sábado, 31 de enero de 2009

La muerte gratuita de "Marito" Goldberg , fusilado por la "Triple A"

Mario Goldberg a quién todos conocíamos como "Marito" era un excelente compañero locutor de LU2 Radio Bahía Blanca. Poseía una voz muy particular y amaba su profesión. Por entonces el y yó, teníamos la misma edad; apenas 24 años. Eramos amigos desde la época escolar, solidario, divertido y siempre de buen humor, "Marito", había logrado su mayor anhelo, trabajar en radio, ser cada vez más conocido y disfrutar a pleno de lo que más le gustaba; la noche. Cuatro años después, aquella atrapante y movida noche que habíamos compartido, se había convertido en una horrible pesadilla, porque a diario, los integrantes de la nefasta "Triple A", un grupo de asesinos a sueldo reclutados por el "brujo" Lopez Rega, salía impunemente a beber sangre. Tenían la ciudad a su entera disposición y su tarea era cazar a estudiantes o chicos que militaban en el partido Comunista o eran sospechados de pertenecer a Montoneros, alguna agrupación universitaria o el ERP. Años salvajes de una Argentina de fuego cruzado donde los disparos podían llegar a partir sorpresivamente de cualquier parte y pegarle a cualquiera que estuviera sospechado de "pensar feo". Era la época del gobierno de Isabel Perón, una mujer torpe a quién el poder le quemaba las manos y el alma, asesorada además por un entorno mafioso donde quién realmente lideraba e imponía su maldita voluntad, era el "brujo". En Bahía solía transitar un vehículo Fiat que era conocido como "la fiambrera", ya que sin identificación alguna, se desplazaba libremente por las calles a gran velocidad, generalmente llevando en su interior a alguna víctima recientemente capturada y que dificilmente saliera con vida. "Marito" era asiduo concurrente de un lugar muy cálido y popular llamado "Mi Botica" donde casi siempre solíamos encontrarnos para tomar una copa, escuchar tango y folklore en vivo o conocer alguna chica para pasar si era posible un rato íntimo. En varias ocasiones, nos quedábamos charlando allí hasta que el local cerraba sus puertas y recién salíamos al amanecer. Era habitual que "Marito" estuviera siempre rodeado de chicas en su mayoría atractivas, ya que su innata simpatía le permitía entrar rápidamente en confianza con el sexo opuesto. Posiblemente la inconciencia o el ímpetu de nuestra juventud nos impedía ver claramente los riesgos de la triste y cruda realidad que giraba a nuestro alrededor donde la vida humana, además de no estar garantizada tampoco valía un centavo.
Cuando el habitante común se enteraba que alguna chica o muchacho desaparecía misteriosamente lo primero que solía decir era; "algo habrá hecho" o "en algo raro andaría" y con esto se echaba una liviana palada de indiferencia al delicado tema y se miraba para otro lado. Quienes conformaban la patota local de la "Triple A" eran tipos pesados, los duros que habían sido marginados de la sociedad, ya sea a causa de su pasado turbio o por incapaces y violentos. Una violencia innata que en casi todos ellos era potenciada por el alcohol. Esta temida banda armada operaba de noche y salía a buscar sus presas en base a los datos que muchos confidentes les acercaban. Tanto "Marito" como cualquiera de los jóvenes que salíamos con chicas prácticamente desconocidas, nos limitábamos a compartir un buen momento con ellas sin que se nos ocurriera preguntarles como pensában políticamente y esto, fué lo que le jugó una mala pasada a "Marito", porque una noche trágica, los sicarios de la "Triple A" fueron a buscarlo a su departamento y allí lo encontraron junto a una joven proveniente de Neuquén. A ambos se los llevaron por la fuerza y en las primeras horas del día siguiente, tanto él como la muchacha aparecieron con las manos atadas y acribillados a tiros en un descampado.
Cuando me avisaron que Mario Goldberg había sido asesinado sentí un profundo dolor e impotencia, porque gratuitamente los "monos de la metralleta", en su locura y desenfreno, nos habían quitado porque sí a un buen amigo irremplazable. En el velatorio de "Marito", el clima era de respeto, silencio y tristeza. El estaba en el féretro con su cabeza vendada y me pregunté; "cuanto habrás sufrido en las horas previas a tu fusilamiento sin juicio? e intentando de todas las formas posibles, tratando de explicarles a esos asesinos que no eras un subversivo, sino un inofensivo soñador que amaba intensamente la vida". Fué un inexplicable crímen, uno más de los tantos que en la década del setenta iniciaron la era del odio en un país que 30 años después, no puede olvidar ni reponerse de los daños causados por esa guerra confusa y nunca declarada. Allegados a la familia, nos aseguraron que en un momento de la tarde, llegó a la funeraria un telegrama dirigido a los padres de "Marito", donde se les pedía disculpas porque se habían equivocado. Esta terrible y tardía excusa, aparentemente, la firmaban sus propios verdugos, la "Triple A". En este relato, trato de armar diferentes pensamientos y aún hoy, al recordar a "Marito", trato de imaginarlo con su sonrisa natural o preguntándome; "ché, mirá que buenas que están esas dos minas, ¿las encaramos?". Y yo le respondía; "Nó Mario, hay una de ellas que es horrible". "No importa decía él, yo me quedo con la fea, total, a esta hora, todas las minas son lindas".

