Yo era muy pibe por entonces, pero jamás olvidaré a aquel señor con mayúsculas llamado Vicente Levantesi. Lo recuerdo impecáblemente vestido con sus elegantes trajes y dirigiendo la emisora LU3 Radio Del Sur con un profesionalismo poco común. Siempre tenía una sonrisa a flor de labios, su caminar era seguro y se movía por el edificio de la histórica emisora como quien conoce el todo y mucho más de ese mundo mágico y a su vez complejo llamado comunicación radial, donde las voces despiertan sensaciones inexplicables y el vuelo de la imaginación llega a las máximas alturas. Vicente era muy amigo de mi viejo Víctor. Ambos se conocían desde hacía mucho tiempo y solían compartír sus ratos libres en la luminosas mañanas de la inolvidable y cálida Pizzería "Pepito", una firma tradicional ubicada en Alsina al 200, donde a diario solían reunirse empleados, comerciantes y profesionales de todo tipo que junto a clientes habitués se reunían en sus amplias instalaciones para comer aquellas pizzas de sabor único acompañadas por el infaltable Cinzano o Gancia con ingredientes. Sitio donde estallaban risas espontáneas, anécdotas de todo tipo y mesas felices colmadas por personas de una Bahía Blanca que pertenece al nostálgico ayer sin retorno. Vicente Levantesi le puso su sello personal a la emisora que dirigía. En la programación de la radio la ebullición era constante, todo lo que se oía desde el edificio de calle Lamadrid casi Alsina además de novedoso, atrapaba por su estilo diferente. Tiempos en que la ciudad contaba con tres radios comerciales AM como LU7 radio general San Martín, LU2 Radio Bahía Blanca y LU3 que competían fuertemente y en cada una de ellas se movía un amplio universo de programas y personas que volcaban lo mejor de sí en sus variados programas. Cuando pasaba por la legendaria "Pepito" y veía a mi padre charlando animadamente con Vicente, pensaba; "que bueno ser amigo de tamaño personaje". Quizás por esa época yo era muy chico y aún no había llegado el momento de mi oportunidad profesional, pero como ya conté antes, iba "mamando" todo lo que emergía de ese mundo al que pocos años después pude acceder para permanecer en él hasta la actualidad.
En más de dos o tres oportunidades y estando en algún café céntrico junto a Edgardo Levantesi, sobrino de Vicente, cuando llegaba el momento de llamar al mozo para pagarle, éste nos respondía; "está pago, muchachos. El señor Vicente se hizo cargo". Vicente Levantesi era intuitivo, sabía claramente cuando estaba frente al eventual protagonista de un éxito seguro y su percepción a la hora de elegir responsables para los envíos de LU3, era difícil que fallara. En esa onda dejaron su estela luminosa valiosos locutores, conductores de programas musicales, notables periodistas e importantes figuras del radioteatro local que aún no han tenido su merecido, justo y necesario homenaje en la historia de la radiofonía bahiense. Al fallecer Vicente Levantesi, en uno de los estudios de LU3, durante mucho tiempo estuvo colgado un magnífico óleo con su rostro. Aquel era uno de los retratos más perfectos que ví en mi vida, porque además de su realización exacta, poseía una intensa luz propia. Ignoro quien fué el autor de la obra y me pregunto; "¿quien tendrá hoy ese cuadro de Vicente?".
Después LU3, con la llegada de la televisión iniciaría un dificultoso e incierto camino donde surgían nuevos gerentes que hacían lo que podían, pero por alguna razón no encontraban el rumbo correcto. La mística lograda en los gloriosos inicios se iba diluyendo y ya nada volvería a ser igual o comparable. Después de mi paso por LU2 Radio Bahía Blanca, empresa donde inicié mi carrera como conductor de programas musicales, a principio de los años setenta, Oscar "Bibi" Coleffi, quien había sido designado gerente comercial de LU3, me convocó para sumarme a la programación de esa querida radio donde tuve la oportunidad de estar al frente de contenidos como "Desde el Jardín", "Sabor a Vacaciones". "Los MH Positivos", "Domingos en Caravana", "Viva la Gente" y "Cómplice" entre otros, cada vez que entraba al estudio central para iniciar mi tarea frente al micrófono, allí a pocos metros estaba el retrato de Vicente Levantesi y de alguna manera, lo sentía cerca mío, como si su espíritu de hombre de radio, estuviera alentándonos desde algún sitio lejano llamado paraíso, tanto a mí como a los otros jóvenes que trabajábamos en ese edificio habitado por duendes comunicadores.
Las últimas gerencias estuvieron a cargo de Oscar "Bibi" Coleffi, una excelente persona que además de ser un notorio relator deportivo, hasta el final de sus días le puso a la radio toda su pasión para intentar sacarla a flote. Lamentablemente el querido "Bibi", falleció muy jóven. A él, le sucede Pablo B.Serrat otro reconocido hombre de los medios quién deja de existir en la década del noventa.
Hace pocas semanas, en un caluroso Marzo del 2009, entré después de muchos años al edificio de LU3, una elegante y amplia casona donde alguna vez viviera y se inspirara el escritor Eduardo Mallea. Aún, la voz de LU3 Radio del Sur, sigue en el aire. Más débil que en otras épocas, con menor potencia, resistiendo con uñas y dientes a los embates de las sucesivas crísis económicas y las feroces depredaciones sufridas durante varias décadas de pésimas dirigencias. Hoy la emisora está conducida por un grupo de empleados que formó una cooperativa. Entre ellos se encuentra un veterano periodista de apellido Mc Dougall, que en una charla informal me contó los padecimientos que tuvo la radio en su penoso transitar, prácticamente a la deriva donde se instalaron Dios sabe elegidos por quién, una serie de incompetentes interventores que la sumieron a una triste miseria e inexplicable inacción. También me relató que gran parte del material discográfico y equipos desaparecieron "de noche" posiblemente en esos clásicos robos "hormiga", donde los inescrupulosos de siempre, lejos, muy lejos de parecerse minimamente a los artífices verdaderos de la epopeya radial, quisieron tener en el inventario de su alma oscura un pedazo inmerecido de una bella historia a la que nunca pertenecerán, porque felizmente cada capítulo de la misma, solo habita en el fantástico universo de los grandes hombres que la forjaron.
jueves, 30 de abril de 2009
sábado, 25 de abril de 2009
Recordando el paso por nuestras vidas de aquel hermoso niño llamado Víctor Gómez
Esto sucedió a principio de los años ochenta, últimos tiempos de la dictadura militar Argentina. Por entonces, el Patronato de la Infancia de Bahía Blanca, albergaba a muchos niños de ambos sexos, algunos vivían en ese edificio histórico creado por Don Adelino Gutiérrez por su condición de huérfanos o bien porque provenían de hogares carenciados que no podían brindarles las necesidades mínimas que un chico necesita para crecer dignamente como educación, alimentos y un entorno familiar saludable. El Patronato se caracterizó siempre por ser una institución seria que realmente se ocupaba de la infancia y en ese entonces la obra se mantenía con la colaboración de empresas y ciudadanos locales más algún aporte del gobierno provincial. En varias oportunidades las autoridades de turno, nos solicitaban que colaboremos en la difusión de diferentes campañas, algo que tanto yo como mis colegas de la radio hacíamos espontáneamente y con muy buenos resultados. Había allí muchos pequeños, algunos contaban con la visita de sus familiares y otros lo pasaban en soledad, principalmente los fines de semana, fué entonces que la entidad lanzó una campaña para que Sábados y Domingos, la comunidad se acerque al Patronato e invite a un niño a su casa, una manera inteligente de integrar de a poco a los allí alojados a la sociedad y convivir con las familias que se sumaran a esta positiva acción. Recuerdo que durante un día sábado, concurrí al edificio, con la simple intención de visitar a los chicos, cuando uno de ellos, imprevistamente se aferró a mi pierna derecha y con la mirada más inocente, tierna y bella del mundo me dijo; "lleváme con vos". El niño tenía unos cuatro años, sus ojos eran negros y poseían un brillo y expresión poco común. Se llamaba Víctor, igual que mi viejo. No lo dudé y solicité a las autoridades de turno que me permitan llevarlo a casa durante ese fin de semana. Completé unos formularios, donde por 48 horas me hacía responsable del pequeño que resultó llamarse Víctor Gómez. Grande fué la sorpresa primero y la posterior alegría tanto de Elvira como de Virginia cuando me vieron llegar acompañado por el niño, quién rápidamente se integró a nuestra pequeña familia. Lo primero que hicimos ese sábado a la tarde fué comprarle ropa nueva. Al día siguiente, nos ocupamos de llevarlo a pasear y allí nuestro huesped descubrió el mágico encanto de la calesita del Parque de Mayo, donde no se cansaba de dar vueltas y vueltas.
