sábado, 9 de enero de 2010
Cuando Norbert Degoas trajo a los "Pick Ups" al Club Social de Monte Hermoso.
Como relaté en páginas anteriores, Norbert "el Loco" Degoas, fué un gran referente de mi carrera en la radio y la TV, hasta el día de hoy, cada vez que recuerdo su audacia a la hora de desafiar el micrófono o episodios relacionados con su intensa vida sentimental, más allá del cariño que le tengo a este singular personaje, voy recordando historias compartidas en nuestra juventud. Lo que escribo a continuación, sucedió a comienzo de los años sesenta, cuando Degoas daba sus primeros pasos como mánager artístico. En ese tiempo, el "Club del Clan" y sus integrantes eran las máximas figuras de Argentina. Palito Ortega, Johnny Tedesco, Lalo Fransen, Violeta Rivas, Lo Teen Tops, Raul Lavié y muchos otros cantantes nacionales competían fuertemente con solistas y grupos extranjeros. Años de éxitos con muchas canciones pegadizas y divertidas que llegaban a vender cientos de miles de discos pequeños denominados simples. Estas piezas que venían dentro de un sobre rectangular de papel, contenían en su portada fotos a todo color de los intérpretes. Al tiempo, del disco simple se pasaba rápidamente al Long Play, donde generalmente las compañías discográficas, hacían un compilado de los grandes Hits con los temas y artistas de moda. Entre tanta música variada, un grupo llamado los "Pick Ups", se hacía oir en todas las radios con temas de mucho ritmo como "Popotitos" y "Zapatos de Gamuza Azul", fué entonces que a Degoas se le ocurrió convocarlos para que hagan una actuación en Monte Hermoso, una localidad balnearia ubicada a menos de 100 kilómetros de Bahía. Degoas era un improvisado incorregible, todo lo que hacía era desordenado, solía usar sacos o trajes cuyos bolsillos estaban llenos de papelitos que solo él entendía. En medio de esa maraña a la que solía llamar su escritorio u oficina, había trozos de textos publicitarios, órdenes de publicidad, números telefónicos, etc. Era muy difícil, casi improbable ordenar su existencia y esto se manifestó una vez más cuando un día Viernes me llama por teléfono diciéndome: "Pipo, si te gusta y tenés ganas, quiero que me manejes la difusión de los Pick Ups en Monte Hermoso". ¿Cuando querés traerlos? le pregunté. Con mucha naturalidad me respondió: "Mañana. Ya está todo arreglado para que actúen mañana en el Club Social". ¿Mañana, vos estás loco?, no hay tiempo para hacer la publicidad, le dije. "No te calentés, estos tipos son famosos con unas frases en la propaladora más unos afiches llenamos el club, andáte mañana a primera hora y arreglá todo, ellos van a estar instalados cerca del Social", dijo con total seguridad. A primera hora del día siguiente, un Sábado, yo estaba en Monte Hermoso. Ni bien llegué, lo primero que hice fué comenzar a buscar a los miembros de la banda. Era una hermosa y cálida mañana llena de sol, por entonces yo tendría unos 19 años e imaginaba un show repleto de público que me reportaría unos cuantos pesos de ganancia, ya que telefónicamente había acordado con Degoas que deducidos los gastos, nos repartiríamos el cincuenta por ciento cada uno. Había iniciado la búsqueda de los músicos a las 9 horas. Recorrí primero los hoteles, luego las hosterías, pensiones, casas particulares, etc y los Pick Ups no aparecían. Ya cerca del mediodía, cansado de buscar por todas partes, iba caminando por el sector céntrico, muy cerca de donde se encontraba el legendario hotel "Ancla", cuando se me ocurre preguntarle a un hombre con apariencia de pescador si no había visto a un grupo de músicos. El señor que llevaba un sombrero de mimbre y tenía todo su cuerpo bronceado, levanta su mano derecha y con el dedo índice me señala una camioneta estacionada al amparo de la sombra de "Tamariscos". El vehículo se encontraba a unos cincuenta metros y agradeciendo al hombre por el dato, comencé a caminar por la arena caliente hacia la camioneta. A medida que me iba acercando, distinguí que a su lado se había levantado una carpa de lona de grandes dimensiones. Dudé que allí estuvieran los artistas, pero era mi última posibilidad de encontrar a los "Pick" dentro de la carpa. A los pocos segundos de golpear las manos para anunciarme, la lona de acceso se abre y aparece un muchacho con cara de cansado. ¿Ustedes son los Pick Ups? le pregunto. El joven me responde afirmativamente y cuando le digo que venía de parte de Norbert Degoas, espontáneamente me invita a pasar. En el interior, además de cinco o seis personas descansando semi desnudos sobre colchonetas se veían instrumentos y ropa acomodada prolijamente. Ya eran las 13 horas y el calor se hacía sentir con mayor fuerza, acordé con los músicos que desde allí iría directamente a la oficina de la propaladora (radio de circuito cerrado) para anunciar la actuación de la noche en el Club Social. El sistema de Propaladora consistía en difundir música y publicidad utilizando "bocinas" o parlantes de metal, conectados por un cable y distribuídos en el sector céntrico del balneario. Este era el medio más usual a la hora de dar noticias o promocionar eventos locales. Todo se hacía en forma simple y desde un local donde estaba instalado el estudio de la red. Allí valiéndose de un micrófono, amplificador, un par de bandejas giradiscos y algún grabador de cinta abierta los encargados de la Propaladora realizaban su trabajo en vivo y en directo. Esto aconteció durante los primeros días del mes de Enero, época donde usualmente el balneario ya contaba con una importante cantidad de veraneantes, hecho que supuestamente aseguraba una considerable asistencia de público al evento que se anunciaba para las 22 horas. El tema más conocido del grupo era "Popotitos" y fué el que le indiqué a la gente de la Propaladora para utilizar cada vez que promocionaran la actuación de la banda. Desde un teléfono público me comuniqué con Degoas, haciéndole saber que me había puesto en contacto con los músicos y la publicidad estaba saliendo en forma continuada. Norbert me pidió que me ocupe de elegir a una persona del club para que quede a cargo de la boletería y yó, en tanto controle que todo esté en órden para que la actuación salga perfecta, también me hizo saber que el vendría cerca de la medianoche con su automóvil "Chevrón". A las 21 horas aproximadamente, los Pick Ups ya estaban en el Social probando sus instrumentos y equipos, aunque en las inmediaciones, el movimiento de gente era preocupántemente escaso. Me causó alivio oir al encargado de la cantina del club cuando con mucha convicción me dijo: "No te preocupes, aquí la gente sale a bailar casi a la medianoche, por el calor,¿viste?". Cerca de las 22 horas, solo habían pagado la entrada cuatro personas que se encontraban sentadas en una mesa cerca del pequeño escenario destinado a los músicos. Con el propósito de meter un poco de ruido y animar la noche, le pedí a los "Picks" que empiecen a tocar. Uno de los integrantes me respondió; "¿Te parece que empecemos a tocar, no ves que no hay nadie?". No importa, flaco, le respondí. Ni bien los escuchen ésto se llena. Casi una hora después, conté que apenas habían ingresado al salón unas quince personas entre hombres y mujeres. El desaliento le pegaba a los músicos, ya que comenzaba a notarse su desaliento cada vez que interpretaban un tema. La ansiedad me carcomía, lo único que hacía era entrar y salir del Club, como esperando un milagro, pero el tiempo seguía transcurriendo y ese show prometía ser un verdadero fracaso. Los Pick Ups, con rostros de estar muy cansados y extrañados por la falta de asistentes, dejaron de tocar, se bajaron del escenario y me pidieron que les consiga algo para cenar. Hablé con el encargado de la cantina y con cara de pocos amigos me contestó que lo único que tenía para darles era sopa. "¿Sopa con este calor?", me dijeron con bronca los integrantes del grupo. Es lo único que hay, les respondí con una mezcla de verguenza y resignación. Mientras los "Picks" tomaban la sopa en una parte del salón, salí nuevamente al exterior y veo estacionado el "Chevrón" de Degoas que recién había llegado a Monte Hermoso. Bajé corriendo la escalinata de piedra del Club y fuí hasta el auto que Norbert mantenía en marcha y le conté que ese show había fracasado por completo. Degoas, estaba al volante fumándose tranquilo un cigarrillo. ¿Que hacémos? le pregunté preocupado. Norbert me miró y dijo: "Vayámonos cuanto antes, esto ya está perdido y no lo levanta nadie". Dicho ésto aceleró y se dirigió a gran velocidad hasta el llamado "serpenteado", el clásico camino de tierra rodeado de árboles que antiguamente era la única entrada y salida que conectaba Monte Hermoso con la ruta. Norbert, además de tener siempre buenos autos, era un excelente conductor y le gustaba andar rápido. Llegamos a Bahía en escasísimo tiempo, fuimos directamente a cenar a un restaurante y lejos de preocuparse por aquel fallido intento, a modo de reflexión me dijo: "En la vida, se pierde o se gana, no te preocupes, ya vendrá la revancha".
martes, 5 de enero de 2010
1985, aquel inolvidable encuentro de cinco horas con Sandro en el ex Hotel del Sur.