1966, filmando con Alberto Freinkel un accidentado comercial para Mueblería Bahía Blanca.

Mueblería Bahía Blanca, durante muchos años, fué una de las firmas más importantes en venta de todo aquello que fuera de calidad y buen gusto para armar los distintos ambientes de un hogar. El comercio ocupaba un local de grandes dimensiones, ubicado en la esquina de San Martín y Las Heras, perteneciendo a la familia Limansky. La empresa además de ser prestigiosa, se había anticipado a los tiempos y contaba con diferentes sectores donde se exhibían una gran cantidad y modelos de todo tipo de muebles para dormitorios y livings. En una oportunidad los propietarios me piden la realización de un comercial para televisión. Por aquellos años, no existían las cámaras de video y éste tipo de producciones se realizaban con filmadoras de 16 milímetros, luego se hacía la edición o montaje de la película utilizándo un aparato con visor llamado "Moviola", donde el fílmico en celuloide, se iba compaginando de acuerdo a las imágenes hasta lograr una hilación con las secuencias de la historia y alcanzar la duración del comercial. Mi propuesta consistía en mostrar a una pareja de novios que venian caminando y tomados de la mano por una playa desierta, hasta que la chica, asombrada, descubre que en el mar está emergiendo un juego de dormitorio. Allí se corta la escena y los jóvenes enamorados corren hacia un sector de la playa, donde el mobiliario mágicamente, aparece posado sobre la arena. A los dueños de la empresa les gustó la idea y dieron el okey para que la filmación se lleve a cabo un día sábado a la mañana. Era el mes de Noviembre y a las ocho en punto de un día sábado, los modelos elegidos, Alberto Freinkel, hoy, un reconocido cineasta premiado por la realización de varios documentales de su autoría, quién era en ese momento el encargado de la filmación, tres empleados de la mueblería y un chofer del camión que transportaría los muebles salimos rumbo al balneario Galván, el lugar elegido para hacer las tomas. La jornada era soleada y felizmente no corría una sola brisa de viento. Todo indicaba que era un día más que propicio para que tengamos una luz natural propicia y lograr un buen trabajo. Lo primero que hicimos al llegar a la playa, que en esa época del año estaba desierta, fué filmar las secuencias en las que aparecían la chica y el jóven que interpretaban a los enamorados. Luego, Alberto pidió que se arme prolijamente el dormitorio sobre la arena y con el mar como fondo. Su idea era hacerlas tomas de los muebles y posteriormente, utilizándo un recurso simple y efectivo que consistía en reboninar esta toma y sobreimprimirla sobre imágenes del agua, así se lograría el efecto visual donde los muebles surgirían del océano. Todo estaba dispuesto para filmar los planos del dormitorio, el juego consistía en un placard de importante tamaño, una cama matrimonial, cómoda con espejo y dos mesas de luz con sus respectivos veladores. Alberto había apoyado la cámara sobre un trípode y al segundo de comenzar a filmar, una inesperada y fuerte brisa hace volar violéntamente a los veladores que comienzan a rodar descontrolados por la playa impulsados por el viento. Los empleados de la mueblería corrieron tras ellos y los acomodaron en su respectivo sitio y cuando parecía que todo estaba normal, surgía otra brisa fuerte y los castigados artefactos de iluminación salían disparados nuevamente. Entonces, para evitar este inconveniente, se me ocurrió disponer que dos de los empleados de la firma, se echaran "cuerpo a tierra" detrás de cada una de las mesas de luz y permaneciendo ocultos, solo sacaran una mano desde abajo y la aferraran fuertemente a base de los veladores para impedir que siguieran volando. En principio, este improvisado recurso prometía dar resultado, ya que en el visor de la cámara y por la distancia de la toma, las gruesas extremidades de quienes sostenían las lámparas no se veían. Alberto, una vez más volvió a apretar el disparador de la filmadora y esta vez, el viento sorpresivo fué tan fuerte que causó la increíble caida del pesado placard. Esto nos dejó atónitos a todos los que estábamos allí, al punto que Alberto sin entender nada, no atinó a detener la filmación y la cámara siguió rodando en automático. Esto se produjo en contados segundos, mirábamos como el mueble caía como en cámara lenta, al ver que se le venía encima, uno de los encargados de sostener el velador, con el propósito de evitar que el placard se estrelle contra la cama, se incorporó rápidamente y extendió su mano derecha en actitud de sostenerlo. Con tan mala fortuna que la mano de este buen hombre atravesó la madera del mueble que finalmente cayó encima del "heroico" empleado que quedó aplastado debajo del placard.
Por suerte, este insólito accidente no causó herida alguna al empleado de la mueblería, aunque una de las puertas del mueble presentaba un orificio del tamaño de un puño. Hartos de tanta mala suerte, decidimos suspender la filmación y regresar a ese escenario natural en otro momento con la esperanza que nos toque una jornada climáticamente más tranquila. El juego de dormitorio se acomodó nuevamente en el camión de la firma. La pareja de modelos, Alberto y yó nos ubicamos en mi pequeño automóvil y nos dispusimos a regresar a la ciudad, pero antes de partir, le recomendámos al chofer del camión que venga detrás nuestro porque ese sector del balneario estaba lleno de cangrejales y corría el riesgo de quedar atrapado en alguno de ellos. El hombre dijo que conocía el sitio y que prefería tomar un camino más corto a fín de ganar tiempo. A las 19 horas, recibo en la casa de mis padres un llamado, era Oscar Limansky, socio propietario de la empresa quién me pregunta por el camión, porque le extrañaba mucho que aún no hubiera llegado al local. De inmediato pensé; "Se quedaron hundidos en el cangrejal". En los años donde ocurrieron estos hechos, no existían los teléfonos celulares y no quedaba otra alternativa que regresar a la playa para averiguar que había sucedido con el camión. Ya era de noche cuando arribamos y efectívamente, allí en medio de la soledad y el cangrejal, estaba el camión sumergido en el barro con sus ocupantes en el interior. Por suerte logramos solicitar el auxilio de una grúa que logró rescatarlos de la difícil situación a las 22 horas. Alberto me prometió en reiteradas ocasiones mostrarme las imágenes de este blooper, pero hasta el día de hoy, a tantos años de aquello nunca lo hizo. Días después la filmación se pudo terminar normalmente y el comercial titulado "Plan Novios" se emitió durante mucho tiempo y con muy buenos resultados en los dos canales de aire de la ciudad.