En solo dos días, Víctor pasó a ser un hijo más para nosotros. A mi me decía Papá y a Elvira, Mamá. Cariñoso en extremo y poseedor de una dulzura innata, Víctor también estaba dotado de una gran simpatía y risa contagiosa. El era feliz y nosotros mucho más. Para Virginia pasó a ser el hermanito que no había tenido y gracias a una conversación que mantuve con la jueza de menores, logramos una tenencia temporaria de la criatura. El hecho de ser alguien conocido en los medios, ayudó mucho a la hora de pedir esa custodia limitada, ya que los requisitos necesarios para ello, también contemplaban la inspección de nuestra casa por parte de una visitadora social. A partir de una allí comenzó para nosotros una etapa hermosa donde nuestra existencia cotidiana se había transformado totalmente con las ocurrencias y las inquietudes inocentes del pequeño gran Víctor, el hijo varón que no habíamos podido tener por causas naturales y ahora Dios ponía en nuestro hogar.
Los paseos se repetían, el niño no paraba de sorprenderse con las distintas visitas a un gran salón de juegos infantiles mecánicos que tanto le gustaban. Durante la noche, le encantaba oir cuentos que le relatábamos antes de dormir y un inolvidable rostro de felicidad que parecía estallar cada mañana a la hora del desayuno.
Pero un buen día, me citan en el Juzgado de Menores al que asisto entusiasmado pensando que allí me darían algo más que la tenencia temporal. La Jueza, una mujer jóven y muy comprensiva, me comunica que el padre del pequeño había salido de la cárcel y lo reclamaba, porque lo asistía ese derecho. En pocas palabras, de acuerdo a las leyes, Víctor debía retornar al Patronato y posteriormente a su hogar. Fué aquel el peor día de mi existencia, ya que yo mismo debía encargarme de llevarlo al mismo edificio donde pocos meses antes lo había sacado para llevarlo a nuestra casa.
Cuando me iba aproximando con el auto, Víctor presintió que algo no andaba bien, primero se puso nervioso y luego comenzó a llorar diciéndome; "nó papá, acá nó, vamos a casa". El momento era terrible, nada podía hacer por aquel chico que durante algún tiempo breve que pareció una eternidad, había sido nuestro hijo. La órden del Juzgado era inamovible y si no se cumplía podrían surgir graves complicaciones para mí, ya que había aceptado hacerme responsable del pequeño. Una de las preceptoras de la institución, nos estaba esperando en la puerta de acceso y allí, al verla, Víctor se aferró a mí con todas sus fuerzas y seguía gritando ya de manera desgarradora. La empleada me pidió amablemente que me quede afuera y lo condujo hacia el interior. Los gritos del chico eran cada vez más fuertes. Nada pude hacer, escuché su voz reclamándo mi ayuda hasta que finalmente se fué perdiendo en el largo pasillo. Aquellos gritos aún resuenan en mis oídos, principalmente cuando me rogaba; "papá, papá no me dejes". Ojalá Dios y el destino me pusieran alguna vez delante de Víctor Gómez, hoy, un muchacho ya grande, que alguna vez hace casi 30 años, pudo haber crecido feliz a nuestro lado como un amado hijo que lamentáblemente nos arrebató el destino.
En solo dos días, Víctor pasó a ser un hijo más para nosotros. A mi me decía Papá y a Elvira, Mamá. Cariñoso en extremo y poseedor de una dulzura innata, Víctor también estaba dotado de una gran simpatía y risa contagiosa. El era feliz y nosotros mucho más. Para Virginia pasó a ser el hermanito que no había tenido y gracias a una conversación que mantuve con la jueza de menores, logramos una tenencia temporaria de la criatura. El hecho de ser alguien conocido en los medios, ayudó mucho a la hora de pedir esa custodia limitada, ya que los requisitos necesarios para ello, también contemplaban la inspección de nuestra casa por parte de una visitadora social. A partir de una allí comenzó para nosotros una etapa hermosa donde nuestra existencia cotidiana se había transformado totalmente con las ocurrencias y las inquietudes inocentes del pequeño gran Víctor, el hijo varón que no habíamos podido tener por causas naturales y ahora Dios ponía en nuestro hogar.
Los paseos se repetían, el niño no paraba de sorprenderse con las distintas visitas a un gran salón de juegos infantiles mecánicos que tanto le gustaban. Durante la noche, le encantaba oir cuentos que le relatábamos antes de dormir y un inolvidable rostro de felicidad que parecía estallar cada mañana a la hora del desayuno.
Pero un buen día, me citan en el Juzgado de Menores al que asisto entusiasmado pensando que allí me darían algo más que la tenencia temporal. La Jueza, una mujer jóven y muy comprensiva, me comunica que el padre del pequeño había salido de la cárcel y lo reclamaba, porque lo asistía ese derecho. En pocas palabras, de acuerdo a las leyes, Víctor debía retornar al Patronato y posteriormente a su hogar. Fué aquel el peor día de mi existencia, ya que yo mismo debía encargarme de llevarlo al mismo edificio donde pocos meses antes lo había sacado para llevarlo a nuestra casa.
Cuando me iba aproximando con el auto, Víctor presintió que algo no andaba bien, primero se puso nervioso y luego comenzó a llorar diciéndome; "nó papá, acá nó, vamos a casa". El momento era terrible, nada podía hacer por aquel chico que durante algún tiempo breve que pareció una eternidad, había sido nuestro hijo. La órden del Juzgado era inamovible y si no se cumplía podrían surgir graves complicaciones para mí, ya que había aceptado hacerme responsable del pequeño. Una de las preceptoras de la institución, nos estaba esperando en la puerta de acceso y allí, al verla, Víctor se aferró a mí con todas sus fuerzas y seguía gritando ya de manera desgarradora. La empleada me pidió amablemente que me quede afuera y lo condujo hacia el interior. Los gritos del chico eran cada vez más fuertes. Nada pude hacer, escuché su voz reclamándo mi ayuda hasta que finalmente se fué perdiendo en el largo pasillo. Aquellos gritos aún resuenan en mis oídos, principalmente cuando me rogaba; "papá, papá no me dejes". Ojalá Dios y el destino me pusieran alguna vez delante de Víctor Gómez, hoy, un muchacho ya grande, que alguna vez hace casi 30 años, pudo haber crecido feliz a nuestro lado como un amado hijo que lamentáblemente nos arrebató el destino.
lunes, 30 de marzo de 2009
Cuando en plena dictadura militar se me ocurre la poco feliz idea de producir una comedia teatral llamada "La Noche que Draculón se levantó del Cajón"
En aquellos años, 1978, las cosas en la Argentina se ponían muy complicadas a la hora de intentar transgredir las reglas arcaicas propias de una tiranía. Ya relaté que la censura llegaba al cine, las revistas, los diarios, la música, la radio, la publicidad y también al teatro. Todo parecía estar prohibido, inclusive se controlaban rigurosamente los avisos donde aparecía alguna chica escultural que se atreviera a mostrar sus dotes naturales sin tomar los recaudos que exigía el censor de turno, por ejemplo, exhibir una parte de sus senos. Para evitar este pecado de osadía, era frecuente observar que las publicidades de revistas las modelos fotografiadas debían usar ridículos y pacatos corpiños o bikinis que las cubrían grotescamente. En medio de aquella locura donde también abundaba la violencia y el miedo, se me ocurre escribir una comedia teatral que titulé "La Noche que Draculón se Levantó del Cajón". Comencé a escribirla con la intención de divertirme o evadirme de la cruenta realidad que por aquellos años se vivía en Argentina. Una tarde, le comenté la idea a Armando "Cococho" Alvarez, un singular personaje bahiense que junto a un socio se había hecho cargo del teatro Rossini y los cines Unión y Candilejas. Alvarez era un loco lindo que años atrás había cumplido tareas como operador en la antológica emisora LU3 Radio Del Sur, y a mi entender, ya que tuve la oportunidad de trabajar con él en varios contenidos musicales, tuvo allí un desempeño brillante donde a la hora de ocuparse de la mesa de sonidos tanto como para hacer un programa en vivo o grabaciones se destacaba por su rapidez y creatividad en las ediciones o cambios de cortinas que en esos años se realizaban con tecnología muy básica como los grabadores de cinta o las bandejas giradiscos,
A "Cococho" Alvarez le estaba yendo muy bien economicamente con su carrera de empresario y se entusiasmó tanto con el proyecto de mi comedia que ofreció asociarse para comenzar de inmediato con la búsqueda de un elenco de actrices y actores que reunieran las condiciones necesarias como para que la obra se hiciera con el respaldo de una buena producción. Lo primero que hicimos fué publicar un aviso en el diario local convocando a un casting de actores de ambos sexos. Pactamos con "Cococho" que los ensayos los haríamos en un amplio espacio que yo tenía en un sector de Palacios Publicidad, ya que la casa donde funcionaba la agencia contaba con unos 400 metros cubiertos. Obsesionados por lograr que la comedia saliera lo mejor posible, contratamos a un reconocido director teatral de Bahía, que manejaba un pequeño teatro under ubicado a pocos metros de nuestra agencia.
