viernes, 30 de abril de 2010

29 de Abril de 1975, el día que Elvira y yó, nos casamos por Civil.

Al Elvira Rabanetti, la mujer de toda mi vida, la conocí cuando yo cumplía 25 años. Esa noche, los dueños de la agencia Idea, donde yo era creativo, me invitaron a celebrar el acontecimiento en una peña folklórica y parrilla llamada "El Fortín", en ese lugar de calle Florida, a pocos metros de la Avenida Alem, hoy se encuentra la confitería bailable "Relieve". Recuerdo que el sitio, era como una réplica de los fortines de la época de La Conquista del Desierto, todo construído con madera y pajas en el techo. Los asados eran muy buenos y casi todas las noches, actuaban grupos o solistas que interpretaban música autóctona. Allí estaba junto a mis jefes Domingo y José, ambos fallecidos hace muchos años. En el lugar, no había demasiada gente ese Viernes 27 de Junio y mi atención estaba centralizada en una hermosa chica delgada, de cabellos negros, largos y lacios con unos ojos fuera de serie que se encontraba junto a un hombre y una mujer, los tres sentados a escasos metros de nuestra mesa. Insistí en varias oportunidades de llamar su atención, pero ella permanecía ajena a todo, por lo que decidí levantarme y dirigirme directamente hacia el lugar donde estaba sentada. Cuando me acerqué, saludé a la joven y al hombre que la acompañaban y pedí permiso para sentarme. La conversación inicial no tuvo mucha consistencia, tampoco ella me dió lugar como para sacarle un teléfono o convenir algún encuentro. Solo supe que se llamaba Elvira, nos despedimos y casi una hora después, Domingo, José y yó, salimos rumbo a un Cabaret llamado "La Luna", un negocio del cual éramos habitués. Por aquellos tiempos, Bahía, contaba con varios cabarets similares donde además de las chicas que hacían sus clásicos shows, también actuaban cantantes de tangos o boleros, algunos de reconocida trayectoria en Argentina. "La Luna" era un sótano de medianas dimensiones, no demasiado grande, pero casi siempre estaba colmado de gente. El dueño del lugar era "Carita" de Los Santos, un carismático personaje de la noche que conocía como pocos, el negocio de la noche. La oscuridad casi absoluta, era una de las particularidades de "La Luna", ni bien ingresamos, nos dirigimos hacia la barra y una vez allí, con mucha sorpresa, distingo que Elvira y la pareja que la acompañaba, estaban sentados en un sillón frente al escenario que también era utilizado como pista de baile. Hacia allí fuí nuevamente y me senté junto a Elvira. Esta vez, la conversación fué más distendida y hasta le causó sorpresa enterarse que "el loco" que conducía el extraño programa de la mañana de LU2 AM que ella escuchaba fuera yó. Hubo algo que nos iba conectándo. Hasta el día de hoy, a tantos años de aquello pienso que es química o frecuencia. A partir de esa noche, comenzamos a llamarnos y vernos, generalmente en el café Capri, que estaba en calle Alsina, frente a Galerías Plaza. Nuestras charlas eran interminables y nos íbamos descubriendo en cada encuentro, sin prometernos nada, sin garantías, simplemente disfrutar de esos buenos momentos que se iban fortaleciendo con el transcurrir del tiempo. Cada vez que llovía, yo solía hacer, cerca de la medianoche una breve recorrida por el sector céntrico con mi querido "Fitito" y allí, en medio de las gotas generalmente delgadas, mágicamente aparecía Elvira, el "Angel de la Lluvia". La lluvia nos conectaba y entendiéndonos con una simple mirada, ambos coincidíamos en ir a comer algo a los llamados "carritos", del Parque de Mayo, donde un mozo, venía hacia el vehículo y traía sandwichs y bebidas. Luego ir a bailar a algún boliche. Generalmente concurríamos a "Nacha" o "Mi Refugio", donde pasábamos momentos muy divertidos y felices por estar juntos. Uno de nuestros temas musicales favoritos de aquella ápoca era "Caballos Verdes", interpretado por el grupo Trocha Angosta. De a poco, aquella chica flaquita, llamativa y misteriosa, fué incorporándose a mi alma. Elvira era un remanso en medio de las tormentas y confusión de mi alma jóven, pero colmada de interrogantes. Siempre digo que las mujeres tuvieron mucho que ver en mi existencia, pero a los 25 años tenía la sensación que había vivido intensamente, la mayoría de las veces cabalgando en forma desenfrenada, sin rumbo y casi salvajemente. Elvira era diferente, me aportaba paz e inspiraba ternura. En ese momento, yo estaba imprimiendo un estilo radial distinto, posiblemente audaz o poco común que era muy escuchado por la gente joven y Pipo Palacios, comenzaba a ser un animador o presentador de discos conocido.