viernes, 23 de enero de 2009

Atención colegas Publicistas y Directores de Marketing.

He pensado que muchas de las ideas de marketing directo y publicidad que logré llevar a cabo y fueron exitósamente probadas, principalmente en el ámbito del supermercadismo, bién pueden desarrollarse para empresas del resto del mundo. A lo largo de este blog, he citado cada uno de éstos eventos que desde sus inicios contaron con el apoyo de más de cuatrocientas marcas de primer nivel. Este tipo de promociones diferentes realizadas en forma continuada durante poco más de veinte años para diferentes firmas y ciudades importantes, siempre han tenido óptimos resultados y gran convocatoria. Si entre aquellos que ingresan en éstas páginas se encuentran personas que trabajan en el ámbito del marketing y la publicidad y les interesa incursionar en estas formas de producción, mucho me agradaría que se contacten conmigo. Cada una de éstas creaciones están debidamente protegidas con sus correspondientes registros de Propiedad Intelectual y Obra Publicada, pudiendo significar una novedosa y rentable herramienta para crecer en esta apasionante profesión. De mucho puede servirles mi experiencia de tantos años desarrollándo este tipo de acciones que me permiten disponer de abundante material testimonial, carpetas y powers donde se explica cómo poner en funcionamiento los eventos y paralelamente cual es el beneficio de la empresa supermercadista que auspicie la propuesta y también el de las marcas o productos que participan en la misma. Espero su contacto sin compromiso alguno en fonisnet@yahoo.com.ar ¡Gracias y hasta la próxima!

