucho más cómoda y presentable que la anterior.
Estaba creciendo, solo me faltaba encontrar un arte gráfico diferente a todo lo conocido que me identificara definitivamente. Y esto ocurrió cuando apareció un dibujante muy loco y transgresor;Ricardo "Pierino" Galluchi. "Pierino" tenía por entonces 20 años y yó 27. Elvira se había incorporado a la agencia haciendose cargo de la administración. Sabía que ésta no era la vocación de Elvira , siempre había querido ser abogada, porque además de ser una gran mujer, escribe cartas y poemas magistrales, pero ante mis desprolijidades con los números, se vió obligada a hacerse responsable del tedioso rol de las finanzas. Habíamos conformado un equipo pequeño, pero muy sólido y lleno de entusiamo que no escatimaba horas de trabajo y energía para posicionar la agencia. Recuerdo que Dodero Viajes, nos había encargado una campaña nacional para sus cruceros a Brasil y el caribe. En broma, bosquejé un barco cargado de animales como el "Arca de Noé" y con su casco lleno de parches. A todos nos gustó, Pierino le puso ojos y boca y lo presentamos. Esa campaña gráfica que nada tenía de solemne se publicó en distintos medios. Otro acierto para la misma empresa, fué una campaña gráfica para turismo nacional que mostraba la ilustración de una Argentina muy bien lograda que decía; "Argentina jóven y rica busca admiradóres, conózcala.". Definitívamente habíamos impuesto nuestro propio estilo y los avisos gráficos, radiales y televisivos, tenían el sello inconfundible de Palacios Publicidad.

De Rockero a Director Creativo.