Recuerdo que en esa época, junto a Sandro Romay estaba haciendo por LU3 Radio del Sur, un programa en tira diaria llamado "Viva la Gente", quizás, fué uno de los más convocantes de mi carrera, ya que después de sentir la pacatería y censura a veces absurda e infantil de la dictadura militar, estaba incursionando en un formato liberal, suelto y si se quiere respetuosamente transgresor. Se emitía de 14 a 16 horas y de alguna manera, nos habíamos convertido en los "dueños de la tarde". El envío era totalmente improvisado, teníamos una importante audiencia de familias que se entusiasmaban con la posibilidad de interactuar telefónicamente y ganar diferentes premios si respondían correctamente a las distintas preguntas que formulábamos. Todo esto generaba que cada tarde contáramos con un verdadero record de llamados. Sergio "Piquito" de Cunto era nuestro operador, realmente un fuera de serie tanto en la velocidad con que manejaba simultáneamente grabadores de cinta, bandejas giradiscos, los llamados al aire en vivo y la forma en la que se había conectado con las imprevistas decisiones que se nos iban ocurriendo con el calor de la marcha. En cada entrega siempre se nos ocurría hacer algo nuevo que ayudara a enriquecer el programa. En una oportunidad comencé a imitar a Luis Miguel y muchas chicas lo creyeron. Esto nos impulsó a continuar con ese juego, que en verdad hacía casi 20 años atrás había iniciado Norbert Degoas en "El Desán Show". Tanto Sandro Romay co- conductor del programa como Gustavo Daich, quien formaba parte de nuestro equipo como locutor comercial exclusivo, se integraban al máximo para darle un realismo creíble a la idea que realmente estábamos manteniendo una conexión telefónica en directo con estrellas relevantes del mundo del espectáculo. Estábamos en 1985 y Roberto Sánchez más conocido como Sandro, estaba en lo mejor de su carrera como cantante y el ídolo de América había lanzado su último disco titulado "Vuelvo a Ocupar mi Lugar". esto me dió pié para imitar la voz del "Gitano" y hacer el mismo juego de anunciar que en nuestro programa estaría nada más y nada menos que Sandro, dialogando con sus admiradores, desde su casa y vía telefónica. Cuando salí al aire simulando ser Sandro, las líneas explotaron. La mayoría de los interesados en hablar con él, obviamente eran mujeres. Para no gastar la propuesta, estas conversaciones con el popular y querido cantante las poníamos en el aire dos veces a la semana y la cantidad de llamados continuaban a tope. Todas las "chicas" querían hablar con la estrella. Casi un mes después, nos enteramos que Sandro, vendría a Bahía Blanca a presentar su show en el Club Estudiantes. La promoción anunciando éste evento ya había comenzado en TV, gráfica y radio, algo que nosotros aprovechamos para potenciar las supuestas intervenciones de Sandro en nuestro programa, hasta que en una de las emisiones "Piquito" De Cunto, nos hace saber que el propio Sandro estaba del otro lado de la línea. Al principio pensábamos que era una broma, pero quien se había puesto en contacto con nosotros era su legítimo representante, que enterado de la broma, quería que hicieramos un contrapunto entre el Sandro verdadero y el imitador. Esa propuesta fué para mí un desafío fuerte, ya que tenía que mantenerme firme y sin tentarme de la risa, con la convicción que yo era el auténtico "Gitano" y quien estaba del otro lado un impostor. El "enfrentamiento" fué muy divertido, hasta que finalmente salió a la luz la verdad y el propio Sandro quien había disfrutado mucho de esa parodia, nos agradeció con la humildad propia de los grandes por haber hecho un humor simpático y respetuoso con su persona. Un día antes de la anunciada actuación de Sandro en la ciudad, se acercó a la radio un colaborador del representante del artista diciéndonos que a pedido del mismo Sandro, yo concurriera el Sábado a la tarde a las 16 horas al ex Gran Hotel del Sur, porque el Idolo de América quería conocerme personalmente.
A esta cita me acompañó Gustavo Daich. Cuando llegamos a uno de los últimos pisos del edificio, allí sentado en un sillón de la confitería del hotel, estaba esperándonos Sandro en persona y con una copa de whisky en la mano. Al verme, se incorporó, caminó hacia mí sonriendo y extendiéndome su mano me dijo: "Muy bueno lo tuyo, sinceramente me gustó muchísimo, te lo agradezco. Sentáte, ¿que tomás?". Gustavo por una indicación del asistente del cantante, se había quedado sentado en una mesa a unos metros de distancia. Esto evidenciaba que mi charla con la estrella Latina sería breve y en privado, además no había llevado grabador. En ese momento yo no tenía la mínima idea de lo que íbamos a hablar, solo conocía sus temas y que vivía "amurallado" en una gran casa rodeada de paredes muy altas en el barrio de Banfield. Por alguna extraña razón, a escasos minutos de sentarnos frente a frente, tuve la sensación de estar compartiendo un grato momento junto a un amigo de toda la vida. Era difícil encontrar un tema determinado y creo que ambos decidimos dejarnos llevar por la expontaneidad y allá fuímos. El carisma de Sandro era absolutamente genuino, estaba en lo mejor de su edad (39 años) se lo veía impecable y era poseedor de una gran facilidad de palabras e inteligencia fuera de serie. Estaba ante un grande de verdad, alguien que brillaba con luz propia y cargaba con la pesada responsabilidad de ser un auténtico ídolo, quizás el más grande Argentina y toda latinoamérica. Por propia iniciativa me fué contando distintos aspectos de su vida, su concepto sobre la amistad y cuidado que le prodigaba a su carrera. Todo fué tan natural y fluído que sin darnos cuenta, se nos había pasado el tiempo y llevábamos casi cinco horas hablando sin parar. El en ese entonces fumaba cigarrillos Le Mans suaves largosy yó Benson&Hedges. Llenamos varias veces los grandes ceniceros del bar, que a cada rato eran cambiados por el mozo. Lejos estábamos de suponer que esos malditos cigarrillos a los que considerábamos "compañeros" de soledades o inseguridades terminarían en algún momento perjudicando seriamente la salud de Sandro. Recuerdo que en una parte de aquella extensa conversación, tocamos el tema del vicio de fumar, la Nicotina y los daños que provocaba esta adicción. Yo le manifesté que había empezado a fumar a los 14 años y desde entonces no había parado, ni tampoco estaba en plan de dejar de hacerlo, ya que a la hora de dibujar los comics, estábamos el tablero, la página a completar con la adrenalina que generaba crear una historieta cada noche y en esa soledad; el cigarrillo. Nos despedimos una hora antes del show que debía presentar con un estadio a pleno. Aunque ambos intercambiamos nuestros respectivos teléfonos, solo volví a verlo actuar en un show espectacular que realizó en el teatro Hermitage de Mar del Plata. Esto sucedió cuando ya vivíamos en esa ciudad, fuimos juntos con Elvira. Si mal no recuerdo fué en 1990 y otra vez, conduciendo un programa en FM Stereo Rey, propiedad de Ricardo Pollera, se me ocurrió imitar nuevamente a Sandro, haciendo lo mismo que había iniciado en Bahía. Yo mismo anunciaba que en pocos minutos estaríamos hablando en directo con el "Gitano" y todas las personas que quisieran mantener un diálogo con él, podían hacerlo a través del teléfono. En la "Feliz", esa propuesta pareció potenciarse y llovieron los llamados de los fans, aunque en esta oportunidad me pasé de la raya anunciando que a las 20 horas, Sandro estaría firmando autógrafos en el aeropuerto de Camet. Jamás habría pensado que mucha gente al escuchar ésto, iría con su propio automóvil o en taxi hasta el aeropuerto marplatense con la ilusión de ver a su ídolo, algo que supimos cuando algún empleado de la aeroestación nos llamó para saber si realmente Sandro estaría allí, porque había una gran cantidad de personas esperándolo. Ante la complicada situación opté por decir la verdad, explicar a la audiencia que aquello había sido una broma y pedí disculpas por las molestias ocasionadas. Después de pelearla con alma y vida por salir adelante, Roberto Sánchez y Sandro, partieron de éste plano terrenal el día lunes 4 de Enero. Quizás cansado de tanto sufrir, harto del deterioro físico, uno de lo más grandes mitos dejó la tierra y a partir de su fallecimiento, nace la leyenda. Cuantos temas interpretados por él, quedan en nuestro recuerdo, que maravillosa e inmortal herencia de canciones seguirán oyéndose por quienes vivimos aquella época de oro y también para las nuevas generaciones que descubren al Sandro de las distintas épocas. Termino esta parte de mi blog con ese estribillo donde decía. "No quiero que me lloren cuando me vaya a la eternidad, quiero que me recuerden como a la misma felicidad...". Gracias por haber sido tan buena persona, gracias por tu mística, gracias por tu talento y hasta pronto querido Sandro de América.