2007, 2008, "La Góndola del Tesoro", un gran éxito creado para Supermercados Burgos.

Supermercados Burgos, es la única empresa bahiense y de familia que desde hace 30 años, mantiene una posición creciente en la ciudad. Como ya relaté en páginas anteriores, esta firma siempre estuvo dispuesta a encarar nuevas formas y diferentes formas de atracción, pensadas para mantener vigente el estilo de los Super Burgos, competir con buenas ofertas y concursos fidelizadores con muchos premios para los participantes. Ya veníamos con muy buenas experiencias probadas y exitosas como "Arme La Góndola", más un formato de revista útil y novedosa como "Signos y Marcas", sólidamente posicionada tras cuatro años de aparición ininterrumpida. Ya en los finales del 2007, se me ocurrió diseñar un nuevo concurso de resolución mensual al que llamé "La Góndola del Tesoro" que al poco tiempo de ser presentado tuvo una inmediata e importante adhesión de las más importantes marcas nacionales proovedoras del supermercado. Este evento interactivo también funcionaba con figuritas auto adhesivas que el cliente participante debía pegar en hojas donde tenía que completar solo 22 espacios. Esta dinámica simple nos permitió resolver los concursos cada 30 días, hacer los sorteos por extracción, entregar los premios a los ganadores y en menos de cinco días, lanzar uno nuevo. "La Góndola del Tesoro" tenía un movimiento inusual que crecía mes a mes, al punto que ese concurso comenzó en Octubre del 2007 y finalizó en Marzo del 2008 con un verdadero record de concursantes mayores de 18 años. Generalmente, las promociones de éste tipo suelen realizarse a partir de Marzo, nosotros nos jugamos a llevarlo a cabo en pleno verano bahiense, dentro de la ciudad y con temperaturas que en ocasiones alcanzában los 40 grados. Realmente fué un verdadero desafío al que potenciábamos con shows muy divertidos que montábamos en un escenario grande y desarmable instalado en la amplia cochera que el supermercado posee en Maxi Burgos, la boca de ventas más grande de la cadena y que está ubicada entre las calles Brown y Fitz Roy. A estos shows, siempre concurrían más de 600 personas, el lugar quedaba chico y esto provocaba que el público se ubicara en las inmediaciones. Los premios consistían en televisores de pantalla plana, reproductores de DVD, minicomponentes, cajas con productos, motos de 100 cc y un Fiat cero kilómetro para el gran sorteo final. Para ir terminando esta parte dedicada a "La Góndola del Tesoro", es importante destacar que a pesar de las altas e insoportables temperaturas reinantes en la ciudad, en ningún momento decayó el interés de la gran cantidad de gente que colmaba los shows donde se incluían los sorteos de cada mes. Una actuación relevante tuvo un cantante local llamado Rubén Monzón que protagonizó la parte artística de las cinco reuniones ante un público contagiado por la energía y el carisma de este artista muy aplaudido que le imprimió muchísima fuerza a cada una de las presentaciones. La gente de Bahía seguía respondiendo en forma incondicional, probándo que la alegría, premios bien distribuídos y muchos ganadores que a través de testimoniales en los medios, hacen creíbles este tipo de eventos, nos motivan a seguir generando ideas originales y de fácil aplicación que probado está, funcionan.

Giannis Fanariotis, "El Griego", 24 años después.