Mi relación tan particular con Elvira era ocasional, no éramos novios ni amantes y eso era lo que en verdad me preocupaba; ¿porqué esa chica me atraía tanto?. No era una cuestión sexual ni posesiva, solo se trataba de estar juntos en momentos muy intensos, improvisados y espontáneos que en la mayoría de las veces se extendían hasta el amanecer. Cuando conocí a Elvira, ella trabajaba con un tipo siniestro que tenía una inmobiliaria y financiera encubierta, luego pasó a formar parte de la sección publicidad del diario la Nueva Provincia. Esta era y és una empresa muy estricta en los horarios de ingreso del personal, pero en aquellos años, la exigencia era más rigurosa y en varias ocasiones cuando íbamos a pasar la noche al clásico Mesón Sur, solíamos quedarnos dormidos y era todo un tema arrancar el "Fitito" en pleno invierno, calentarlo y salir velozmente, casi volando sobre el empedrado de la Avenida Arias rumbo al centro, para que Elvira, casi sin aliento y muy sobre la hora de ingreso, llegue a tiempo al diario. Yo estaba feliz de haber logrado un estilo en mi carrera radial y también publicitaria, ya que a mis 25 años, me había ganado un importante lugar como creativo en Idea, la mejor agencia publicitaria que tenía la ciudad, donde logré generar un sinfín de avisos televisivos y gráficos de impacto inmediato. Si bien Idea, sobresalía por los más de 200 anunciantes que tenía en su cartera de clientes, las finanzas eran sumamente desprolijas y se despilfarraba mucho dinero. La pésima administración de esa empresa jóven me generaba graves problemas, porque si bien era el "cerebro" de la agencia, casi siempre estaba sin plata porque se me pagaba en "cuentagotas" y esa situación me ponía muy mal. Muchas veces intenté irme, pero mi relación de amistad con uno de los dueños, Domingo Mamanna, quien siempre me pedía paciencia y que no renuncie, me hacía retornar a mi pequeña oficina donde día a día, salían a la luz las campañas sumamente creativas de Idea, que poco tiempo después, inexorablemente ante el caos financiero presentó quiebra y junto a otros empleados nos quedamos en la calle.
La única salida que tenía, era instalar mi propia agencia publicitaria. Tenía un nombre, muchos anunciantes me conocían y prácticamente sin dinero, alquilé una pequeña oficina en el mismo piso donde aún funcionaba la agonizante Idea. Nace Ricardo Palacios Publicidad y el primer cliente, muy importante que confió en mí, fué la agencia Dodero Viajes, una de las principales de Argentina. Con Elvira tuvimos algunos intervalos de tiempo en nuestros encuentros necesariamente casuales que por esas cosas del destino, seguían dándose en las noches de lluvia. La agencia marchaba lenta, no había progresos y me costaba mucho encontrar un estilo gráfico que reflejara mis ideas. Siempre fuí un pésimo administrador y en eso también fallaba. Mi ánimo como flamante propietario de una agencia pobre no era el mejor y el sentimental tampoco. Volví a encontrarme con Elvira, quien seguía siendo una mujer importante y que mucho bien le hacía a mi espíritu. Ni ella ni yó, sabíamos exáctamente que significábamos el uno para el otro, hasta que un día, me cuenta que estaba embarazada. Una tormenta estalló en mi cabeza. ¿Yo, tamaño inconsciente iba a ser padre? Jamás me imaginé en ese rol que implica mucha responsabilidad y por sobre todas las cosas amor. Y el amor hacia Elvira, ese sentimiento que no había despertado antes en mí, en ninguna de mis relaciones con las chicas que había conocido, se había instalado con tanta fuerza. Ella se iba a ir a estudiar y tambien trabajar a la ciudad de La Plata, donde su madre María y su Hermana Elena, ya se habían ido a vivir. La noche de nuestra despedida fué en la confitería bailable "Rancho X" que funcionaba en el Barrio Palihue y allí fué donde el solo pensar que no volvería a verla, me produjo una horrible sensación de pérdida. Elvira partió decidídamente hacia la ciudad de las diagonales. Allá nació Virginia, nuestra hija, un hermoso regalo de Dios que lejos, muy lejos de todo compromiso, al verla, despertó de golpe, todos mis sentimientos dormidos. Virginia llegó al mundo para ponerle luz, alegría y esperanza a mi incierta existencia, a mis errores, a mi falta de amor y cariño, a mis batallas contra el mundo estructurado. Con Elvira sucedió lo mismo. Al ir conociéndola y compartir el mismo techo, por primera vez, veía en esa mujer de solo 20 años, bella en cuerpo y alma, inteligente y casi perfecta a la persona que contra todo vaticinio, a partir de entonces, estaría a mi lado incondicionalmente durante casi cuarenta y un años verdaderamente maravillosos. Gracias Elvira, gracias Virginia por haber puesto tanto amor en mi camino.