El director y su elenco teatral estaban en la mira de los militares y en más de una oportunidad le habían allanado el edificio por sus inclinaciones hacia la izquierda. Esta persecución originada en motivos netamente ideológicos le estaba ocasionando serios inconvenientes anímicos y económicos, ya que por lógico temor el público no asistía a ver las obras que programaba y los alumnos de su escuela de teatro dejaban de asistir por miedo a quedar fichados por los servicios de inteligencia.
En el momento en que le dimos una copia del libreto a este buen director, nos dimos cuenta que aceptó la tarea resignadamente y solo porque necesitaba dinero. Nunca lo puso de manifiesto, pero seguramente en su interior no estaba para nada convencido del liviano contenido argumental de la propuesta.
El argumento; Durante una noche tormenta un vehículo que transportaba a las integrantes de una compañía itinerante de teatro erótico, debido a un desperfecto mecánico queda detenido en un solitario camino en medio de un verdadero temporal. El chofer es un homosexual que a su vez también cumple tareas como peluquero y modisto de la paupérrima compañía, le sugiere a las tres esculturales muchachas que integran el elenco que lo mejor que pueden hacer para salir de la emergencia es empezar a caminar por el solitario camino intentando encontrar ayuda.
Totalmente empapados, los cuatro protagonistas, avanzan dificultosamente por la oscuridad del tétrico paraje hasta que una de las jóvenes divisa las luces de lo que parece ser una vivienda ubicada a unos cien metros de distancia. Con mucho esfuerzo, llegan por fin hasta el sitio y con sorpresa observan que se trata de una imponente y antigua mansión construída en medio del espeso bosque. Los náufragos de la tormenta caminan desesperados hasta la gran puerta de entrada y golpean repetidamente el aldabón, hasta que a los pocos minutos, con un chirrido de goznes, la pesada puerta se abre y aparece un horrible enano con joroba quien les pregunta que desean. Los cuatro desgraciados, casi al borde de sus fuerzas le explican lo ocurrido al personaje, que resulta ser el mayordomo de la casona. El hombre, con una sonrisa siniestra los invita a pasar y ubicarse cerca de un gigantesco hogar donde crepitan los leños que alimentan el fuego del amplísimo y lujoso living. A los pocos minutos, el mayordomo que se llama Ariel, les trae ropa seca y toallas. Los cuatro visitantes han entrado en calor, sus cuerpos antes semicongelados, ahora están secos y se sienten cómodos, aunque Romualdo, el chofer, maquillador y peluquero de la compañía itinerante descubre con una mezcla de miedo y curiosidad que en un sector de la sala, se encuentra un féretro. Ariel el mayordomo les explica que allí descansa el cuerpo del conde Draculón, quien falleció hace veinte años. En ese mismo momento, Sandra una de las bailarinas de la troupe, queda fascinada al ver en una de las paredes de piedra el retrato al óleo de un elegante y atractivo hombre. La pintura al óleo es una verdadera obra de arte y la tela de importantes dimensiones está enmarcada con gruesas varillas de oro. "¿Quien es ese señor tan buen mozo?"- pregunta la pulposa sandra. El mayordomo con cierta tristeza le responde; "ese caballero es mi amo, el conde Draculón, quien se encuentra en ese féretro a la espera del beso que lo despierte de su largo sueño". Es allí cuando el amanerado Romualdo, replica con cierta ironía; "¿Dice usted que un simple beso puede despertar al difunto?"; "efectivamente, mi querido amigo. Probado está que la leyenda de la dinastía Draculón, dice que si a mi amo una mujer rubia y esbelta le succiona el pene con cariño y pasión, mi amo volverá de inmediato a la vida". Los presentes no pueden evitar sus carcajadas al oir lo que sin inmutarse termina de decir Ariel, quién no puede ocultar su disgusto ante esta reacción irrespetuosa. Carola, una morocha de pechos turgentes, movida por la curiosidad le pide al mayordomo que quite la tapa del ataúd para ver el cuerpo del conde. El mayordomo jorobado, asiente con una leve inclinación de cabeza y se dirige hacia el costoso féretro rodeado de manijas e incrustaciones de plata procediendo a abrir la pesada tapa. Los ventanales se iluminan por segundos con los rayos acompañados por fuertes truenos producidos por la fuerte tormenta de viento y lluvia. El mayordomo ya ha descubierto el interior del ataúd y los visitantes se acercan temerosos. El rostro del conde Draculón está intacto, pero más allá de su palidez, no da la impresión de ser un cadáver. Las tres coristas quedan deslumbradas al observar el bello rostro del conde, y Sandra, espontáneamente comienza a acariciar los cabellos del ocupante del féretro. Ariel al notar esta actitud, dirigiéndose a la joven le dice; "Señorita, si usted se anima a besar el pene de mi amo, recibirá una bolsa repleta de monedas de oro, esa es la recompensa destinada para la mujer que lo resucite".
Sandra al oir esto, comienza a recorrer con sus delgadas manos el cuerpo del conde, quien está vestido con un impecable frac de color negro. Cuando está llegando a la parte de la bragueta, mira fijamente al mayordomo y le pregunta; "Si se la beso y el conde revive, ¿quien me garantiza que recibiré esa recompensa?". "Vea desconfiada señorita, para que usted compruebe la seriedad de la propuesta, ahora mismo le entregaré a modo de anticipo la mitad del contenido de las piezas de oro. Sírvase y proceda a llevar a cabo la tarea". Sandra, recibe la bolsa, no puede creer que será inmensamente rica por el simple hecho de besar el pene de un muerto al que supone embalsamado. Muchas veces ha hecho esto, prostituyéndose a cambio de miserables retribuciones, ya no duda y quita todos los botones de la bragueta. Un miembro fláccido pero de impresionante tamaño queda al descubierto. Al ver esto, Romualdo el peluquero exclama; "Hay chicas, miren eso, ¿no lo puedo besar yó también?". En segundos, movido por las artes desplegadas por la lengua y boca de Sandra, el pene comienza a crecer casi imparable y el rostro antes apacible del conde Draculón comienza a transformarse con vivos movimientos y gestos de placer. La bizarra obra continúa en escena mostrando juegos sexuales sugeridos en los que interactúan el chofer homosexual, el enano, el conde y las tres coristas. Todo en un clima de descontrol, donde abundan bailes eróticos, un strep tease de Zulma, otra de las chicas de la troupe y un romance furioso entre el deforme mayordomo y Carola. No recuerdo con claridad los detalles finales de esta alocada obra, sí puedo asegurar que además de los ensayos diarios y las exigencias del director que oportunamente contratamos, también invertimos en un ataud verdadero, vestuario y una escenografía muy bien lograda del living del palacio del conde Draculón. "Cococho" fué el encargado de hacer contactos con distintos teatros de la zona de influencia con el fin de alquilar las salas y hacer el cronograma de actuaciones de nuestra flamante compañía de revistas.
En pocos días, comenzamos a recibir llamados de distintos pequeños y medianos empresarios interesados en llevar la comedia a diferentes localidades. El ansiado debut de "La Noche que Draculón se Levantó del Cajón", fué programado para dos funciones que se llevarían a cabo un día sábado en una ciudad cercana a Bahía Blanca. "Cococho" alquiló los servicios de una combi, el vehículo que transportaría al elenco, iluminadores, sonidistas, etc. También se encargaron fotos a gran tamaño de los artistas y sus respectivos afiches. Al primer día del lanzamiento de la publicidad, que además de la gráfica también incluía el audio de un móvil callejero provisto de un equipo de sonido (propaladora) que recorría mañana y tarde las calles de la ciudad elegida para el gran estreno. Ya se habían vendido casi el ochenta por ciento de las entradas. "Cococho", había viajado anticipadamente para ocuparse de todos los detalles del debut y me llamaba permanentemente por teléfono. Cerca de las 20 horas del día elegido, vuelve a comunicarse, pero en esta oportunidad se lo escuchaba sumamente nervioso y casi fuera de sí. "Calmate y contáme que está pasando "Cococho", le dije. Del otro lado se produce un breve silencio y con voz quebrada me responde; "cagamos loco, vino el ejército, sacaron las fotos, prohibieron la venta de entradas y cerraron el teatro". "Bueno, pero al menos estás vivo, juntá al elenco y veníte cuanto antes con toda la gente", le sugerí.