En 1978, le habíamos comprado a "Bocha" Gasparini, el fondo de comercio de la disquería que había instalado en un local de galería "Paseo del Angel". Elvira se ocupaba de administrar el negocio y Liliana Sieli, quién además de ser prima de Elvira, también era una eficaz e irreemplazable secretaria de nuestra agencia de publicidad, no tuvo otra alternativa que hacerse cargo de la casa de discos, ya que no solo era una chica muy carismática y responsable, sino también muy bonita y la única persona a quién podíamos confiarle el manejo de "Melody", nombre que le habíamos puesto a este pequeño emprendimiento. Una noche, fuimos con Elvira hasta el local que solo quedaba a unos 400 metros de nuestra oficina y encontramos a Liliana dialogándo con un muchacho de nacionalidad Griega. Se llamaba Giannis y solo hablaba en inglés. Castellano cero, o sea que era prácticamente imposible comunicarnos. Solo supimos que era oficial de la Marina Mercante de su país y el barco en el que estaba trabajando había llegado hasta el cercano puerto de Ingeniero White, donde permanecería amarrado un par de días. Notamos que Liliana y Giannis se entendían con gestos y miradas propias de dos jóvenes atractivos que estaban en la misma frecuencia. En aquellos tiempos, la Argentina estaba transitándo por un sangriento período, donde a diario desaparecían intelectuales, estudiantes, militantes de diferentes grupos clandestinos como el ERP, Montoneros, el Partido Comunista y los sindicalistas. Años oscuros donde imperaba el frío silencio que genera el miedo. Era evidente que nuestro visitante no ignoraba lo que aquí estaba ocurriendo, aunque mucho le llamaba la atención que esa misma noche, lo invitáramos a cenar al restaurante "Víctor", un sitio céntrico que era nuestro favorito y al que solíamos ir a comer con frecuencia. Seguíamos sin poder entendernos con Giannis, pero esta "barrera" idiomática no impedía que durante aquella cena, los cuatro nos sintiéramos cómodos y disfrutando de un momento sumamente agradable. Al salir del restaurante fuimos a nuestra casa, donde Giannis tomó una guitarra y entusiasmado, cantó una hermosa canción de su tierra. Volvimos a verlo, siempre con Elvira y Liliana. En pocas horas, aquel muchacho marino, se había convertido para nosotros en alguien muy querido y le brindamos toda nuestra atención y cariño.
Finalmente, Giannis debió partir con su barco y nunca volvimos a saber más nada de él. Casi 24 años después de aquello y estándo en nuestra casa de la ciudad de La Plata, recibimos un llamado telefónico que al principio nos llenó de sorpresa. Era el mismo Giannis hablando en perfecto castellano y diciéndonos que se encontraba en Buenos Aires y estaba ansioso por venir a vernos lo más rápido posible. Casi una hora más tarde, en una noche de lluvia, apareció ante nosotros. Elvira improvisó una cena, donde ninguno de nosotros tres podía ocultar sus emociones. Estábamos felices y agradecidos a Dios por aquella posibilidad de reencontrarnos con un Giannis de cabellos plateados que nos había estado buscando durante casi 20 años sin resultado alguno. Primeramente trató de localizarnos en Bahía, pero en esa época, ya estábamos viviendo en Mar del Plata y nuestro teléfono no figuraba en la guía. En tanto, seguía trabajando en la Marina Mercante Griega, donde había hecho una brillante carrera como oficial y paralelamente hizo un curso para aprender a hablar en castellano, siempre con la esperanza de encontrarnos algún día.
Seguía lloviendo en la ciudad de La Plata, y ya muy entrada la madrugada, Giannis y nosotros, relatábamos detalles de lo que había sido de nuestras respectivas vidas en ese largo período sin vernos. Había pedido un remisse para regresar a Buenos Aires, porque a primera hora de la mañana debía estar presente en las oficinas de la empresa naviera en la que estaba ocupándo un alto cargo. En una parte de aquel inolvidable encuentro, nos confesó que cuando partió del puerto de Bahía en 1978, se había prometido volver a encontrarse con nosotros porque jamás olvidaría el trato y el cariño que había recibido de nuestra parte en una tierra tan lejana a la suya y con la dificultad que significaba por entonces el no poder entendernos. Giannis el Ateniense, había cumplido con su palabra y cuando nos despedimos de él, nuestros corazones se entristecieron. Vimos partir a un hombre que nos había estado amando, extrañándo y buscándo para decirnos Gracias, gracias por tan lindos momentos. Hoy, en esta parte del blog donde relato aspectos de mi insólita existencia viviendo de sueños, yo también, al igual que Elvira, te decimos gracias a vos querido griego. Que bueno fué verte de nuevo y sentir que aún nuestras almas estaban intactas.

domingo, 18 de enero de 2009

Los 60 años de mi amigo Carlos "Negro" Kairuz, el "gladiador" de la vida.