A esta cita me acompañó Gustavo Daich. Cuando llegamos a uno de los últimos pisos del edificio, allí sentado en un sillón de la confitería del hotel, estaba esperándonos Sandro en persona y con una copa de whisky en la mano. Al verme, se incorporó, caminó hacia mí sonriendo y extendiéndome su mano me dijo: "Muy bueno lo tuyo, sinceramente me gustó muchísimo, te lo agradezco. Sentáte, ¿que tomás?". Gustavo por una indicación del asistente del cantante, se había quedado sentado en una mesa a unos metros de distancia. Esto evidenciaba que mi charla con la estrella Latina sería breve y en privado, además no había llevado grabador. En ese momento yo no tenía la mínima idea de lo que íbamos a hablar, solo conocía sus temas y que vivía "amurallado" en una gran casa rodeada de paredes muy altas en el barrio de Banfield. Por alguna extraña razón, a escasos minutos de sentarnos frente a frente, tuve la sensación de estar compartiendo un grato momento junto a un amigo de toda la vida. Era difícil encontrar un tema determinado y creo que ambos decidimos dejarnos llevar por la expontaneidad y allá fuímos. El carisma de Sandro era absolutamente genuino, estaba en lo mejor de su edad (39 años) se lo veía impecable y era poseedor de una gran facilidad de palabras e inteligencia fuera de serie. Estaba ante un grande de verdad, alguien que brillaba con luz propia y cargaba con la pesada responsabilidad de ser un auténtico ídolo, quizás el más grande Argentina y toda latinoamérica. Por propia iniciativa me fué contando distintos aspectos de su vida, su concepto sobre la amistad y cuidado que le prodigaba a su carrera. Todo fué tan natural y fluído que sin darnos cuenta, se nos había pasado el tiempo y llevábamos casi cinco horas hablando sin parar. El en ese entonces fumaba cigarrillos Le Mans suaves largosy yó Benson&Hedges. Llenamos varias veces los grandes ceniceros del bar, que a cada rato eran cambiados por el mozo. Lejos estábamos de suponer que esos malditos cigarrillos a los que considerábamos "compañeros" de soledades o inseguridades terminarían en algún momento perjudicando seriamente la salud de Sandro. Recuerdo que en una parte de aquella extensa conversación, tocamos el tema del vicio de fumar, la Nicotina y los daños que provocaba esta adicción. Yo le manifesté que había empezado a fumar a los 14 años y desde entonces no había parado, ni tampoco estaba en plan de dejar de hacerlo, ya que a la hora de dibujar los comics, estábamos el tablero, la página a completar con la adrenalina que generaba crear una historieta cada noche y en esa soledad; el cigarrillo. Nos despedimos una hora antes del show que debía presentar con un estadio a pleno. Aunque ambos intercambiamos nuestros respectivos teléfonos, solo volví a verlo actuar en un show espectacular que realizó en el teatro Hermitage de Mar del Plata. Esto sucedió cuando ya vivíamos en esa ciudad, fuimos juntos con Elvira. Si mal no recuerdo fué en 1990 y otra vez, conduciendo un programa en FM Stereo Rey, propiedad de Ricardo Pollera, se me ocurrió imitar nuevamente a Sandro, haciendo lo mismo que había iniciado en Bahía. Yo mismo anunciaba que en pocos minutos estaríamos hablando en directo con el "Gitano" y todas las personas que quisieran mantener un diálogo con él, podían hacerlo a través del teléfono. En la "Feliz", esa propuesta pareció potenciarse y llovieron los llamados de los fans, aunque en esta oportunidad me pasé de la raya anunciando que a las 20 horas, Sandro estaría firmando autógrafos en el aeropuerto de Camet. Jamás habría pensado que mucha gente al escuchar ésto, iría con su propio automóvil o en taxi hasta el aeropuerto marplatense con la ilusión de ver a su ídolo, algo que supimos cuando algún empleado de la aeroestación nos llamó para saber si realmente Sandro estaría allí, porque había una gran cantidad de personas esperándolo. Ante la complicada situación opté por decir la verdad, explicar a la audiencia que aquello había sido una broma y pedí disculpas por las molestias ocasionadas. Después de pelearla con alma y vida por salir adelante, Roberto Sánchez y Sandro, partieron de éste plano terrenal el día lunes 4 de Enero. Quizás cansado de tanto sufrir, harto del deterioro físico, uno de lo más grandes mitos dejó la tierra y a partir de su fallecimiento, nace la leyenda. Cuantos temas interpretados por él, quedan en nuestro recuerdo, que maravillosa e inmortal herencia de canciones seguirán oyéndose por quienes vivimos aquella época de oro y también para las nuevas generaciones que descubren al Sandro de las distintas épocas. Termino esta parte de mi blog con ese estribillo donde decía. "No quiero que me lloren cuando me vaya a la eternidad, quiero que me recuerden como a la misma felicidad...". Gracias por haber sido tan buena persona, gracias por tu mística, gracias por tu talento y hasta pronto querido Sandro de América.
martes, 22 de diciembre de 2009
Cuando Roberto invitó a su casa a dos exhuberantes señoritas para disfrutar de una noche de "lujuria".
Estos hechos sucedieron a principio de los años ochenta, cuando había montado "Cripy" Bailables en el Salón Bariloche del Club Olimpo, frente a Plaza Rivadavia, en pleno centro de Bahía. Este bailable donde en los tres años y medio que funcionó a pleno, jamás se expendieron bebidas alcohólicas. Esta decisión, que en los inicios generaba cierta desconfianza en mis socios del emprendimiento, no fué un obstáculo para que "Cripy" se convirtiera en un verdadero éxito hasta su cierre en 1985. El nombre lo puse en homenaje a la antológica revista Creepy, editada originalmente por la Warren en los Estados Unidos y paralelamente por Toutain en España. El bailable funcionaba los días sábados unicamente y contaba con un fuerte apoyo publicitario tanto en radio como diario y TV con piezas grabadas muy estridentes y bizarras que se renovaban semanalmente sumándole al evento diferentes temáticas derivadas del comic, entre ellas: La noche de Hulk, Spiderman, etc. Hasta la actualidad, muchos hombres y mujeres que en aquellos tiempos eran adolescentes aún recuerdan con nostalgia el slógan que decía: "Cripy bailables, chicas no pagan" y el hecho singular de no cobrarle entrada a las señoritas, generaba que más de 500 mujeres jóvenes en su mayoría muy atractivas, asistieran a cada reunión. El promedio de concurrentes era de unas 1800 personas, todas adolescentes que se divertían espontánea y sanamente sin la necesidad de "aditivos", solo gaseosas. En ese espectáculo que recuerdo con mucho cariño, trabajaban unas diecisiete personas afectadas a boletería, acceso, seguridad, disc jockeys, sonidistas, iluminadores y encargados de la barra donde se expendían las inofensivas bebidas. En este último sector estaba Roberto como responsable de la caja. Muy responsable y simpático, Roberto se destacaba por su cumplimiento, jamás había faltado en todos los años que funcionó "Cripy", hasta que una noche, pide hablar conmigo a solas y muy misterioso me dice: "Pipo, tengo dos minas terribles que quieren salir conmigo y con Marcelo, además estoy solo en casa, mi esposa y los chicos se fueron por varios días". Sin dudarlo le respondí: "No hay problema Roberto, dejále la caja a Carlos y vayansé yá, estas oportunidades solo se dan una vez". Las dos niñas que estaban dispuestas a salir con Roberto y Marcelo eran dos bellas y esculturas que enfundaban sus atractivos cuerpos en ajustadas calzas de colores y remeras más que livianas. Roberto, Marcelo y las dos señoritas se fueron del local saludándome muy alegremente y me puse feliz pensando en lo bien que lo pasarían estas dos parejas jóvenes y llenas de vida. Cerca de las cuatro de la madrugada y una hora antes de la finalización del baile, veo que Roberto, Marcelo y las dos muchachas ingresan nuevamente al salón. No entendía que había pasado, si solo habían estado ausentes unos cuarenta minutos. Evidentemente algo había salido mal y las caras de los cuatro, no mostraba un ápice de alegría. La verdad la supe a través de Marcelo, quien después del cierre del bailable, se acerca muy contrariado y me cuenta con lujo de detalles lo que había ocurrido en la casa de Roberto. "Ni bien entramos, nos pidió que nos pusieramos "patines", (unos trozos de paño que en esos tiempos se utilizaban para poner un pié en cada uno de ellos y deslizarse para no marcar los pisos de madera encerados). Sin muchas ganas, yo, Roberto y las dos chicas nos pusimos los patines y fuimos hasta la cocina-comedor, donde los cuatro nos sentamos alrededor de la mesa principal. Inmediatamente Roberto trajo una botella de Cognac, cuatro copas y nos pidió por favor que no fumemos porque su esposa tenía un olfato ultra sensible y no quería correr el riesgo que a su regreso, la mujer descubriera que a su casa habían entrado extraños". Marcelo encendió otro cigarrillo y nervioso, continuó con su relato: "Empezamos a tomar el Cognac y de pronto, Roberto apaga las luces. Yo pensé que esa era la señal para entrar en acción y a partir de allí iniciaríamos los primeros mimos con las "minas", pero apareció con una caja grande y con todo cuidado sacó un proyector de diapositivas y armó una pantalla plegable cerca de la pared. Pensé que íbamos a ver fotos eróticas para ir entrando en calor, pero cuando tuvo todo armado, apagó la pequeña luz que había quedado encendida y puso en funcionamiento el proyector. Las imágenes que se veían eran las del casamiento por iglesia de Roberto, creí que se había confundido, pero nó, después siguieron un montón de fotos de la fiesta. No podía creer que esto estuviera pasando, porque estábamos perdiendo un tiempo precioso, y encima se tomaba el trabajo de ir explicando cada secuencia con lujo de detalles".
No me jodas le dije, lo que me contás es una tamañan boludez. "Nó, te juro que es verdad, esperá que llamo a las pibas para que te lo confirmen", me contesta Marcelo al tiempo que al verla cerca de la barra de bebidas, no duda en llamar a una de las chicas que habían asistido a la insólita reunión. Mientras bebía una gaseosa, la sensual muchacha de cabellos negros y lacios, con una sonrisa corrobora todo lo expuesto por Marcelo y sin dejar de reirse, nos dice: "Eso no es todo, después de las diapositivas de la ceremonia religiosa y la fiesta, trajo otro "tambor" y empezó a proyectar las fotos de su luna de miel en Bariloche, ¿podés creerlo?". Realmente aquello era para no creerlo, mientras la chica se fué a bailar música movida a la pista, Marcelo y yo mirábamos ese físico apetecible que se contoneaba provocativa y pensábamos en lo que Roberto se había perdido aquella noche con su inoportuna y estúpida ocurrencia.
No me jodas le dije, lo que me contás es una tamañan boludez. "Nó, te juro que es verdad, esperá que llamo a las pibas para que te lo confirmen", me contesta Marcelo al tiempo que al verla cerca de la barra de bebidas, no duda en llamar a una de las chicas que habían asistido a la insólita reunión. Mientras bebía una gaseosa, la sensual muchacha de cabellos negros y lacios, con una sonrisa corrobora todo lo expuesto por Marcelo y sin dejar de reirse, nos dice: "Eso no es todo, después de las diapositivas de la ceremonia religiosa y la fiesta, trajo otro "tambor" y empezó a proyectar las fotos de su luna de miel en Bariloche, ¿podés creerlo?". Realmente aquello era para no creerlo, mientras la chica se fué a bailar música movida a la pista, Marcelo y yo mirábamos ese físico apetecible que se contoneaba provocativa y pensábamos en lo que Roberto se había perdido aquella noche con su inoportuna y estúpida ocurrencia.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Un "papelón" inolvidable: El Poderoso Mercedes Benz que no tenía marcha atrás.