De esta forma abrupta y casi previsible concluyó mi primera incursión como autor y co-productor de esta mediocre comedia musical que murió antes de nacer. Días después nos enteramos que los integrantes de una influyente Liga de la Moral, quienes al enterarse del pornográfico estreno, no dudaron en denunciarnos y todo terminó en una anécdota o intento transgresor en una época oscura donde reinaba la muerte, las desapariciones, el dolor, la confusión y una serie de horrores que nos marcaron a fuego con una secuela de odios y rencores que aún perduran sin perdón ni olvido. Aquella prohibición que sufrimos con "La Noche que Draculón se Levantó del Cajón" fué algo muy mínimo si lo comparamos con las que sufrieron calificados autores de obras serias y comprometidas, artistas de cine y teatro, escritores, periodistas, psicólogos, profesores, trabajadores o simples ciudadanos que perdieron la vida, fueron encarcelados o alcanzaron a salir a tiempo del país,exiliarse y así salvar su vida refugiándose en la nostalgia o el desarraigo de los países amigos que por aquellos años los recibían incondicionalmente.
A "Cococho" Alvarez le estaba yendo muy bien economicamente con su carrera de empresario y se entusiasmó tanto con el proyecto de mi comedia que ofreció asociarse para comenzar de inmediato con la búsqueda de un elenco de actrices y actores que reunieran las condiciones necesarias como para que la obra se hiciera con el respaldo de una buena producción. Lo primero que hicimos fué publicar un aviso en el diario local convocando a un casting de actores de ambos sexos. Pactamos con "Cococho" que los ensayos los haríamos en un amplio espacio que yo tenía en un sector de Palacios Publicidad, ya que la casa donde funcionaba la agencia contaba con unos 400 metros cubiertos. Obsesionados por lograr que la comedia saliera lo mejor posible, contratamos a un reconocido director teatral de Bahía, que manejaba un pequeño teatro under ubicado a pocos metros de nuestra agencia.
El director y su elenco teatral estaban en la mira de los militares y en más de una oportunidad le habían allanado el edificio por sus inclinaciones hacia la izquierda. Esta persecución originada en motivos netamente ideológicos le estaba ocasionando serios inconvenientes anímicos y económicos, ya que por lógico temor el público no asistía a ver las obras que programaba y los alumnos de su escuela de teatro dejaban de asistir por miedo a quedar fichados por los servicios de inteligencia.
En el momento en que le dimos una copia del libreto a este buen director, nos dimos cuenta que aceptó la tarea resignadamente y solo porque necesitaba dinero. Nunca lo puso de manifiesto, pero seguramente en su interior no estaba para nada convencido del liviano contenido argumental de la propuesta.
El argumento; Durante una noche tormenta un vehículo que transportaba a las integrantes de una compañía itinerante de teatro erótico, debido a un desperfecto mecánico queda detenido en un solitario camino en medio de un verdadero temporal. El chofer es un homosexual que a su vez también cumple tareas como peluquero y modisto de la paupérrima compañía, le sugiere a las tres esculturales muchachas que integran el elenco que lo mejor que pueden hacer para salir de la emergencia es empezar a caminar por el solitario camino intentando encontrar ayuda.
Totalmente empapados, los cuatro protagonistas, avanzan dificultosamente por la oscuridad del tétrico paraje hasta que una de las jóvenes divisa las luces de lo que parece ser una vivienda ubicada a unos cien metros de distancia. Con mucho esfuerzo, llegan por fin hasta el sitio y con sorpresa observan que se trata de una imponente y antigua mansión construída en medio del espeso bosque. Los náufragos de la tormenta caminan desesperados hasta la gran puerta de entrada y golpean repetidamente el aldabón, hasta que a los pocos minutos, con un chirrido de goznes, la pesada puerta se abre y aparece un horrible enano con joroba quien les pregunta que desean. Los cuatro desgraciados, casi al borde de sus fuerzas le explican lo ocurrido al personaje, que resulta ser el mayordomo de la casona. El hombre, con una sonrisa siniestra los invita a pasar y ubicarse cerca de un gigantesco hogar donde crepitan los leños que alimentan el fuego del amplísimo y lujoso living. A los pocos minutos, el mayordomo que se llama Ariel, les trae ropa seca y toallas. Los cuatro visitantes han entrado en calor, sus cuerpos antes semicongelados, ahora están secos y se sienten cómodos, aunque Romualdo, el chofer, maquillador y peluquero de la compañía itinerante descubre con una mezcla de miedo y curiosidad que en un sector de la sala, se encuentra un féretro. Ariel el mayordomo les explica que allí descansa el cuerpo del conde Draculón, quien falleció hace veinte años. En ese mismo momento, Sandra una de las bailarinas de la troupe, queda fascinada al ver en una de las paredes de piedra el retrato al óleo de un elegante y atractivo hombre. La pintura al óleo es una verdadera obra de arte y la tela de importantes dimensiones está enmarcada con gruesas varillas de oro. "¿Quien es ese señor tan buen mozo?"- pregunta la pulposa sandra. El mayordomo con cierta tristeza le responde; "ese caballero es mi amo, el conde Draculón, quien se encuentra en ese féretro a la espera del beso que lo despierte de su largo sueño". Es allí cuando el amanerado Romualdo, replica con cierta ironía; "¿Dice usted que un simple beso puede despertar al difunto?"; "efectivamente, mi querido amigo. Probado está que la leyenda de la dinastía Draculón, dice que si a mi amo una mujer rubia y esbelta le succiona el pene con cariño y pasión, mi amo volverá de inmediato a la vida". Los presentes no pueden evitar sus carcajadas al oir lo que sin inmutarse termina de decir Ariel, quién no puede ocultar su disgusto ante esta reacción irrespetuosa. Carola, una morocha de pechos turgentes, movida por la curiosidad le pide al mayordomo que quite la tapa del ataúd para ver el cuerpo del conde. El mayordomo jorobado, asiente con una leve inclinación de cabeza y se dirige hacia el costoso féretro rodeado de manijas e incrustaciones de plata procediendo a abrir la pesada tapa. Los ventanales se iluminan por segundos con los rayos acompañados por fuertes truenos producidos por la fuerte tormenta de viento y lluvia. El mayordomo ya ha descubierto el interior del ataúd y los visitantes se acercan temerosos. El rostro del conde Draculón está intacto, pero más allá de su palidez, no da la impresión de ser un cadáver. Las tres coristas quedan deslumbradas al observar el bello rostro del conde, y Sandra, espontáneamente comienza a acariciar los cabellos del ocupante del féretro. Ariel al notar esta actitud, dirigiéndose a la joven le dice; "Señorita, si usted se anima a besar el pene de mi amo, recibirá una bolsa repleta de monedas de oro, esa es la recompensa destinada para la mujer que lo resucite".
Sandra al oir esto, comienza a recorrer con sus delgadas manos el cuerpo del conde, quien está vestido con un impecable frac de color negro. Cuando está llegando a la parte de la bragueta, mira fijamente al mayordomo y le pregunta; "Si se la beso y el conde revive, ¿quien me garantiza que recibiré esa recompensa?". "Vea desconfiada señorita, para que usted compruebe la seriedad de la propuesta, ahora mismo le entregaré a modo de anticipo la mitad del contenido de las piezas de oro. Sírvase y proceda a llevar a cabo la tarea". Sandra, recibe la bolsa, no puede creer que será inmensamente rica por el simple hecho de besar el pene de un muerto al que supone embalsamado. Muchas veces ha hecho esto, prostituyéndose a cambio de miserables retribuciones, ya no duda y quita todos los botones de la bragueta. Un miembro fláccido pero de impresionante tamaño queda al descubierto. Al ver esto, Romualdo el peluquero exclama; "Hay chicas, miren eso, ¿no lo puedo besar yó también?". En segundos, movido por las artes desplegadas por la lengua y boca de Sandra, el pene comienza a crecer casi imparable y el rostro antes apacible del conde Draculón comienza a transformarse con vivos movimientos y gestos de placer. La bizarra obra continúa en escena mostrando juegos sexuales sugeridos en los que interactúan el chofer homosexual, el enano, el conde y las tres coristas. Todo en un clima de descontrol, donde abundan bailes eróticos, un strep tease de Zulma, otra de las chicas de la troupe y un romance furioso entre el deforme mayordomo y Carola. No recuerdo con claridad los detalles finales de esta alocada obra, sí puedo asegurar que además de los ensayos diarios y las exigencias del director que oportunamente contratamos, también invertimos en un ataud verdadero, vestuario y una escenografía muy bien lograda del living del palacio del conde Draculón. "Cococho" fué el encargado de hacer contactos con distintos teatros de la zona de influencia con el fin de alquilar las salas y hacer el cronograma de actuaciones de nuestra flamante compañía de revistas.