Uno de los acontecimientos más felices que me tocó vivir durante el pasado 2008, fué la fiesta de cumpleaños de mi amigo y hermano Carlos "Negro" Kairuz, de quién ya hablé en páginas anteriores. El festejo se llevó a cabo en un "quincho" instalado en el Club de Campo Pago Chico, un hermoso predio que él junto a un grupo de amigos había soñado a principio de los años ochenta. Por aquel entonces, la idea de construir un country era algo demasiado alocado, pero a pesar de las muchas tormentas y dificultades que le tocaron vivir, Carlos siguió para adelante con su proyecto y finalmente logró hacerlo realidad. Mucho me emocioné cuando ví las viviendas, parquización, limpieza y estado del lugar donde al igual que los allí habitan, Carlos disfruta a diario de esa "isla" maravillosa y la práctica del golf, su deporte favorito.
Mi obsequio de cumpleaños, fué una caricatura que lo muestra como a un gladiador, posiblemente porque desde que éramos niños de diez años aún con pantalones cortos, lo ví como alguien decidido, con muchas pelotas y lejos de amilanarse ante cualquier problema pequeño o grande. A ese festejo concurrieron muchos de sus amigos de toda una vida, pero lamentáblemente no se me ocurrió llevar mi cámara digital para inmortalizar en imágenes el acontecimiento. Por suerte, el yerno del "Negro" fué previsor y tomó una buena serie de fotos que al igual que el dibujo pintado con témpera del "gladiador" Carlos, pondré en éste blog. Mucho me hubiera gustado tener fotos junto a algunos de los personajes que asistieron a esa linda y emotiva reunión. Allí me encontré después de muchos años con Juan Lucaiolli, un querido y recordado compañero del servicio militar, Raúl Galmarini con quién intentamos a principios del año 2000, reflotar al Sapo Sapienso, con la mala fortuna que en ése momento el país trataba de salir de una nueva crísis, quizás la más seria de todas las vividas en Argentina. También estaba "Bocha" Marra, a quién no veía desde hacía años y en medio de esa cantidad de asistentes, casi sesenta personas, vinieron a mi mente las imágenes de un pasado juvenil colmado de inolvidables recuerdos y vivencias únicas e irrepetibles. Carlos estaba feliz y ese sentimiento lo contagiaba, por sobre todas las cosas a aquellos que como yó, lo conocemos y amamos por su integridad y don de buena persona. Carlos y Graciela son abuelos. La vida no pasó en vano para éste matrimonio que se hizo sólido con los buenos y malos momentos por los que atravesaron firmemente unidos para hoy disfrutar tranquilos de la felicidad que les toca compartir en su hermosa casa de "Pago Chico".

Omar "Bocha" Gasparini, un entrañable amigo que decidió partir de éste mundo en silencio y sin despedirse.