Había trabajado intensamente y durante casi dos años junto a los grupos de rock programando bailes y recitales y seguía con mis programas radiales. Una mañana, Domingo Mamanna, quien en algún momento había ocupado la gerencia publicitaria de LU7 Radio General San Martín, me invita a tomar un café y me comenta que estaba asociado a Idea Publicidad, una importante agencia que estaba pasando por un mal momento financiero y necesitaba salir a ganar nuevas cuentas. Me propuso ser el director creativo de la alicaída agencia. El desafío me atraía. Mamanna siempre me había caído bien y aunque nada me había prometido en cuanto a mis honorarios, no dudé en aceptar su oferta. El horario flexible de la agencia me permitía cumplir con la radio y seguir programando recitales de rock. Cuando entré a trabajar en Idea, tuve amplia libertad creativa y esto me permitió armar un buen equipo de trabajo con los dibujantes, fotógrafos y camarógrafos que conformaban el equipo de la pequeña empresa. Lo primero que hicimos fué un plan de captura de nuevos anunciantes. La estrategia consistía en llevar carpetas con ideas diferentes a los comercios y empresas más importantes de la ciudad y proponerles un renovado cambio de imágen.
Siempre recuerdo que mi primer acierto en Idea, fué crear un slógan para Sermat, una fábrica de acumuladores.
Hoy, cuando escucho en la radio "Ser o nó ser, tu acumulador debe ser Sermat" , vuelvo 40 años atrás y me veo en ese piso de Galerías Plaza , con solo 23 años y generando desde mi pequeña oficina una importante cantidad de bocetos que pasaba a los dibujantes y armadores. En tiempo record, los diseños gráficos, radiales y televisivos de campañas eran aprobados por los clientes e iban apareciendo exitosamente en los distintos medios con la firma de Idea. En pocos meses,Idea ganó nuevas cuentas y se impuso como la agencia más creativa.
Crecíamos aceleradamente y Domingo comenzaba a acomodar los números de la empresa en ascenso. Todo marchaba maravillosamente bien hasta que una mañana, aparece alguien a quien me presentó como a su nuevo socio. A partir de entonces las cosas empezaron a cambiar. El clima cordial y distendido que disfrutaba con mis compañeros fué transformándose en una atmósfera tensa y opresiva. La agencia comenzaba a facturar demasiado dinero y Domingo y su nuevo socio no se privaban de nada. Pienso que no estaban preparados para manejar tanto dinero y se habían descontrolado sin que ninguno de sus asesores contables les pusiera freno. Como parte de mi convenio de honorarios de director creativo, había arreglado que se me deduzca la mitad de mi sueldo para cancelar mensualmente la cuota de un departamento que había comprado en Zelarrayán al 700, piso 7 y que debía pagar en 5 años.
Un buen día nos reúnen a todos los integrantes de la agencia. Estábamos en la sala de directorio. Los dos socios tenían caras compungidas. Uno de ellos con voz angustiada, comenzó a decirnos que las cosas no estaban bien. Pensé que había fallecido algún familiar cercano del personaje, pero no se trataba de una cuestión funeraria. La que agonizaba era Idea, ya que nos estaban anunciando una situación de quiebra y pedían que pusiéramos el hombro el hombro para sacar la agencia adelante.
Fué un momento muy penoso que desde hacía algún tiempo me veía venir.
Los contadores poco hicieron para tratar de salvar a Idea y propusieron vender la totalidad de las acciones a otra agencia que se haría cargo de las deudas y recibiría en este "pase" la totalidad de la cartera conteniendo los muchos y buenos anunciantes que habíamos ganado con mucho esfuerzo.
En horas, los 2 años de intenso y eficaz trabajo creativo que había puesto al servicio de esa empresa que se hundía sin remedio, se esfumaban con la impotencia de no poder hacer nada ante un naufragio tan torpe, súbito y gratuito.
No quise seguir con los nuevos socios y me fuí de allí sin un peso. Encima la empresa que construía y financiaba mi departamento, me hace saber que en Idea debían 12 cuotas. Cuotas que me habían deducido puntualmente de mi sueldo y que me resultarían imposibles de pagar para ponerme al día.
Finalmente perdí mi soñado departamento propio y no quise iniciar ninguna acción legal contra los directos responsables de aquella estafa.
Lejos de darme por vencido, alquilé una pequeña oficina en el mismo piso donde funcionaba Idea. Los escasos recursos que tenía solo me permitieron instalar un escritorio de metal con tres sillas cuyos resortes etában rotos y eran un peligro para trastes desprevenidos.
Una división de madera pretendía mostrar dos ambientes. En uno de ellos estaba mi despacho y en el otro la apretada sala de arte donde se encontraba Rubén Gómez un dibujante ex Idea y Antonio Barrientos otro ex Idea.
Lo más atractivo que tenía esa oficina era un poster de Charles Chaplin que aún conservo como uno de mis tesoros más preciados.
Ya no podía mirar hacia atrás. Tenía que ganar una batalla difícil. Mis amigos Carlos y Guillermo Kairuz fueron mis garantes espontáneos ante los medios. Con los hermanos Kairuz nos conocemos desde niños y no vacilaron en respaldarme para que pueda funcionar como Ricardo Palacios Publicidad. A los 15 días y empleando la misma táctica utilizada en Idea, salía a la calle a visitar empresas con propuestas de buen valor creativo.
Dodero Viajes fué mi primer gran cliente. A Dodero le irían siguiendo más tarde, otros de importancia.
Había conocido a Elvira (Elvira Rabanetti), una chica muy linda y flaquita cuya personalidad me atrapó en la primera charla que tuve con ella. Elvira era diferente a todas las chicas que había conocido y lo que más me gustaba de ella era que no me oprimía. No me exigía nada. Nunca planificábamos volver a vernos y cuando llovía, estába seguro que la encontraría caminando en alguna de las calles del centro.
Y la lluvia era como una señal que nos invitaba a estar juntos. Si bien mi economía seguía siendo endeble, Elvira me hacía sentir inmensamente rico y feliz con muy poco. La primera vez que la ví y tomé contacto con ella fué cuando cumplí 25 años. Estaba celebrando en una aburrida peña folklórica con los que habían sido dueños de Idea. Recuerdo que me acerqué a la mesa donde estaba sentada junto a una pareja de amigos. Su rostro y sus ojos me habían impactado. Detrás de su mirada había un universo que iría descubriendo con el tiempo.
¿Que era el amor? Esa pregunta me la había formulado muchas veces. Quizás por esa razón, nunca había sentido la maravillosa sensación de amar ni tampoco tenía sinceridad para comunicarlo. El amor que sentía por Elvira era silencioso. Esa conexión física y mental era una maravillosa experiencia que jamás antes había conocido.
Elvira estaba trabajando en la sección publicidad del diario La Nueva Provincia y paralelamente, concurría al turno noche del Colegio Nacional, para terminar el bachillerato.
Una noche, Elvira me dice que está embarazada y que tiene planificado irse a estudiar abogacía a La Plata y tener a nuestra hijo en esa ciudad.
No dudó en partir. Y con esa partida , también se partía la mitad de mi alma.
Yo seguía en Bahía luchando contra "los Molinos de Viento" y buscando acercar más anunciantes a mi humilde agencia.
Un año antes de esta crísis, había conocido a Julio Laugier,un muchacho muy capaz que comercializaba en la Costa Atlántica y Bahía al sello Music Hall, una subsidiaria en la argentina de Reprisse Records, la exitosa productora de Frank Sinatra, que comenzaba a hacerse oir en nuestro país con artistas como el propio Sinatra, Dean Martin, Joan Baez, Alberto Cortez, Aretha Franklin, Bob Dylan, Yes y The Doors entre otros de prestigio internacional.
Laugier me propuso convertirme en difusor del sello en Bahía Blanca. A partir de ese ofrecimiento se abriría un camino lleno de oportunidades.