En pocos días, comenzamos a recibir llamados de distintos pequeños y medianos empresarios interesados en llevar la comedia a diferentes localidades. El ansiado debut de "La Noche que Draculón se Levantó del Cajón", fué programado para dos funciones que se llevarían a cabo un día sábado en una ciudad cercana a Bahía Blanca. "Cococho" alquiló los servicios de una combi, el vehículo que transportaría al elenco, iluminadores, sonidistas, etc. También se encargaron fotos a gran tamaño de los artistas y sus respectivos afiches. Al primer día del lanzamiento de la publicidad, que además de la gráfica también incluía el audio de un móvil callejero provisto de un equipo de sonido (propaladora) que recorría mañana y tarde las calles de la ciudad elegida para el gran estreno. Ya se habían vendido casi el ochenta por ciento de las entradas. "Cococho", había viajado anticipadamente para ocuparse de todos los detalles del debut y me llamaba permanentemente por teléfono. Cerca de las 20 horas del día elegido, vuelve a comunicarse, pero en esta oportunidad se lo escuchaba sumamente nervioso y casi fuera de sí. "Calmate y contáme que está pasando "Cococho", le dije. Del otro lado se produce un breve silencio y con voz quebrada me responde; "cagamos loco, vino el ejército, sacaron las fotos, prohibieron la venta de entradas y cerraron el teatro". "Bueno, pero al menos estás vivo, juntá al elenco y veníte cuanto antes con toda la gente", le sugerí.
De esta forma abrupta y casi previsible concluyó mi primera incursión como autor y co-productor de esta mediocre comedia musical que murió antes de nacer. Días después nos enteramos que los integrantes de una influyente Liga de la Moral, quienes al enterarse del pornográfico estreno, no dudaron en denunciarnos y todo terminó en una anécdota o intento transgresor en una época oscura donde reinaba la muerte, las desapariciones, el dolor, la confusión y una serie de horrores que nos marcaron a fuego con una secuela de odios y rencores que aún perduran sin perdón ni olvido. Aquella prohibición que sufrimos con "La Noche que Draculón se Levantó del Cajón" fué algo muy mínimo si lo comparamos con las que sufrieron calificados autores de obras serias y comprometidas, artistas de cine y teatro, escritores, periodistas, psicólogos, profesores, trabajadores o simples ciudadanos que perdieron la vida, fueron encarcelados o alcanzaron a salir a tiempo del país,exiliarse y así salvar su vida refugiándose en la nostalgia o el desarraigo de los países amigos que por aquellos años los recibían incondicionalmente.
lunes, 23 de marzo de 2009
Diciembre 2008, lanzamiento del exitoso concurso "Soñá y Ganá con El Palacio del Colchón y Suavestar".
Increíblemente, gracias a Dios y los espíritus protectores, las ideas, desde algún lugar del universo, siguen viniendo a mí y se transforman en realidad. "Soñá y Ganá" es una de las campañas más jugadas de mi extensa carrera en esta apasionante profesión de creativo. La idea se la presenté en Septiembre del 2008 a la firma El Palacio del Colchón, una empresa bahiense y de familia, que tiene cuarenta años de trayectora en la ciudad. María Lina Benedetti y su esposo Carlos De La Torre, propietarios de este comercio ubicado en Chiclana y Pueyrredón, escucharon mi propuesta y apostaron decididamente a la misma. Ya el año pasado, el panorama económico de Argentina no era el mejor y la crísis mundial comenzaba a repercutir en un país inmensamente rico como el nuestro, pero que empobrece ante la mediocridad de nuestros dirigentes. Durante el año anterior estalló lo que llamamos el conflicto del campo, y los ciudadanos asistíamos azorados a un enfrentamiento entre el gobierno y el sector más productivo de la Argentina. Tuvimos cortes de rutas, protestas, desabastecimientos, suba de precios, especulaciones y lo peor, que a esta altura de las circunstancias, el conflicto continúa sin miras de solución y tanto el sector agropecuario como el gobierno, lamentáblemente siguen sin ponerse de acuerdo. A pesar del oscuro panorama reinante, la campaña de "Soñá y Ganá", se lanzó en el caluroso mes de Diciembre con promociones emitidas en los principales horarios de LU2 Radio Bahía Blanca- AM 840. La propuesta consiste en invitar a todos los habitantes de la ciudad y la amplia zona de influencia a que relaten sus sueños escribiéndolos en el espacio de una hoja oficio. La intervención en este concurso no implica ninguna obligación de compra, el participante solo debe escribir un sueño que haya tenido y recuerde en lo posible en sus detalles más originales.
De a poco, los "soñadores" comenzaban a depositar los sobres conteniendo los breves relatos en la urna habilitada para tal fín o los envíaban por internet. El premio mensual al sueño más atractivo, consiste en un sommier de dos plazas de la reconocida marca Suavestar. Con el verano más insoportable de los últimos años, la ciudad prácticamente vacía y la gran mayoría de los habitantes de vacaciones, "Soñá y Ganá", superó todas las expectativas y a diario, la cantidad de emails o cartas que se recepcionan nos indican que encontramos una ruta diferente, simple y acertada para atraer a mucha gente con ganas de expresarse escribiendo los distintos sueños que ha tenido en su descanso. Cuando llega el momento de elegir al ganador o ganadora de cada mes, la tarea resulta gratamente compleja, ya que María Lina Benedetti, sus hijos y el personal del local, se ven en un verdadero problema a la hora de tomar la decisión final. Hay relatos colmados de sentimiento profundo, humor desopilante e historias insólitas que no tienen desperdicio alguno. En este nuevo tramo de mi blog "La Vida es Sueño y de los Sueños Vivo", una vez más compruebo que en esta era plagada de crísis económicas y existenciales, los seres humanos, hartos de tantas noticias nefastas y poco alentadoras necesitan soñar, imaginar, darle rienda suelta a su espíritu y finalmente tener la saludable posibilidad de expresarse a través de algo que felizmente sigue vigente; el maravilloso arte de escribir. Poner en marcha "Soñá y Ganá", no solo potenció las ventas de El Palacio del Colchón, también posicionó a la firma en la mente de miles de personas que a partir del evento, anhelan dormir en un confortable sommier Suavestar, que pueden llegar a ganar por el sencillo hecho de soñar.
De a poco, los "soñadores" comenzaban a depositar los sobres conteniendo los breves relatos en la urna habilitada para tal fín o los envíaban por internet. El premio mensual al sueño más atractivo, consiste en un sommier de dos plazas de la reconocida marca Suavestar. Con el verano más insoportable de los últimos años, la ciudad prácticamente vacía y la gran mayoría de los habitantes de vacaciones, "Soñá y Ganá", superó todas las expectativas y a diario, la cantidad de emails o cartas que se recepcionan nos indican que encontramos una ruta diferente, simple y acertada para atraer a mucha gente con ganas de expresarse escribiendo los distintos sueños que ha tenido en su descanso. Cuando llega el momento de elegir al ganador o ganadora de cada mes, la tarea resulta gratamente compleja, ya que María Lina Benedetti, sus hijos y el personal del local, se ven en un verdadero problema a la hora de tomar la decisión final. Hay relatos colmados de sentimiento profundo, humor desopilante e historias insólitas que no tienen desperdicio alguno. En este nuevo tramo de mi blog "La Vida es Sueño y de los Sueños Vivo", una vez más compruebo que en esta era plagada de crísis económicas y existenciales, los seres humanos, hartos de tantas noticias nefastas y poco alentadoras necesitan soñar, imaginar, darle rienda suelta a su espíritu y finalmente tener la saludable posibilidad de expresarse a través de algo que felizmente sigue vigente; el maravilloso arte de escribir. Poner en marcha "Soñá y Ganá", no solo potenció las ventas de El Palacio del Colchón, también posicionó a la firma en la mente de miles de personas que a partir del evento, anhelan dormir en un confortable sommier Suavestar, que pueden llegar a ganar por el sencillo hecho de soñar.
domingo, 22 de febrero de 2009
La existencia intensamente creativa de Salvador "Pichón" Fernández, un bahiense inolvidable.