Charly era un tipo que se hacía notar en cualquier parte y esto lo lograba gracias a su físico voluminoso, la ropa llamativa que usaba con frecuencia y también por su vozarrón. Siempre nos contaba historias increíbles que supuestamente había protagonizado en distintas partes del mundo. Se mostraba con aires de suficiencia y su verborragia era natural, tenía matices y aunque en aquella época (1995) tenía todos los síntomas de "estar de regreso", aún mostraba interés por dar una última batalla en el complejo y quimérico mundo del marketing y la publicidad. La mayoría de sus ideas eran extrañas y muy difíciles de aplicar a la hora de llevarlas a la práctica. Pero sus ganas y el carisma que poseía me llevaban a escucharlo y tomar un café con él, oír sus anécdotas y sin querer me iba involucrando en su férrea intención por hacer algo grande y ganancioso. Charly amaba los autos grandes y lujosos. Tenía dos o tres, pero el que más se destacaba era un gigantesco Mercedes Benz blanco que tenía todo el aspecto de una limousine. Con frecuencia decía que en un primer contacto con algún eventual cliente importante, era fundamental aparecer en su empresa con un vehículo llamativo y en lo posible de marca prestigiosa. Al poco tiempo de conocerlo, se nos presentó la oportunidad de ir a llevarle una propuesta a un conocido supermercado de la ciudad de La Plata, Charly se había entusiasmado y lo primero que hizo fué preparar su ostentoso Mercedes. La cita con el propietario del supermercado fué programada para un día Viernes a la tarde. Era el mes de Noviembre y la temperatura era bastante elevada, principalmente en la ciudad de las diagonales. A las dieciseis horas en punto, Charly y yó, entramos a bordo del Mercedes a la playa de estacionamiento de la empresa. El vehículo quedó ubicado en uno de los boxes, ambos estábamos vestidos con saco y llevábamos un maletín conteniendo toda la información relacionada con la campaña publicitaria que íbamos a ofrecer al propietario de la firma.
La reunión duró casi una hora y media, tanto Charly como yó, tuvimos una actuación bastante destacada que casi sobre el final de la entrevista parecía haber convencido casi en un ochenta por ciento al empresario que se había deslumbrado por la cantidad de logros relatados por Charly y más aún cuando éste le dejó su frondosa carpeta de antecedentes. Después de compartir varios cafés y gaseosas con el ejecutivo, nos despedimos efusivamente, acordándo regresar en una semana para que nos dé su respuesta. Cuando estábamos a punto de bajar por la escalera que conducía directamente a la cochera, dirigiéndose a Charly, el comerciante le dice: "Lo felicito por el auto que tiene, realmente está muy bueno, se ven pocos Mercedes así". Mientras le extendía la mano, Charly con una sonrisa le responde: "Sí, soy coleccionista de autos, éste es uno de ellos, pero me gusta mantenerlos impecables".
Ya en el interior del vehículo, Charly me mira y exclama: "¿Ché, este tipo como sabía que vinimos con el Mercedes?". Por las cámaras de video, ¿no vés que tiene cámaras de seguridad por todas partes? le contesto. Charly arrancó el auto, el motor sonaba a la perfección, pero el calor que hacía allí, en esa cochera al aire libre era insoportable. Fué entonces que le pedí que encendiera el aire acondicionado. "No funciona, ningún mecánico dá pié con bola y me lo puede arreglar", me dice con rostro de preocupación. "Bueno, no importa, poné la marcha atrás y rajemos cuanto antes porque nos vamos a cocinar", le pido. En el interior del auto se produce un silencio casi eterno y Charly, completamente abatido y resignado me dice: "tengo que confesarte algo, la marcha atrás no funciona, no nos queda otro remedio que sacarlo empujando". Entre los dos y con mucho esfuerzo, empujamos el enorme y pesado Mercedes blanco hasta dejarlo en posición de salir por el portón principal. Estábamos empapados de sudor e imaginé la cara del dueño del supermercado mirándo a través de las pantallas de sus monitores de TV esa lamentable maniobra. Después de aquel infortunado episodio, por nada del mundo, Charly quiso volver a entrevistarse con el empresario.
La reunión duró casi una hora y media, tanto Charly como yó, tuvimos una actuación bastante destacada que casi sobre el final de la entrevista parecía haber convencido casi en un ochenta por ciento al empresario que se había deslumbrado por la cantidad de logros relatados por Charly y más aún cuando éste le dejó su frondosa carpeta de antecedentes. Después de compartir varios cafés y gaseosas con el ejecutivo, nos despedimos efusivamente, acordándo regresar en una semana para que nos dé su respuesta. Cuando estábamos a punto de bajar por la escalera que conducía directamente a la cochera, dirigiéndose a Charly, el comerciante le dice: "Lo felicito por el auto que tiene, realmente está muy bueno, se ven pocos Mercedes así". Mientras le extendía la mano, Charly con una sonrisa le responde: "Sí, soy coleccionista de autos, éste es uno de ellos, pero me gusta mantenerlos impecables".
Ya en el interior del vehículo, Charly me mira y exclama: "¿Ché, este tipo como sabía que vinimos con el Mercedes?". Por las cámaras de video, ¿no vés que tiene cámaras de seguridad por todas partes? le contesto. Charly arrancó el auto, el motor sonaba a la perfección, pero el calor que hacía allí, en esa cochera al aire libre era insoportable. Fué entonces que le pedí que encendiera el aire acondicionado. "No funciona, ningún mecánico dá pié con bola y me lo puede arreglar", me dice con rostro de preocupación. "Bueno, no importa, poné la marcha atrás y rajemos cuanto antes porque nos vamos a cocinar", le pido. En el interior del auto se produce un silencio casi eterno y Charly, completamente abatido y resignado me dice: "tengo que confesarte algo, la marcha atrás no funciona, no nos queda otro remedio que sacarlo empujando". Entre los dos y con mucho esfuerzo, empujamos el enorme y pesado Mercedes blanco hasta dejarlo en posición de salir por el portón principal. Estábamos empapados de sudor e imaginé la cara del dueño del supermercado mirándo a través de las pantallas de sus monitores de TV esa lamentable maniobra. Después de aquel infortunado episodio, por nada del mundo, Charly quiso volver a entrevistarse con el empresario.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
¿Quién le Robó el Trineo a Papá Noel?. Cuento publicado en el número 60 de nuestra revista "Signos y Marcas".
Para muchas personas, la mítica figura de Papá Noel, es solo una fantasía, para los niños, una hermosa ilusión que esperan ansiosos en cada navidad de sus años de inocencia. Pero; ¿Qué sucedería si usted se enterara que realmente el legendario personaje, al igual que los Angeles y los Duendes, existe realmente y hasta concedió una entrevista a un jóven periodista argentino?. El encuentro no fue casual, posiblemente la misteriosa desaparición del clásico trineo, provocó esta inédita nota con un adulto que tuvo el privilegio de tener “cara a cara” a un Papá Noel contrariado y en apuros.
Yo me encontraba en un bar leyendo las noticias de los diarios, mi café aún estaba caliente, me disponía a beber lo que quedaba en el interior del pocillo cuando un hombre robusto, con barba blanca y tupida, se sienta frente a mí. El rostro de esta persona estaba cubierto por gotas de transpiración. Se evidenciaban sus nervios o ansiedad, sus ojos azules no dejaban de mirarme, toda la atención del barbado personaje se había centrado en mí. Desde el primer momento pensé que dentro de ese llamativo traje colorado, había un hombre común que se estaba ganando la vida promocionando alguna empresa. Era un disfraz casi perfecto de Papá Noel al igual que el parecido con las imágenes tradicionales. El hombre mostraba desprolijidad en su cabello largo y cano, busqué dinero en mi bolsillo como para darle una propina y se vaya lo más pronto posible. En estos tiempos no se puede confiar en nadie y menos aún en alguien que detrás de ese disfraz puede ocultar alguna mala intención, también podría tratarse de un mitómano. El personaje pareció adivinar mis intenciones e inmediatamente puso su mano derecha sobre la mesa al tiempo que me dice; “nó, usted se confunde, no necesito su dinero, solo busco su ayuda”. Algo en mi interior me decía que ese extraño visitante no me estaba mintiendo. Su voz se había tornado calma y sus palabras se escuchaban sinceras. ¿En que puedo ayudarlo señor?, le pregunté. Seguidamente, y sin dejar de mirarme fijamente, con inocultable tristeza me dice: “Me han robado el trineo, es la primera vez que me pasa algo así, no está en el lugar donde lo dejé y necesito encontrarlo cuanto antes”.
Traté de serenarme y esperar el momento propicio como para que aparezca un amigo o conocido que me libre de esa alocada situación. El hombre que tenía frente a mí se dió cuenta de mi fastidio, esta vez sonrió con cierta tristeza, su rostro pareció ruborizarse al máximo y mirando hacia la calle dijo: “No quería molestarlo, siento mucho haberme presentado ante usted de esta forma sorpresiva. Le agradezco que me haya escuchado, fue muy amable”.