viernes, 18 de enero de 2008

El Centro Luis Braille necesitaba un millón y lo conseguimos.

Mis programas de radio estaban en pleno apogeo. Me sentía libre, feliz, estaba haciendo lo que me gustaba y los grupos de rock tenían cada vez más aceptación. Un buen día conozco a la gente que dirigía los destinos del Centro Luis Braille en Bahía Blanca y me comentan que necesitaban construir un taller para darle ocupación laboral a los muchos no videntes que se acercaban a la institución.
El señor Zilio, por entonces presidente del Braille local, aceptó una idea que se me había ocurrido; Una maratón de baile y música. Con los chicos del grupo "Terrón de Azúcar", averiguamos que todo funcionaría muy bien si superábamos las 72 horas haciendo música sin parar durante todo ese tiempo.
En calle Estomba al 100, nos facilitaron un local muy amplio que estaba desocupado desde hacía bastante tiempo. Como de costumbre, tenía que arrancar de "cero". No teníamos dinero para producir tamaño evento. Una vez más estuvo el apoyo siempre incondicional del subgerente de LU2, el señor Fort, quien puso a nuestra disposición el equipo móvil de la emisora para transmitir en directo las alternativas de la maratón.
LU3 Radio Del Sur, otra radio importante de la ciudad, también ofreció desinteresadamente su equipo de exteriores. Lo mismo sucedió con LU7 Radio general San Martín. Un día viernes dimos comienzo a esta inédita aventura. La gente comenzó a acercarse de a poco. A la medianoche el local estaba lleno. En el centro del local, había hecho armar una especie de ring de boxeo cercado por sogas. Allí, en ese cuadrilátero estában los chicos y chicas que competían por el record mundial de permanencia en baile. Y a unos seis metros, se levantaba un escenario donde los integrantes de "Terrón de Azúcar" comenzaban a intentar el record de permanencia mundial haciendo música sin parar.
Los descansos eran de 15 minutos cada 4 horas. Había masajistas para atender a los bailarines y una guardia móvil del Hospital Municipal Leónidas Lucero a nuestra disposición.
Finalmente, el día domingo "Terrón de Azúcar" cumplió 73 horas haciendo música y alcanzaba así el record mundial. Lamentablemente los chicos del "Clan Terremoto" no llegaron a cumplir su objetivo.
5 mil personas habían pagado religiosamente su entrada y se recaudó un millón de pesos, cifra que alcanzó para que el Centro Luis Braille construya su taller y compre las herramientas necesarias.
Recuerdo que al finalizar esos 3 días que me parecieron una eternidad, "Rulito" Díaz, un querido hombre que había sido payaso de circo y siempre me acompañaba en todos los emprendimientos artísticos, cuando terminó aquella gigantesca tarea, me preguntó; ¿Pipo, tenés plata para cigarrillos? Nó "Rulo", le contesté. No me quedó ni una moneda. No te preocupes, yo te compro los Jockey me dijo "Rulito" con su habitual sonrisa.
Nos fuimos juntos caminando en un amanecer cálido y luminoso, donde una vez más, Dios, la gente buena y la música, habían hecho un nuevo milagro.
Pocos días después la comisión directiva de la institución, invitó a todos quienes habíamos participado en "la maratón" a un brindis donde se nos entregó una plaqueta recordatoria.