Bahía es una ciudad de frágil memoria, quizás contagiada por la velocidad descontrolada que domina al mundo. He hablado de muchos bahienses que nacieron, se formaron, trabajaron o alguna vez se fueron de su tierra natal buscando mejores horizontes o el reconocimiento que todo ser humano necesita en su actividad. Poco y nada se recuerda a los fabricantes de sueños como Javier Rizzo, su esposa Valentina de la Cruz o Mario Mauret, artistas del radioteatro en vivo que durante muchos años en tiras diarias de 30 minutos cada una, todas las tardes con sus excelentes interpretaciones e ingeniosos efectos especiales, hacían vibrar a miles de hogares y familias que "pegadas" a sus receptores de radio le daban rienda suelta a la imaginación dejándose llevar por la magia del radioteatro. La lista de los injustamente olvidados es extensa, porque la Bahia de los años felices también contó entre otras con figuras como el cantante de tangos Whitense cuyo apellido es Crudelli y fué conocido como "Cacho" Randall o Roberto Achával. "Cacho" trascendió las fronteras de Bahía, llegó a Buenos Aires y también posó sus dotes de cantor en escenarios de otros países, pero lamentáblemente aún hoy, su esposa Juana, intenta encontrar un contacto para que los restos de "Cacho" puedan al fin descansar en paz en algún sitio del cementerio de la ciudad. Salvador "Pichón" Fernández era periodista, productor de radio, televisión, publicista e inquieto buscador de contenidos creativos que muchas veces chocaban contra la incompresión o los impedimentos que generalmente anteponían los gerentes de los medios cuando presentaba sus proyectos. Lo conocí prácticamente de toda la vida, es menor que yó y con él solía compartir varios "cortados" en los cafés donde nuestra conversación giraba siempre en torno a todo lo que se podía llegar a hacer y por alguna razón no se podía. Tenía la sensación que tanto él como yó estabamos intentando subir una empinada colina de cemento embarrada, una tarea bastante difícil, casi imposible de lograr. Pero "Pichón" no se entregaba, una y otra vez resurgía de la decepción y volvía a la carga con toda su energía. Jamás le importó el dinero, solo quería hacer cosas nuevas, su alma lo necesitaba. Audaz en extremo, todo lo improvisaba y esa desprolijidad le quedaba bien, porque era diferente. Durante mi época de Sapienso, en Canal 9-Telenueva, ambos tuvimos la posibilidad de producir algunos contenidos para ese medio durante más de dos años y medio. Todo lo que hizo "Pichón" durante ese tiempo, funcionó hasta que nuestra gestión como únicos productores de ese medio, por cuestiones financieras llegó a su fín. Yo opté por irme a trabajar a Mar del Plata y él se quedó decidido a seguir peleándola como periodista e incluso, con la esperanza que en algún momento todo cambiaría para bién. Sus condiciones para ponerse frente a las cámaras eran innegables, había creado un estilo de notas que le pertenecía y en sus últimos tiempos, durante una de mis visitas a Bahía, lo ví haciendo un programa desde un avión de la desaparecida empresa LAPA. "Pichón" se las había ingeniado para ir bien alto, con esta propuesta inédita, donde acompañado por un muy buen camarógrafo se desplazaba durante casi una hora por el interior de un estrecho avión de cabotaje y entrevistaba a distintos personajes de la ciudad. Poco tiempo antes de su temprana desaparición física, me encontré con él de casualidad en "Las Cibeles", una conocida cafetería bahiense donde hablamos durante más de una hora. No lo ví bién, me daba la impresión que estaba cansado y era muy posible que así fuera porque me dijo que quería irse a trabajar a los Estados Unidos, donde tenía un contacto confiable como para empezar de a poco en una cadena televisiva dirigida a la franja latina. En el 2003, junto a Virginia nos tocó conducir "Arme la Góndola" en vivo y en la tarde del sábado por LU2. Era verano y estábamos en los estudios cuando nos llegó la infausta noticia; Salvador "Pichón" Fernández, había fallecido víctima de un cáncer. Esa tarde hicimos un programa triste, casi de compromiso, porque en verdad así lo sentía. En esta oportunidad, el activo "Pichón" voló hacia ese sitio llamado cielo, donde seguramente sus sueños se harán realidad y no habrá mediocres que le corten las alas a su imaginación. Buen padre de familia siempre veló por el bienestar de los suyos. Le dí el último adiós en una funeraria de calle Estomba, donde reposaba el cuerpo de un muchacho que ya no pertenecía a la tediosa realidad terrestre. Seguramente el alma luminosa de "Pichón" ya empezaba a brillar en alguna marquesina del paraíso. Su esposa, la "colorada" de hierro, al igual que sus hijos, siempre lo respetaron y apoyaron en absolutamente todos sus emprendimientos, creo que eso lo hizo inmensamente rico, porque tuvo todo el amor del mundo y una familia excepcional.
Los soñadores no suelen contar dinero, esa no es su condición, están en la vida para sumar acciones que despierten emociones o asombro a los indiferentes de siempre. "Pichón" siguió siendo un hombre grande con el alma de un niño inquieto. Creo que hasta la presencia tan cercana de la oscura y misteriosa muerte le produjo curiosidad y hasta deseos de hacerle una nota. Pero ya no tenía fuerzas para llevar a cabo tamaña producción final y se dejó llevar por ese viento helado y envolvente del supuesto final. Los estructurados hombres de negocios suelen ver a los artistas como bohemios, líricos, locos o pelotudos, quizás porque saben que ellos tienen gran habilidad para sumar y multiplicar, pero jamás brotaría de su cerebro un mínimo pensamiento creativo, aunque sin duda alguna, no vacilarían un solo segundo en asociarse a una buena idea, siempre y cuando perciban que esta les puede generar grandes ganancias y mínimos riesgos. "Pichón" dejó un vacío difícil de reemplazar. Lo mismo sucede con José Román Cachero, otro destacado y polémico periodista bahiense que dejó este turbulento plano terrenal para irse a generar programas audaces junto a "Pichón" en algún canal del cielo, donde seguramente se estarán riendo de algunos de los comunicadores que aquí quedaron haciendo el papel de serios, porque además de ser poco creíbles también son muy aburridos.
Los soñadores no suelen contar dinero, esa no es su condición, están en la vida para sumar acciones que despierten emociones o asombro a los indiferentes de siempre. "Pichón" siguió siendo un hombre grande con el alma de un niño inquieto. Creo que hasta la presencia tan cercana de la oscura y misteriosa muerte le produjo curiosidad y hasta deseos de hacerle una nota. Pero ya no tenía fuerzas para llevar a cabo tamaña producción final y se dejó llevar por ese viento helado y envolvente del supuesto final. Los estructurados hombres de negocios suelen ver a los artistas como bohemios, líricos, locos o pelotudos, quizás porque saben que ellos tienen gran habilidad para sumar y multiplicar, pero jamás brotaría de su cerebro un mínimo pensamiento creativo, aunque sin duda alguna, no vacilarían un solo segundo en asociarse a una buena idea, siempre y cuando perciban que esta les puede generar grandes ganancias y mínimos riesgos. "Pichón" dejó un vacío difícil de reemplazar. Lo mismo sucede con José Román Cachero, otro destacado y polémico periodista bahiense que dejó este turbulento plano terrenal para irse a generar programas audaces junto a "Pichón" en algún canal del cielo, donde seguramente se estarán riendo de algunos de los comunicadores que aquí quedaron haciendo el papel de serios, porque además de ser poco creíbles también son muy aburridos.
jueves, 19 de febrero de 2009
Bahienses que alcanzaron a trabajar en Hollywood, esa meta tan soñada.