En ese momento lo único que se me ocurrió fue preguntarle quien era en realidad. No dudó en responderme que él era Papá Noel y solo yo podía verlo, oírlo y dialogar con él. Cuando termino de decirme esto, noto que Carlos, el mozo del bar me estaba mirando con extrañeza y de inmediato caminó hacia mí mesa. ¿me llamabas?, pregunto con su amabilidad de siempre. “Estee…sí, traéme otro café por favor y no sé que va a tomar el señor”, dije mirando hacia mi barbado interlocutor. Carlos pareció no entender nada, miro hacia el sitio que le había indicado y me respondió; “¿qué señor?, te veo solo”.En ese instante tuve ganas de salir corriendo, ahora era yo quien no entendía lo que estaba sucediendo. Todo parecía formar parte de un sueño, aunque el supuesto Papá Noel, seguía frente a mí, ahora más calmo y de alguna manera demostrándome que efectivamente nadie más que yo podía verlo.
Esa prueba había bastado para que comience a creerle, pagué mi café y salimos juntos del bar. Ya en la calle, mi acompañante se puso su gorro rojo con la clásica borla blanca, y con un ademán me indico que crucemos hasta la plaza Rivadavia. Eran las diez de la mañana, el centro de la ciudad estaba lleno de gente y vehículos, pero nadie había reparado hasta el momento en la presencia del supuesto Papá Noel. Ya en la mitad del espacio verde, mientras varios niños y personas mayores caminaban cerca nuestro, se detiene en un sector alfombrado de césped y con gran seguridad me dice: “aquí había dejado mi trineo”. ¿Cuándo ocurrió esto? le pregunté. “fue anoche, me anticipé y quise venir antes ya que el tiempo real no existe para mí y eso me permite manejar mis viajes por el mundo, siempre y cuando sea antes de la Navidad”. Me imaginé en una comisaría, frente a un oficial sumariante intentando hacer una insólita denuncia por la desaparición de un trineo con sus respectivos renos, estaba pensando esto cuando el supuesto Papá Noel me dice, “yo sé donde están mi trineo y los renos, puedo ver el lugar y a los responsables del hecho”. “¿porqué no vamos con la policía y lo recuperamos?”, le sugerí. “nó, usted y yó iremos personalmente a buscarlo, esa es la ayuda que necesito”. En verdad, no me animé a contradecirlo, fuimos en mi auto. Durante el viaje Papá Noel solo se limitó a indicarme el camino. Llegamos por fín a un barrio muy humilde lindero a la ciudad. Las casas eran bajas, no había asfalto y los árboles escaseaban. Entre calles sinuosas y llenas de nubes de tierra impulsadas por el viento, mi acompañante me señala una vivienda al tiempo que dice con su voz ronca y potente; “es allí”. Detuve el vehículo y comenzamos a caminar hacia la casa en un mediodía caliente. Un grupo de chicos estaba jugando con una pelota de fútbol, al verme trataron de dispersarse, solo tres se quedaron y me miraron desafiantes. Con bastante temor caminé hacia los pibes que aparentaban tener unos doce o trece años, aunque sus rostros eran adustos y estaban a la defensiva. Papá Noel había desaparecido de mi vista y allí pensé que yo había sido víctima de alguna alucinación. Pero los tres chicos estaban allí, eran verdaderos y seguían mirándome con cara de pocos amigos queriendo saber el motivo de mi presencia. Les pregunté si ellos se habían llevado el trineo, los renos y los regalos, ninguno me respondió una palabra y me preguntaron si estaba tomándoles el pelo. De pronto, un niño de unos seis años, apareció en la puerta de una especie de galpón ubicado detrás de la casa y se puso a gritar; “los renos tienen hambre”. Esto fue suficiente como para que todos ingresáramos a la construcción y allí estaban los inquietos animales junto al histórico trineo. Una gran cantidad de paquetes de regalos abiertos se veían diseminados por el suelo, ¿porqué lo robaron?, les dije sin disimular mi indignación. El más pequeño de los chicos tenía lágrimas en los ojos y agachó la cabeza con vergüenza, otro de los presentes respondió; “pasamos por la plaza, vimos que Papá Noel estaba dormido y nos llevamos el trineo, siempre salimos a robar, así que ahora es nuestro y los regalos también”, exclamó muy seguro el muchacho. ¿Acaso no se dan cuenta que también robaron la ilusión de miles de chicos? les disparé. “No nos importan los otros chicos, ellos tienen lindas casas, padres ricos, juguetes. Nosotros ni siquiera vamos a la escuela, y nuestros padres viven de juntar cartones”, acotó. Todos permanecimos en silencio, estábamos cosechando los muchos años de sembrar pobreza, falta de educación y descuido de los derechos de los niños. Niños que crecen con resentimiento, sin destino, librados a su suerte y convencidos que robar es una ocupación normal. Pero lo peor era que habían crecido de golpe y estaban perdiendo la magia de la Navidad. Repentinamente los renos se agitaron, los brillantes papeles de los regalos, se acomodaron con sus respectivos moños en las cajas, Papá Noel apareció sorpresivamente sentado en su carruaje y exclamó: “Les dejo sus regalos, muchachos, aún están a tiempo de disfrutar del espíritu Navideño, es su última oportunidad”. Se escuchó el tintineo de los cascabeles y campanitas que ornamentan a los renos voladores y el trineo se elevó lentamente a escasos centímetros del suelo hasta desaparecer por una amplia ventana a medio terminar. Me alejé del humilde barrio con la sensación de haber chocado contra la triste realidad de un país cuyos habitantes gastan su energía en inútiles protestas y solo se comprometen cuando están en riesgo sus intereses y no tienen capacidad de solidarizarse con la realidad que los rodea. Hasta la noche del 24 de Diciembre dudé si realmente aquello había ocurrido, algo me impulsó a mirar hacia el cielo y allí, cruzando velozmente por una luna inmensamente luminosa estaban Papá Noel con su trineo y los renos distribuyendo felices ilusiones. Supe que también para mí, era la última oportunidad, volvía a ser grande, aunque me comprometí a no perder jamás mi alma de niño y poner lo mejor de mí para que algo cambie y volvamos a creer que la felicidad es posible si luchamos por recuperarla y cuidarla.
Pipo Palacios
Yo me encontraba en un bar leyendo las noticias de los diarios, mi café aún estaba caliente, me disponía a beber lo que quedaba en el interior del pocillo cuando un hombre robusto, con barba blanca y tupida, se sienta frente a mí. El rostro de esta persona estaba cubierto por gotas de transpiración. Se evidenciaban sus nervios o ansiedad, sus ojos azules no dejaban de mirarme, toda la atención del barbado personaje se había centrado en mí. Desde el primer momento pensé que dentro de ese llamativo traje colorado, había un hombre común que se estaba ganando la vida promocionando alguna empresa. Era un disfraz casi perfecto de Papá Noel al igual que el parecido con las imágenes tradicionales. El hombre mostraba desprolijidad en su cabello largo y cano, busqué dinero en mi bolsillo como para darle una propina y se vaya lo más pronto posible. En estos tiempos no se puede confiar en nadie y menos aún en alguien que detrás de ese disfraz puede ocultar alguna mala intención, también podría tratarse de un mitómano. El personaje pareció adivinar mis intenciones e inmediatamente puso su mano derecha sobre la mesa al tiempo que me dice; “nó, usted se confunde, no necesito su dinero, solo busco su ayuda”. Algo en mi interior me decía que ese extraño visitante no me estaba mintiendo. Su voz se había tornado calma y sus palabras se escuchaban sinceras. ¿En que puedo ayudarlo señor?, le pregunté. Seguidamente, y sin dejar de mirarme fijamente, con inocultable tristeza me dice: “Me han robado el trineo, es la primera vez que me pasa algo así, no está en el lugar donde lo dejé y necesito encontrarlo cuanto antes”.
Traté de serenarme y esperar el momento propicio como para que aparezca un amigo o conocido que me libre de esa alocada situación. El hombre que tenía frente a mí se dió cuenta de mi fastidio, esta vez sonrió con cierta tristeza, su rostro pareció ruborizarse al máximo y mirando hacia la calle dijo: “No quería molestarlo, siento mucho haberme presentado ante usted de esta forma sorpresiva. Le agradezco que me haya escuchado, fue muy amable”.
En ese momento lo único que se me ocurrió fue preguntarle quien era en realidad. No dudó en responderme que él era Papá Noel y solo yo podía verlo, oírlo y dialogar con él. Cuando termino de decirme esto, noto que Carlos, el mozo del bar me estaba mirando con extrañeza y de inmediato caminó hacia mí mesa. ¿me llamabas?, pregunto con su amabilidad de siempre. “Estee…sí, traéme otro café por favor y no sé que va a tomar el señor”, dije mirando hacia mi barbado interlocutor. Carlos pareció no entender nada, miro hacia el sitio que le había indicado y me respondió; “¿qué señor?, te veo solo”.En ese instante tuve ganas de salir corriendo, ahora era yo quien no entendía lo que estaba sucediendo. Todo parecía formar parte de un sueño, aunque el supuesto Papá Noel, seguía frente a mí, ahora más calmo y de alguna manera demostrándome que efectivamente nadie más que yo podía verlo.