Me acuerdo de él permanentemente, lo imagino apareciéndo sorpervisamente en nuestra casa o en los cafés a los que solíamos concurrir habitualmente. Se llamaba Omar Gasparini y le decían "Bocha". Era un tipo sumamente simpático, culto en extremo y consecuente a ultranza con sus amigos. Lo conocí gracias a Norbert Degoas, ya que ambos eran compinches inseparables de las correrías nocturnas que ambos protagonizaban noche a noche en la Bahía de los años sesenta. Su sonrisa particular lo diferenciaba del resto, ya que todo lo miraba con ojos de niño y para él, la vida era una cosntante aventura. Proveniente de una conocida familia de relojeros y joyeros, "Bocha" no tenía apremios económicos, vivía junto a su madre en un departamento ubicado en Brown y O´Higgins, pleno centro de la ciudad y estudiaba psiquiatría, una carrera que siempre le había apasionado. Estos estudios, que realizaba en Capital Federal, los llevaba a cabo sin urgencia alguna y de tanto en tanto, viajaba para rendir las materias respectivas. En una oportunidad, decidió irse a recorrer el mundo y no tuvo mejor idea que hablar con una importante empresa naviera y se embarcó en un carguero mercante. Estaba casi amaneciendo cuando lo fuimos a despedir al puerto local. El barco era de mediano porte y desde el muelle, junto a Degoas y otros amigos, lo saludábamos. "Bocha" estaba en la popa, sonreía feliz y agitaba un pañuelo, hasta que el buque se fué haciendo cada vez más pequeño en el horizonte.
Meses después regresó con un bagaje de las muchas anécdotas que había protagonizado en el viejo mundo, ya que había partido con escaso dinero y costeó su tour realizando diferentes trabajos. Las chicas de aquellos años, pugnaban por ser las "novias" de "Bocha", un seductor nato, que además de ser muy bien parecido era uno de los pocos del grupo de amigos, que al igual que Degoas tenía automóvil propio. El de "Bocha" era un imponente Chevrolet 400 y con él, siempre en buena compañía femenina solía recorrer la noche bahiense. Años más tarde, finalmente se recibió de médico psiquiatra, aunque había decidido no ejercer la profesión y sí dedicarse a los negocios, que por diversas razones nunca le salían bién. A principios de los setenta, Elvira y yó estábamos formando una pequeña familia, Virginia había nacido y estábamos abocados a de lleno a impulsar nuestra agencia de publicidad, aunque era una constante, encontrarnos con "Bocha" y quedarnos con él hasta altas horas de la noche riéndonos a carcajadas de las ocurrencias que iban surgiendo espontánemente. En una ocasión, "Bocha" nos comunica que había decidido alquilar un local de grandes dimensiones ubicado en la esquina de Alsina y Soler con la finalidad de instalar allí una heladería donde contaría con el apoyo de la prestigiosa empresa Noel. Mientras estaba decorando el negocio, en el mes de Noviembre, ya se sentía el fuerte calor de otro inminente verano bahiense, donde era casi imposible salir a la calle, principalmente a la hora de la siesta. Las altas temperaturas que reinaban en esos años solían recalentar el asfalto y todo indicaba que el emprendimiento de "Bocha", sería todo un éxito. Pero por alguna inexplicable razón, la imponente heladería aún con record de calor, siempre estaba vacía y eran muy escasos los clientes que allí entraban buscando deleitarse con ese exquisito producto. Tanto nosotros como "Bocha" no podíamos creer que ese negocio no funcionara. Lejos de amilanarse, "Bocha" buscaba refugio en la parte alta del local y se distendía escuchando hasta el cansancio temas de Barry White, su cantante preferido.
Con aquella heladería había perdido una considerable cantidad de dinero, pagó todas las deudas y la cerró al final de la nefasta temporada. No pasó mucho tiempo de aquello y "Bocha" apareció con la idea de montar una casa de venta de discos que funcionaría en un local de la galería "Paseo del Angel". Allí en pleno suceso de los Bee Gees, se instaló entusiasmado, aunque tampoco en esta nueva empresa, las cosas funcionaron y cansado de los Long Play , casettes y discos simples, "Bocha" nos ofreció en venta la disquería. Tanto yó como Elvira, sabíamos que ser comerciantes no era la nuestro, tampoco teníamos tiempo para atender ese negocio que de alguna manera nos complicaría, pero no podíamos fallarle a "Bocha" y le compramos todo el stock y las instalaciones. Empezamos a notar que durante largos períodos "Bocha" desaparecía de los lugares que solía frecuentar y permanecía encerrado en la habitación del departamento que compartía con su madre. Yo era uno de los pocos a quién le permitía el ingreso y hasta allí fuí a verlo en más de una oportunidad, encontrándome con un "Bocha" desconocido que pasaba horas en la cama, con barba crecida y pacientes en el pasillo reclamándo su atención profesional. Esas crísis respondían a la enfermedad que padecía; esquizofrenia, un mal que él mismo con su amplio conocimiento, se trataba. Conocía al detalle los síntomas, las épocas de los brotes y luchaba estoicamente contra ese padecer que tanto daño le causaba tanto en lo físico como lo mental. Cuando se recuperaba de aquellos "picos", "Bocha" reaparecía con su sonrisa de siempre, aunque no era difícil percibir que detrás de aquella mirada de chico inocente, se ocultaba una tristeza profunda. Cuando nos fuimos a vivir a Mar del Plata, perdimos contacto con él y sabíamos que estaba trabajando en el Hospital Penna, ocupando un cargo en el sector psiquiatría. En uno de los tantos viajes a Bahía, nos enteramos que "Bocha" había fallecido. Era muy jóven cuando decidió quitarse la vida, posiblemente atormentado por su enfermedad y también por la muerte de su madre, la única mujer que lo entendió, contuvo y amó con toda su alma. No pudo resitir esa ausencia y en la soledad del amplio departamento, tomó la iniciativa de ponerle fin a su atormentada existencia. Siempre recordaremos a "Bocha" como a un personaje único que además de su amistad sincera, e incondicional también colmó de alegría muchos momentos de nuestra vida.