Recuerdo que tenía unos veinte años, cuando un músico y un periodista a los que conocí en Bahía, un buen día partieron y no volví a verlos más. Habían desaparecido, como por arte de magia de los lugares que solían frecuentar y desde ese momento comenzaron a circular los primeros rumores; "estan en los Estados Unidos, hasta allá volaron para probar suerte, parece que les vá muy bién". Era la década de los años sesenta y por lo que yo sabía, pocos o casi escasos, eran los artistas argentinos que lograron trascender en Hollywood. Quizás el argentino más destacado era Lalo Schifrin, después, recuerdo a Fernando Lamas y Carlos Thompson, dos actores de la época de oro del cine nacional que tuvieron la fortuna de ser convocados para trabajar y habitar casi hasta el fin de sus días en la codiciada Hollywood, la meca del cine y la fama. Lamas y Thompson, simbolizaban a los "Latin Lovers" de los dorados años cincuenta y ambos formalizaron distintos matrimonios con populares actrices norteamericanas de entonces. En Bahía, conocí a un jóven pianista llamado Marianito Moreno, un muchacho que tenía todos los atributos físicos como para ser un galán de cine. En las reuniones bailables de los sábados que se llevaban a cabo en los salones del Club Argentino, Sociedad Sportiva, Olimpo, La Central u otros, la presencia de Marianito, despertaba el inmediato interés de las chicas más bonitas que concurrían a esas fiestas juveniles y la forma ideal de acceder a una bella muchacha, era estándo cerca de Marianito o Eduardo de Los Ríos, su inseparable amigo que también contaba con la presencia de un galán fuera de serie. El método jamás fallaba porque ellos se llevaban las mejores chicas y yo también "pescaba" por el simple hecho de quedarse con lo que ellos descartaban. Marianito hizo varias presentaciones en la ciudad, también se lo escuchaba y veía en medios radiales y televisivos, pero eso no alcanzaba, porque aún hoy, la ciudad sigue teniendo grandes limitaciones para aquellos que buscan desarrollarse en ámbitos más amplios que les permitan vivir dignamente de su profesión de artistas. Y un buen día, Marianito no dudó y voló al gran páis del norte en busca de un futuro más prometedor. Las pocas noticias que iban llegando, hablaban de Marianito creciendo como músico, presentándose en Las Vegas y otros escenarios de trascendencia que lo tenían como protagonista o figurando en marquesinas destacadas. Al poco tiempo de estar en USA, regresó a su ciudad natal para hacer una presentación en el Teatro Municipal y en esas funciones que tuvieron un lleno total, los habitantes de Bahía, aplaudían de pié a un pianista que acompañado por la Orquesta Estable, lograba un lucimiento inolvidable, brillante y merecido. Tiempo después, nos llegaban ejemplares de los discos Longplay (larga duración) donde el artista bahiense había grabado con la máxima tecnología temas instrumentales y también cantado algunos temas propios en productoras de Estados Unidos. El tiempo siguió su paso inexorable, la figura de Marianito se fué diluyendo y escasas eran las noticias sobre él. Otro bahiense muy allegado al pianista que partió a edad temprana, fué Enrique Gratas, un periodista talentoso y de muy buena imágen para televisión que trabajó en medios televisivos de la ciudad y también en LU2 Radio Bahía Blanca. Enrique era también uno de los propietarios de un local bailable llamado "Jávega", donde disfruté de momentos inolvidables junto a él y su socio. Recuerdo que yo promocionaba ese negocio en mis programas radiales. Enrique Gratas también partió hacia los Estados Unidos y de acuerdo a comentarios y testimonios de gente conocida que había vivido en Miami y California aseguraban que Gratas, era una figura popular en los noticieros de una importante cadena norteamericana.
También me enteré que Gratas le abrió la ruta a Norbert Degoas, cuando a poco de arribar a Los Angeles, ocupó con éxito en un canal televisivo de gran auiencia, un segmento donde todas las noches hacía en vivo un disparatado y contradictorio informe meteorológico que se impuso de inmediato en la preferencia del público televidente. Degoas, una vez más, había entrado por la puerta grande de Hollywood ciudad donde permaneció varios años.
Pero; ¿que sucede con la nostalgia o el desarraigo de aquellos que por distintas razones, tuvieron que vivir y trabajar durante gran parte de su vida en otros países?. A Degoas no le resultó difícil adaptarse a Mar del Plata, ciudad a la que recaló en la década del setenta para ocupar un espacio en horario central en la LU6 Emisora Atlántica. Pero "la Feliz" está dentro de Argentina y a solo unos 500 kilómetros de Bahía, distancia que Degoas recorría rápidamente dada su preferencia por los vehículos veloces y habilidad de conductor. Supongo que muy distinta sería la situación de Marianito y Gratas que tuvieron que abrirse camino en una tierra lejana, difícil y donde más allá del idioma, todo es diferente, las costumbres, las reglas de vida, etc. No tengo mucha información sobre como fueron los primeros años de Marianito y Gratas en Norteamérica, aunque como comunicador y desde el medio que tenía a mi alcance siempre apoyé a todos aquellos bahienses que trabajaban en el exterior y sentía mucho placer cuando les brindaba un espacio para que relaten sus vivencias cada vez que llegaban a la ciudad, ya sea para pasar las fiestas de fin de año con sus familias o simplemente para visitar su tierra natal. En 1994, a Marianito Moreno, lo encontré en Mar del Plata, ciudad en la que me encontraba viviendo desde 1988. El venía de California con la idea de quedarse e instalar un negocio de espectáculos destinado al público de gente mayor. Para llevar adelante este proyecto, compró una propiedad ubicada en una esquina en la Avenida Constitución, un lugar lo suficientemente amplio como para remodelarlo y cumplir su sueño del local propio. Después de mucho trabajo e inversión, Marianito finalmente inauguró "Baccardi". El sitio estaba montado con muy buen gusto y todo lo necesario como para que desde el escenario de importantes dimensiones que había constrúido, pudiera actuar cómodamente una orquesta compuesta por numerosos integrantes. Lamentáblemente en ese tiempo, el clima venía castigando duramente a Mar del Plata con temporales, tornados e inundaciones que causaron graves daños en viviendas y edificios de todo tipo, incluído "Baccardi" que había quedado prácticamente destruído en su totalidad. Cuando Marianito y su esposa me mostraron cómo había quedado el salón y la vivienda aledaña después de aquel desastre, no había palabras para consolar o alentar a un hombre que había llegado lleno de ilusiones a la ciudad más linda de Argentina, donde apostó una considerable cantidad de dinero, que seguramente era el fruto de muchos años de esfuerzo en la difícil profesión de artista.
A partir de aquel desafortunado siniestro, no supe más nada de Marianito de quien guardo muy buenos recuerdos y un sincero respeto por aquellos años compartidos en una Bahía donde la fuerza de la juventud, las ansias de crecer y destacarnos en las profesiones que habíamos elegido, de alguna manera nos hacía parecidos. Innegablemente estábamos en el mismo barco y en algún momento de la inocencia, juntos navegábamos felices en el luminoso mar de la ilusión, aunque por esos vientos del destino, nuestras vidas se separaron, guardo con mucho cariño los nombres de estos bahienses que alcanzaron a trabajar en Hollywood, esa meta tan soñada y privilegio de muy pocos.
También me enteré que Gratas le abrió la ruta a Norbert Degoas, cuando a poco de arribar a Los Angeles, ocupó con éxito en un canal televisivo de gran auiencia, un segmento donde todas las noches hacía en vivo un disparatado y contradictorio informe meteorológico que se impuso de inmediato en la preferencia del público televidente. Degoas, una vez más, había entrado por la puerta grande de Hollywood ciudad donde permaneció varios años.
Pero; ¿que sucede con la nostalgia o el desarraigo de aquellos que por distintas razones, tuvieron que vivir y trabajar durante gran parte de su vida en otros países?. A Degoas no le resultó difícil adaptarse a Mar del Plata, ciudad a la que recaló en la década del setenta para ocupar un espacio en horario central en la LU6 Emisora Atlántica. Pero "la Feliz" está dentro de Argentina y a solo unos 500 kilómetros de Bahía, distancia que Degoas recorría rápidamente dada su preferencia por los vehículos veloces y habilidad de conductor. Supongo que muy distinta sería la situación de Marianito y Gratas que tuvieron que abrirse camino en una tierra lejana, difícil y donde más allá del idioma, todo es diferente, las costumbres, las reglas de vida, etc. No tengo mucha información sobre como fueron los primeros años de Marianito y Gratas en Norteamérica, aunque como comunicador y desde el medio que tenía a mi alcance siempre apoyé a todos aquellos bahienses que trabajaban en el exterior y sentía mucho placer cuando les brindaba un espacio para que relaten sus vivencias cada vez que llegaban a la ciudad, ya sea para pasar las fiestas de fin de año con sus familias o simplemente para visitar su tierra natal. En 1994, a Marianito Moreno, lo encontré en Mar del Plata, ciudad en la que me encontraba viviendo desde 1988. El venía de California con la idea de quedarse e instalar un negocio de espectáculos destinado al público de gente mayor. Para llevar adelante este proyecto, compró una propiedad ubicada en una esquina en la Avenida Constitución, un lugar lo suficientemente amplio como para remodelarlo y cumplir su sueño del local propio. Después de mucho trabajo e inversión, Marianito finalmente inauguró "Baccardi". El sitio estaba montado con muy buen gusto y todo lo necesario como para que desde el escenario de importantes dimensiones que había constrúido, pudiera actuar cómodamente una orquesta compuesta por numerosos integrantes. Lamentáblemente en ese tiempo, el clima venía castigando duramente a Mar del Plata con temporales, tornados e inundaciones que causaron graves daños en viviendas y edificios de todo tipo, incluído "Baccardi" que había quedado prácticamente destruído en su totalidad. Cuando Marianito y su esposa me mostraron cómo había quedado el salón y la vivienda aledaña después de aquel desastre, no había palabras para consolar o alentar a un hombre que había llegado lleno de ilusiones a la ciudad más linda de Argentina, donde apostó una considerable cantidad de dinero, que seguramente era el fruto de muchos años de esfuerzo en la difícil profesión de artista.