Esa prueba había bastado para que comience a creerle, pagué mi café y salimos juntos del bar. Ya en la calle, mi acompañante se puso su gorro rojo con la clásica borla blanca, y con un ademán me indico que crucemos hasta la plaza Rivadavia. Eran las diez de la mañana, el centro de la ciudad estaba lleno de gente y vehículos, pero nadie había reparado hasta el momento en la presencia del supuesto Papá Noel. Ya en la mitad del espacio verde, mientras varios niños y personas mayores caminaban cerca nuestro, se detiene en un sector alfombrado de césped y con gran seguridad me dice: “aquí había dejado mi trineo”. ¿Cuándo ocurrió esto? le pregunté. “fue anoche, me anticipé y quise venir antes ya que el tiempo real no existe para mí y eso me permite manejar mis viajes por el mundo, siempre y cuando sea antes de la Navidad”. Me imaginé en una comisaría, frente a un oficial sumariante intentando hacer una insólita denuncia por la desaparición de un trineo con sus respectivos renos, estaba pensando esto cuando el supuesto Papá Noel me dice, “yo sé donde están mi trineo y los renos, puedo ver el lugar y a los responsables del hecho”. “¿porqué no vamos con la policía y lo recuperamos?”, le sugerí. “nó, usted y yó iremos personalmente a buscarlo, esa es la ayuda que necesito”. En verdad, no me animé a contradecirlo, fuimos en mi auto. Durante el viaje Papá Noel solo se limitó a indicarme el camino. Llegamos por fín a un barrio muy humilde lindero a la ciudad. Las casas eran bajas, no había asfalto y los árboles escaseaban. Entre calles sinuosas y llenas de nubes de tierra impulsadas por el viento, mi acompañante me señala una vivienda al tiempo que dice con su voz ronca y potente; “es allí”. Detuve el vehículo y comenzamos a caminar hacia la casa en un mediodía caliente. Un grupo de chicos estaba jugando con una pelota de fútbol, al verme trataron de dispersarse, solo tres se quedaron y me miraron desafiantes. Con bastante temor caminé hacia los pibes que aparentaban tener unos doce o trece años, aunque sus rostros eran adustos y estaban a la defensiva. Papá Noel había desaparecido de mi vista y allí pensé que yo había sido víctima de alguna alucinación. Pero los tres chicos estaban allí, eran verdaderos y seguían mirándome con cara de pocos amigos queriendo saber el motivo de mi presencia. Les pregunté si ellos se habían llevado el trineo, los renos y los regalos, ninguno me respondió una palabra y me preguntaron si estaba tomándoles el pelo. De pronto, un niño de unos seis años, apareció en la puerta de una especie de galpón ubicado detrás de la casa y se puso a gritar; “los renos tienen hambre”. Esto fue suficiente como para que todos ingresáramos a la construcción y allí estaban los inquietos animales junto al histórico trineo. Una gran cantidad de paquetes de regalos abiertos se veían diseminados por el suelo, ¿porqué lo robaron?, les dije sin disimular mi indignación. El más pequeño de los chicos tenía lágrimas en los ojos y agachó la cabeza con vergüenza, otro de los presentes respondió; “pasamos por la plaza, vimos que Papá Noel estaba dormido y nos llevamos el trineo, siempre salimos a robar, así que ahora es nuestro y los regalos también”, exclamó muy seguro el muchacho. ¿Acaso no se dan cuenta que también robaron la ilusión de miles de chicos? les disparé. “No nos importan los otros chicos, ellos tienen lindas casas, padres ricos, juguetes. Nosotros ni siquiera vamos a la escuela, y nuestros padres viven de juntar cartones”, acotó. Todos permanecimos en silencio, estábamos cosechando los muchos años de sembrar pobreza, falta de educación y descuido de los derechos de los niños. Niños que crecen con resentimiento, sin destino, librados a su suerte y convencidos que robar es una ocupación normal. Pero lo peor era que habían crecido de golpe y estaban perdiendo la magia de la Navidad. Repentinamente los renos se agitaron, los brillantes papeles de los regalos, se acomodaron con sus respectivos moños en las cajas, Papá Noel apareció sorpresivamente sentado en su carruaje y exclamó: “Les dejo sus regalos, muchachos, aún están a tiempo de disfrutar del espíritu Navideño, es su última oportunidad”. Se escuchó el tintineo de los cascabeles y campanitas que ornamentan a los renos voladores y el trineo se elevó lentamente a escasos centímetros del suelo hasta desaparecer por una amplia ventana a medio terminar. Me alejé del humilde barrio con la sensación de haber chocado contra la triste realidad de un país cuyos habitantes gastan su energía en inútiles protestas y solo se comprometen cuando están en riesgo sus intereses y no tienen capacidad de solidarizarse con la realidad que los rodea. Hasta la noche del 24 de Diciembre dudé si realmente aquello había ocurrido, algo me impulsó a mirar hacia el cielo y allí, cruzando velozmente por una luna inmensamente luminosa estaban Papá Noel con su trineo y los renos distribuyendo felices ilusiones. Supe que también para mí, era la última oportunidad, volvía a ser grande, aunque me comprometí a no perder jamás mi alma de niño y poner lo mejor de mí para que algo cambie y volvamos a creer que la felicidad es posible si luchamos por recuperarla y cuidarla.
Pipo Palacios
viernes, 4 de diciembre de 2009
Sueños compartidos con Julio Berdini, La Colimba y el dibujo animado sonoro de Ergonex en la TV de los Sesenta.
A Julio Berdini lo conocí cuando éramos adolescentes en busca de algún destino cierto. Buena persona, carismático y muy "entrador" con las chicas de Bahía. Su particularidad era el gran parecido que por entonces tenía con el popular actor italiano Vittorio Gassman, puedo asegurar que era idéntico y esta similitud la acentuaba la nariz que Julio poseía en aquellos años. Tiempo después se la operó por alguna razón que desconozco y ya no volvería a ser el doble de Gassman. Cuando nos tocó el servicio militar obligatorio, nos encontramos en el Batallón de Comunicaciones 181, muy cercano al Comando del V Cuerpo. Allí nos hicieron poner en bolas en una sala, junto a unos 300 futuros soldados a la espera de la temida revisación médica, algo que definiría si éramos aptos para cumplir con la patria o nos salvabamos de permanecer un año en el Ejército. Ni Julio ni yó nos veíamos metidos dentro de un uniforme verde, creo que cuando finalizó aquella primera inspección médica, ambos estábamos seguros que nos detectarían algún problema y volveríamos rápidamente a casa como si nada hubiera pasado. Julio siempre permanecía sereno, casi en silencio y elucubrando algo que solo él sabía. Yo intuía que Julio estaba plenamente convencido que se libraría de convertirse en un recluta más. Casi dos meses después, regresamos a la segunda revisación médica. El entorno nos generaba temores diversos, ya que los suboficiales con sus órdenes y gritos imponían su autoridad haciéndonos sentir que si no pasábamos esta segunda oportunidad, nos esperaba una verdadera pesadilla. A mí me descubrieron desviación de columna y pié plano y el dictámen fué "Apto R"(Apto Relativo). Este diagnóstico tenía suficiente peso como para perder la posibilidad de pedir una tercera junta médica y considerarme inevitáblemente incluído en las filas de los "Colimbas", calificativo que se le daba al soldado de acuerdo a su misión en la fuerza (corre, limpia, barre). Definitívamente en esa etapa, tanto Julio como yó fuimos incorporados a pesar de nuestras inconsistentes protestas y al poco tiempo nos encontrábamos corriendo, comiendo locros, sopas tibias, mate cocido, etc. En algún momento nos raparon salvájemente y fuimos a parar a una cuadra gigante junto a más de cien camaradas donde dormíamos sobre bolsas rellenas con paja en camas cuchetas de tres pisos. Nos esperaban los jodidos tres meses correspondientes al período de instrucción, tiempo donde se supone que el recluta en base a diversas prácticas, algunas extremas puede llegar a formarse como un verdadero soldado. Todo esto era teoría de viejos manuales del ejército, porque si bien en los 90 días de instrucción a los que fuimos sometidos, nos hacían correr y saltar desde las seis de la mañana, de poco serviríamos a la hora de una batalla real porque ninguno de los 200 pibes que conformábamos la Compañía, teníamos la mínima idea de cómo disparar un fusil FAL, desarmarlo, atacar a la bayoneta en un cuerpo a cuerpo o simplemente quitar una bala atascada en la recámara del arma.
Julio Berdini protagonizó durante un breve tiempo parte de estas maniobras, luego, le salió una baja sorpresiva y regresó a su vida de civil. Por un lado, la partida de Julio me alegró, pero ya no lo contaría en nuestras charlas y bromas dentro de un área militar donde habíamos sobrevivido gracias a que luchábamos por reirnos de todo lo que sucedía a nuestro alrededor y principalmente porque conservábamos intacto nuestro pensamiento de libertad. Cuando terminó mi período de "Colimba", volví a reencontrarme con Julio, quien tenía la representación de un aditivo para motores de automóviles llamado "Ergonex", quería imponerlo en el mercado local y para éste fín, debía poner en marcha una campaña publicitaria. En esos años, la televisión por aire estaba comenzando a crecer en Bahía y muchos hogares yá disponían de un aparato de TV, aunque anunciar en esos medios resultaba inaccesible para algunos comercios locales por el alto costo de los espacios. Fué entonces que le propuse a Julio realizar un comercial fílmico sonoro con animación incluída para "Ergonex", una experiencia nunca antes realizada en el ámbito de la producción local. Hablamos con Alberto Freinkel, un talentoso camarógrafo bahiense con quien me unía además de una excelente relación de personas, el mismo interés por el cine argentino de vanguardia. Alberto escuchó atentamente la audaz propuesta, un verdadero desafío para la época y la intención era lograr esa pieza con un mínimo presupuesto, algo que a la hora de realizar la animación y los doblajes demandaría todo nuestro ingenio y capacidad. El intento valía la pena, primeramente porque se trataba de algo que a Julio podía servirle y en segundo lugar porque quería probarme a mí mismo. El comercial mostraba a una modelo muy bonita que habíamos convencido para que sea la cara del aviso y ella misma echaba en el motor el aditivo. Luego, el vehículo se ponía en marcha, el capot se abría y del mismo salían dragones que simbolizaban la potencia que adquiría el automóvil gracias a "Ergonex". Finalizadas las tomas con la modelo en exteriores, precisamente en una estación de servicio, con Alberto Freinkel nos encerramos en un pequeño estudio que mis viejos me habían armado en el acceso de la casa paterna e iniciamos la realización del primer dibujo animado superpuesto en imágenes reales que se hizo en Bahía. Los dibujos los trabajé sobre papel transparente de los que se usan como envoltorios en las florerías. Primeramente pasé talco sobre el papel y posteriormente calqué lo que previamente había dibujado en tinta china sobre papeles comunes. Debían respetarse todas las secuencias relacionadas con los movimientos de los dragones, el "cuadro a cuadro", o sea un dibujo para cada toma que duraba aproximadamente un segundo. Freinkel ubicó su cámara de 16 milímetros en lo alto valiéndose de elementos y soportes más que rudimentarios y la iluminación la efectuamos con lamparas comunes de 100 wats. Recuerdo que para esa escena animada que duraría unos diez o doce segundos estuvimos varias horas repitiendo las tomas hasta que finalmente ambos quedamos conformes.
Cuando revelamos la película, Alberto hizo una edición impecable tanto de lo que se vería en vivo, el primer plano del producto y el momento donde los dragones saltaban desde el motor y volaban hacia el exterior. Increíblemente todo había quedado bién, casi perfecto para una película de 30 segundos hecha a pulmón. El doblaje de las voces y los efectos sonoros, se llevó a cabo en Canal 7(Telba) con la locución en off de Víctor Pascuaré. Habíamos quedado más que satisfechos con el comercial de "Ergonex", posiblemente una anticipación más que válida en aquellos primeros pasos de mi carrera como publicista. No se si a Julio le fué bien con "Ergonex", tampoco nos importaba demasiado, porque todos los aquí mencionados estábamos buscando nuestras respectivas puertas en la vida, éramos muy jóvenes, vitales y tanto el error como el acierto formaban parte de aquellos intentos. Siempre admiré la excelente relación de Julio con su hermano y con el transcurrir de los años, fuimos encontrándonos en diferentes momentos manteniendo intacta la sintonía que nos había unido. Algunos ex compañeros de la "Colimba", habían trabajado varios meses para que todos los de la clase 44, nos reuniéramos en una cena de reencuentro, algo que nunca me había resultado atractivo principalmente porque no habíamos estado en Vietnam, solo seríamos un montón de nostálgicos dispuestos a recordar un tramo existencial con anécdotas de relativa emoción. Las mías fueron reales, demasiado audaces, aunque no heroicas y las compartí con pocos camaradas, entre ellos Indalesio Peral, "Mandinga" Montechiari, Daniel Troncoso, el "Narigón" Tomassini", el "Vasco" Goyanarte, el "Petiso" Méndez y Julio Berdini. Aquella cena tan anhelada, finalmente se llevó a cabo hace un par de años, creo y fué realmente frustrante. En primer lugar porque de entrada, varios de los asistentes no nos reconocimos, el tiempo había pasado para todos, estábamos más viejos y ya nada sería igual. Por suerte, todos mis "compinches" de la era militar estaban allí y en un momento, solo bastó mirarnos para entender que debíamos salir de allí inmediatamente. Terminamos en Daytona, hablando del presente y felizmente sin mirar hacia atrás. Habíamos cambiado, a cuarenta años de la "Colimba", éramos otros tipos que poco o nada tenían que ver con los habíamos dejado en el restaurante y en ese pequeño grupo de "fugados", aún se mantenía viva la esencia que de alguna manera nos hizo querernos, entendernos, respetarnos y encontrarnos sin quererlo en cada vuelta de una esquina.
Julio Berdini protagonizó durante un breve tiempo parte de estas maniobras, luego, le salió una baja sorpresiva y regresó a su vida de civil. Por un lado, la partida de Julio me alegró, pero ya no lo contaría en nuestras charlas y bromas dentro de un área militar donde habíamos sobrevivido gracias a que luchábamos por reirnos de todo lo que sucedía a nuestro alrededor y principalmente porque conservábamos intacto nuestro pensamiento de libertad. Cuando terminó mi período de "Colimba", volví a reencontrarme con Julio, quien tenía la representación de un aditivo para motores de automóviles llamado "Ergonex", quería imponerlo en el mercado local y para éste fín, debía poner en marcha una campaña publicitaria. En esos años, la televisión por aire estaba comenzando a crecer en Bahía y muchos hogares yá disponían de un aparato de TV, aunque anunciar en esos medios resultaba inaccesible para algunos comercios locales por el alto costo de los espacios. Fué entonces que le propuse a Julio realizar un comercial fílmico sonoro con animación incluída para "Ergonex", una experiencia nunca antes realizada en el ámbito de la producción local. Hablamos con Alberto Freinkel, un talentoso camarógrafo bahiense con quien me unía además de una excelente relación de personas, el mismo interés por el cine argentino de vanguardia. Alberto escuchó atentamente la audaz propuesta, un verdadero desafío para la época y la intención era lograr esa pieza con un mínimo presupuesto, algo que a la hora de realizar la animación y los doblajes demandaría todo nuestro ingenio y capacidad. El intento valía la pena, primeramente porque se trataba de algo que a Julio podía servirle y en segundo lugar porque quería probarme a mí mismo. El comercial mostraba a una modelo muy bonita que habíamos convencido para que sea la cara del aviso y ella misma echaba en el motor el aditivo. Luego, el vehículo se ponía en marcha, el capot se abría y del mismo salían dragones que simbolizaban la potencia que adquiría el automóvil gracias a "Ergonex". Finalizadas las tomas con la modelo en exteriores, precisamente en una estación de servicio, con Alberto Freinkel nos encerramos en un pequeño estudio que mis viejos me habían armado en el acceso de la casa paterna e iniciamos la realización del primer dibujo animado superpuesto en imágenes reales que se hizo en Bahía. Los dibujos los trabajé sobre papel transparente de los que se usan como envoltorios en las florerías. Primeramente pasé talco sobre el papel y posteriormente calqué lo que previamente había dibujado en tinta china sobre papeles comunes. Debían respetarse todas las secuencias relacionadas con los movimientos de los dragones, el "cuadro a cuadro", o sea un dibujo para cada toma que duraba aproximadamente un segundo. Freinkel ubicó su cámara de 16 milímetros en lo alto valiéndose de elementos y soportes más que rudimentarios y la iluminación la efectuamos con lamparas comunes de 100 wats. Recuerdo que para esa escena animada que duraría unos diez o doce segundos estuvimos varias horas repitiendo las tomas hasta que finalmente ambos quedamos conformes.
Cuando revelamos la película, Alberto hizo una edición impecable tanto de lo que se vería en vivo, el primer plano del producto y el momento donde los dragones saltaban desde el motor y volaban hacia el exterior. Increíblemente todo había quedado bién, casi perfecto para una película de 30 segundos hecha a pulmón. El doblaje de las voces y los efectos sonoros, se llevó a cabo en Canal 7(Telba) con la locución en off de Víctor Pascuaré. Habíamos quedado más que satisfechos con el comercial de "Ergonex", posiblemente una anticipación más que válida en aquellos primeros pasos de mi carrera como publicista. No se si a Julio le fué bien con "Ergonex", tampoco nos importaba demasiado, porque todos los aquí mencionados estábamos buscando nuestras respectivas puertas en la vida, éramos muy jóvenes, vitales y tanto el error como el acierto formaban parte de aquellos intentos. Siempre admiré la excelente relación de Julio con su hermano y con el transcurrir de los años, fuimos encontrándonos en diferentes momentos manteniendo intacta la sintonía que nos había unido. Algunos ex compañeros de la "Colimba", habían trabajado varios meses para que todos los de la clase 44, nos reuniéramos en una cena de reencuentro, algo que nunca me había resultado atractivo principalmente porque no habíamos estado en Vietnam, solo seríamos un montón de nostálgicos dispuestos a recordar un tramo existencial con anécdotas de relativa emoción. Las mías fueron reales, demasiado audaces, aunque no heroicas y las compartí con pocos camaradas, entre ellos Indalesio Peral, "Mandinga" Montechiari, Daniel Troncoso, el "Narigón" Tomassini", el "Vasco" Goyanarte, el "Petiso" Méndez y Julio Berdini. Aquella cena tan anhelada, finalmente se llevó a cabo hace un par de años, creo y fué realmente frustrante. En primer lugar porque de entrada, varios de los asistentes no nos reconocimos, el tiempo había pasado para todos, estábamos más viejos y ya nada sería igual. Por suerte, todos mis "compinches" de la era militar estaban allí y en un momento, solo bastó mirarnos para entender que debíamos salir de allí inmediatamente. Terminamos en Daytona, hablando del presente y felizmente sin mirar hacia atrás. Habíamos cambiado, a cuarenta años de la "Colimba", éramos otros tipos que poco o nada tenían que ver con los habíamos dejado en el restaurante y en ese pequeño grupo de "fugados", aún se mantenía viva la esencia que de alguna manera nos hizo querernos, entendernos, respetarnos y encontrarnos sin quererlo en cada vuelta de una esquina.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Imperdible; el debut en el boliche de Isidoro Pieri, (Chiro) del increíble hombre de "Los Mil Dedos".