A partir de aquel desafortunado siniestro, no supe más nada de Marianito de quien guardo muy buenos recuerdos y un sincero respeto por aquellos años compartidos en una Bahía donde la fuerza de la juventud, las ansias de crecer y destacarnos en las profesiones que habíamos elegido, de alguna manera nos hacía parecidos. Innegablemente estábamos en el mismo barco y en algún momento de la inocencia, juntos navegábamos felices en el luminoso mar de la ilusión, aunque por esos vientos del destino, nuestras vidas se separaron, guardo con mucho cariño los nombres de estos bahienses que alcanzaron a trabajar en Hollywood, esa meta tan soñada y privilegio de muy pocos.
martes, 17 de febrero de 2009
Mar del Plata; La noche que Borda tuvo que usar pañales improvisados.
Ya he relatado varios episodios relacionados con sucesos y personas que conocí durante los años que viví y trabajé en la querida ciudad de Mar del Plata, pero a medida que voy escribiendo este blog, surgen nuevos recuerdos e historias reales que parecen de ficción, como la que cuento en esta página. Borda era un personaje fuera de serie que tenía el don de hablar con la mirada. Sus ojos intensificaban el brillo a medida que elucubraba algún posible, fácil y cercano negocio por hacer. Desde el primer día que lo conocí me impresionó como un hábil vendedor de "lo que sea". El podía convencer con gran facilidad, le ayudaban la voz, los gestos y la improvisación, ya que una de sus virtudes consistía en poder hablar de cualquier tema con un mínimo conocimiento del mismo. Borda había transitado en medios de comunicación, principalmente en emisoras de radio y era un verdadero profesional en comercialización publicitaria. Me encantaba sentarme a tomar café con él y escuchar sus proyectos, que en realidad no eran para nada descabellados, el único inconveniente que siempre dificultaba la concreción de los mismos, era la falta de capital. Borda tenía muy buenos contactos con importantes empresarios de Capital Federal y se encontraba abocado a instalar su propia radio FM en Mar del Plata y en eso estaba cuando me contó "la odisea de los pañales". Para montar su anhelada emisora, él necesitaba una determinada cantidad de dinero y si bien la cifra no era descabellada, a Borda le resultaba practicamente imposible conseguirla en el ámbito de "La Feliz". Esto sucedió a principio de los años noventa, cuando las FM comenzaban a despertar en todo el país como emprendimientos pequeños que permitirían desarrollar las condiciones de técnicos, productores, locutores y periodistas que ahora tenían la oportunidad de trabajar desde un medio de comunicación independiente. En esa ciudad conocí a gente muy capaz que se desempeñaba con solvencia produciendo sus propios espacios en radio y televisión, muchos de éstos contenidos se grababan en los estudios independientes que con esfuerzo y entusiasmo iban creciendo para bien de la comunicación local.
Borda no podía ser una excepción e incluso lo seguí durante un par de meses en su emprendimiento radial haciendo en su FM un programa llamado "Motín a Bordo". Una noche, Borda nos comunica que el dinero había aparecido, "Hay una socia interesada en invertir en la FM y esta noche viajo a Buenos Aires a buscar la plata", nos dijo lleno de alegría. A los pocos días regresó con el dinero y la emisora comenzaría a potenciarse con esa inyección de capital. Borda, era el autor de la hazaña, pero estaba ávido por contar detalles de la operación, y se salía de la vaina por hacerlo, porque en realidad y en su fondo, no dejaba de ser un chico travieso que sabía reirse de sí mismo, por esta razón no costó demasiado convencerlo para que la intrigante historia salga de su propia boca y esto fué lo que nos relató; "Llegué a Buenos Aires en un micro, muy escaso de efectivo, casi nada, diría que con lo justo como para llegar hasta el edificio donde la socia que invertiría en la FM, me esperaba para firmar el acuerdo y darme el dinero que la convertíría en principal accionista de la radio. La señora estaba en el imponente piso de su propiedad donde habitaba. Mucho lujo y confort, que te hacían sentir un insecto, pero la futura socia, a quién conocía de antes, era una persona adinerada pero sencilla. Gentilmente me invitó a cenar y quedarme esa noche a dormir en su casa, ya que mi plan era tomar un colectivo de regreso a primera hora de la mañana. Es posible que debido a los nervios o por haber comido algo que me hizo mal, de inmediato empezó a dolerme el estómago, la sensación era de una terrible diarrea a punto de estallar y fuí corriendo a uno de los baños, pero por desgracia no llegué a tiempo al inodoro y me cagué el único calzoncillo que tenía ya que no había contemplado la posibilidad de hacer noche en Buenos Aires. Abrí todas las canillas existentes en el cuarto de baño para atenuar los ruidos que producían los pedos de mi interminable descompostura, pero lo peor era que no tuve otro remedio que lavar inmediátamente el calzoncillo bañado en mierda e intentar dejarlo a secar en el mismo sitio. Después de un rato largo, salí del baño nervioso y con bastante verguenza, pero mi socia y anfitriona no pareció darse cuenta del percance que yo había tenido. Tomamos un café y le pidió a su empleada que me acompañara hasta mi cuarto, como no tenía pijama ni tampoco un calzoncillo de repuesto, se me ocurrió improvisar un pañal utilizando un toallón". En el piso donde pernoctaba Borda la calefacción era casi perfecta y esto ayudó a que el protagonista de esta historia, finalmente se durmiera plácidamente como un bebé y con pañales incluídos.
Borda no podía ser una excepción e incluso lo seguí durante un par de meses en su emprendimiento radial haciendo en su FM un programa llamado "Motín a Bordo". Una noche, Borda nos comunica que el dinero había aparecido, "Hay una socia interesada en invertir en la FM y esta noche viajo a Buenos Aires a buscar la plata", nos dijo lleno de alegría. A los pocos días regresó con el dinero y la emisora comenzaría a potenciarse con esa inyección de capital. Borda, era el autor de la hazaña, pero estaba ávido por contar detalles de la operación, y se salía de la vaina por hacerlo, porque en realidad y en su fondo, no dejaba de ser un chico travieso que sabía reirse de sí mismo, por esta razón no costó demasiado convencerlo para que la intrigante historia salga de su propia boca y esto fué lo que nos relató; "Llegué a Buenos Aires en un micro, muy escaso de efectivo, casi nada, diría que con lo justo como para llegar hasta el edificio donde la socia que invertiría en la FM, me esperaba para firmar el acuerdo y darme el dinero que la convertíría en principal accionista de la radio. La señora estaba en el imponente piso de su propiedad donde habitaba. Mucho lujo y confort, que te hacían sentir un insecto, pero la futura socia, a quién conocía de antes, era una persona adinerada pero sencilla. Gentilmente me invitó a cenar y quedarme esa noche a dormir en su casa, ya que mi plan era tomar un colectivo de regreso a primera hora de la mañana. Es posible que debido a los nervios o por haber comido algo que me hizo mal, de inmediato empezó a dolerme el estómago, la sensación era de una terrible diarrea a punto de estallar y fuí corriendo a uno de los baños, pero por desgracia no llegué a tiempo al inodoro y me cagué el único calzoncillo que tenía ya que no había contemplado la posibilidad de hacer noche en Buenos Aires. Abrí todas las canillas existentes en el cuarto de baño para atenuar los ruidos que producían los pedos de mi interminable descompostura, pero lo peor era que no tuve otro remedio que lavar inmediátamente el calzoncillo bañado en mierda e intentar dejarlo a secar en el mismo sitio. Después de un rato largo, salí del baño nervioso y con bastante verguenza, pero mi socia y anfitriona no pareció darse cuenta del percance que yo había tenido. Tomamos un café y le pidió a su empleada que me acompañara hasta mi cuarto, como no tenía pijama ni tampoco un calzoncillo de repuesto, se me ocurrió improvisar un pañal utilizando un toallón". En el piso donde pernoctaba Borda la calefacción era casi perfecta y esto ayudó a que el protagonista de esta historia, finalmente se durmiera plácidamente como un bebé y con pañales incluídos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