En aquellos principios de los años setenta, Isidoro Pieri, más conocido como "Chiro", aún no había aparecido por Bahía. Sí se sabía que había montado en calle Chiclana, altos, al lado del mítico Palacio del Cine, una discoteca de carácerísticas muy singulares para la época. En principio porque ese sitio estaba decorado de una manera diferente y tenía un sistema de audio casi perfecto. "Chiro", vivía en Buenos Aires y el negocio estaba a cargo de su hermano Jorge, con quien yo tenía una buena amistad. El mismo Jorge Pieri, me pide que hagamos algo para levantar el local, ya que no estaba funcionando como él y su hermano deseaban. La realidad era que la confitería no tenía suficiente promoción, además competía con muchos boliches bailables de similares características que ya estaban impuestos y contaban con una clientela fiel y consecuente. Jorge siempre me hablaba de su hermano, tenía por él una gran admiración respeto, pero lo que más le interesaba era poder demostrarle que él podía hacer algo para que el negocio funcione a pleno. Mi primo Norberto Di Luca, era un tipo extraordinario y digo era, porque falleció siendo muy jóven. En nuestra infancia y también en la adolescencia, éramos compinches en todo, incluso coincidíamos en ser acérrimos enemigos de los libros, ya que tanto en la escuela primaria como la secundaria, nos consideraban alumnos mediocres, más bien tirando a pésimos. Ni a Norberto ni a mí nos gustaba estudiar, yo prefería dibujar soldados o hacer caricaturas en los cuadernos y él, solía, a la salida del colegio agarrarse a trompadas con los más "pesados". En la secundaria, habíamos transitado sin pena ni gloria por el Don Bosco y Pedro Goyena. A éste último se lo conocía como el albergue de los deshauciados y allí estuvimos compartiendo bancos con chicos pendencieros que eran capaces de destruir un aula en medio de una "batalla" o practicar lanzamiento de navajas del tipo "Sevillanas" contra los pizarrones y burlarse sin piedad de algunas profesoras o profesores sin importarles las amonestaciones que les caerían encima por su comportamiento salvaje. Norberto era temido por su forma de boxear y cuando yo tenía algún problema con un compañero peligroso, no vacilaba en llamarlo y él se encargaba de pelear por mí, saliendo victorioso de todos los combates. Mi primo terminó la secundaria y se fué a estudiar medicina a la La Plata, ciudad donde tiempo después volvimos a encontrarnos en varias oportunidades. En una de mis últimas visitas, Norberto me comentó que conocía a un músico extraordinario que tocaba una especie de órgano electrónico capaz de lograr el sonido de una verdadera orquesta. Movido por la curiosidad, le pedí que me presente a ese artista y una noche, a eso de las 21 horas, llegamos hasta su casa. Allí me encontré con un hombre delgado, de baja estatura y aspecto de persona tímida. Mi primo le pidió que toque algo y el músico de apellido Robela, se sentó frente a un teclado, posiblemente lo último de la época en ese tipo de instrumentos y comenzó a ejecutar un tema movido. En los dedos de ese músico había talento, velocidad, actitud, todo ese ámbito cobró vida y se transformó en contados minutos, al punto que cerré los ojos y tenía toda la sensación de estar ante una verdadera orquesta.
Quedé maravillado con Robela. Jamás había oído tamaño concierto logrado con un teclado que nada tenía de simple y fué allí donde pensé en Jorge Pieri y el boliche Chiros. A Robela comenzamos a promocionarlo en radio como "El Hombre de los Mil Dedos" y anunciábamos su presentación para un día Viernes a las 23 horas. Jorge confiaba en mi intuición y apostó a la primera actuación de un número en vivo que tendría Chiros. Toda esta puesta en marcha era un verdadero desafío, ya que Isidoro "Chiro" Pieri, aún no había entrado en escena y yo seguía sin conocerlo personalmente.
Robela llegó a Bahía acompañado por mi primo Norberto. Por fín el "Hombre de los Mil Dedos", estaba a punto de debutar en una ciudad difícil y en un boliche poco conocido. A Jorge, dadas las carácteristicas del negocio, se le ocurrió que Robela actúe vistiendo un smóking y buscó alguno de los que usaban los mozos. El problema era el talle, ya que todos los smókings le quedaban grandes y se nos venía encima la hora de la actuación. Ante la urgencia, optamos por colocar en el saco de Robela una larga cantidad de alfileres en línea como para ajustar la prenda de la mejor manera posible a su cuerpo. Si lo mirábamos de frente, el smóking le quedaba impecable, el problema surgía cuando Robela se daba vuelta, porque su espalda parecía una grotesca armadura. Cerca de las 22 horas, ya había público formando fila en el acceso de Chiros. Ninguno de nosotros lo podía creer, una importante cantidad de hombres y mujeres en su mayoría de clase media, estaba pugnando por asistir a un espectáculo cuya promoción había sido un verdadero éxito. A la hora anunciada, Robela, iluminado por los reflectores del boliche, apareció en el escenario, saludó amablemente a la multitud que colmaba las instalaciones e inició su show con fuerza incontenible. Cada vez que finalizaba una interpretación, el público lo ovacionaba y aplaudía de pié. Ya habíamos roto el hielo y el espectáculo se convirtió en un concierto pocas veces visto. La actuación de Robela superó todas las expectativas, el show se extendió casi una hora más de lo previsto y en más de una ocasión, le pedían que repita alguno de los temas. Ante tamaña aceptación, con Jorge decidimos que Robela vuelva a presentarse la noche siguiente, a la misma hora, ya que a la una de la mañana, habíamos hecho un arreglo para presentar al "Hombre de los Mil Dedos" en el Club Sansinena de la vecina localidad de General Daniel Cerri. Cuando Isidoro "Chiro" Pieri se enteró por su hermano de lo que habíamos logrado con un tecladista desconocido, prometió viajar a Bahía para ver personalmente a ese fenómeno de la música. En la noche del sábado, el boliche volvió a llenarse de gente, lo mismo sucedió en el Club Sansinena, donde Robela, ante el fervoroso reclamo del público, tuvo que extender su show durante una hora más. Por esos extraños misterios de la vida, Robela se había convertido en una estrella que en poco tiempo supo cautivar con su talento a un público exigente. Por razones laborales, "El Hombre de los Mil Dedos", debía retornar a La Plata, con mi primo lo acompañamos a la terminal de omnibus y desde esa noche no volví a verlo más. A tantos años de aquello recuerdo con gran cariño a Jorge Pieri quién víctima de una terrible enfermedad fallecería poco tiempo después, vienen a mi memoria los alfileres que ajustaban la parte trasera del smóking de Robela, a mi querido primo Norberto y a un artista singular que durante dos noches colmó de magicas melodías a un local repleto de gente que además de oir sus temas lentos en absoluto silencio, también se contagió espontáneamente y hasta bailó con la sucesión de ritmos que ininterrumpidamente y sin pausas, les ofrecía el imperdible "Hombre de los Mil Dedos".
Quedé maravillado con Robela. Jamás había oído tamaño concierto logrado con un teclado que nada tenía de simple y fué allí donde pensé en Jorge Pieri y el boliche Chiros. A Robela comenzamos a promocionarlo en radio como "El Hombre de los Mil Dedos" y anunciábamos su presentación para un día Viernes a las 23 horas. Jorge confiaba en mi intuición y apostó a la primera actuación de un número en vivo que tendría Chiros. Toda esta puesta en marcha era un verdadero desafío, ya que Isidoro "Chiro" Pieri, aún no había entrado en escena y yo seguía sin conocerlo personalmente.
Robela llegó a Bahía acompañado por mi primo Norberto. Por fín el "Hombre de los Mil Dedos", estaba a punto de debutar en una ciudad difícil y en un boliche poco conocido. A Jorge, dadas las carácteristicas del negocio, se le ocurrió que Robela actúe vistiendo un smóking y buscó alguno de los que usaban los mozos. El problema era el talle, ya que todos los smókings le quedaban grandes y se nos venía encima la hora de la actuación. Ante la urgencia, optamos por colocar en el saco de Robela una larga cantidad de alfileres en línea como para ajustar la prenda de la mejor manera posible a su cuerpo. Si lo mirábamos de frente, el smóking le quedaba impecable, el problema surgía cuando Robela se daba vuelta, porque su espalda parecía una grotesca armadura. Cerca de las 22 horas, ya había público formando fila en el acceso de Chiros. Ninguno de nosotros lo podía creer, una importante cantidad de hombres y mujeres en su mayoría de clase media, estaba pugnando por asistir a un espectáculo cuya promoción había sido un verdadero éxito. A la hora anunciada, Robela, iluminado por los reflectores del boliche, apareció en el escenario, saludó amablemente a la multitud que colmaba las instalaciones e inició su show con fuerza incontenible. Cada vez que finalizaba una interpretación, el público lo ovacionaba y aplaudía de pié. Ya habíamos roto el hielo y el espectáculo se convirtió en un concierto pocas veces visto. La actuación de Robela superó todas las expectativas, el show se extendió casi una hora más de lo previsto y en más de una ocasión, le pedían que repita alguno de los temas. Ante tamaña aceptación, con Jorge decidimos que Robela vuelva a presentarse la noche siguiente, a la misma hora, ya que a la una de la mañana, habíamos hecho un arreglo para presentar al "Hombre de los Mil Dedos" en el Club Sansinena de la vecina localidad de General Daniel Cerri. Cuando Isidoro "Chiro" Pieri se enteró por su hermano de lo que habíamos logrado con un tecladista desconocido, prometió viajar a Bahía para ver personalmente a ese fenómeno de la música. En la noche del sábado, el boliche volvió a llenarse de gente, lo mismo sucedió en el Club Sansinena, donde Robela, ante el fervoroso reclamo del público, tuvo que extender su show durante una hora más. Por esos extraños misterios de la vida, Robela se había convertido en una estrella que en poco tiempo supo cautivar con su talento a un público exigente. Por razones laborales, "El Hombre de los Mil Dedos", debía retornar a La Plata, con mi primo lo acompañamos a la terminal de omnibus y desde esa noche no volví a verlo más. A tantos años de aquello recuerdo con gran cariño a Jorge Pieri quién víctima de una terrible enfermedad fallecería poco tiempo después, vienen a mi memoria los alfileres que ajustaban la parte trasera del smóking de Robela, a mi querido primo Norberto y a un artista singular que durante dos noches colmó de magicas melodías a un local repleto de gente que además de oir sus temas lentos en absoluto silencio, también se contagió espontáneamente y hasta bailó con la sucesión de ritmos que ininterrumpidamente y sin pausas, les ofrecía el imperdible "Hombre de los Mil Dedos".
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