domingo, 11 de abril de 2010

La Batalla del Monte Tumbertown en la Guerra de Malvinas.

Entrevista realizada al Contraalmirante (RE) Carlos Hugo Robacio para la revista "Signos y Marcas" de Mayo 2010.

Guerra de Malvinas, y la batalla del Monte Tumbertown
Difícil es imaginar que nuestro entrevistado, un hombre de aspecto calmo, cuidadoso de cada detalle, amable y respetuoso por naturaleza, hace 28 años, estuvo al frente de una de las batallas más cruentas de la guerra de Malvinas.
Nos recibió en su departamento, donde cuenta con un escritorio, donde en cada una de las paredes y repisas guarda celosamente y con orgullo los testimonios de su paso por Malvinas. Un cuadro con imágenes de los oficiales de su comando, una caja de metal donde se almacena munición para ametralladoras pesadas que le fue obsequiada por los propios ingleses, fotos de su cautiverio y otros recuerdos donde el hoy, el Contraalmirante (RE) Carlos Hugo Robacio, rescata del tiempo diferentes secuencias de la guerra donde junto a sus hombres, jugó un rol protagónico colmado de heroísmo, al punto que fue condecorado por la nación Argentina por su actuación en el frente e invitado especialmente por el gobierno británico para disertar sobre sucesos del conflicto bélico. No hay fanatismo en sus palabras cuando revive algunos episodios de 1982, cuando era Teniente de Navío y le tocó comandar el BIM 5 (Batallón de infantería de Marina) al frente de 800 hombres muy bien entrenados. En ningún momento la conversación se torna tensa o dramática, a modo de distención, Robacio que en su juventud, antes de ingresar a la Armada, fue un eficiente empleado del Banco Nación, donde su padre ocupaba el cargo de tesorero y también era el único árbitro capaz de dirigir un partido de fútbol. Robacio nació en Caacatí (Corrientes) y que quiere decir yerba olorosa. Cuando le toca el servicio militar obligatorio, confiesa que lo quería hacer a toda costa, se presenta en el estadio de Racing, lugar donde su clase debía someterse a la revisación médica. Allí, un sargento pregunta; “¿quiénes saben escribir a máquina?”. Robacio, pensando que esa solicitud podía brindarle ciertas ventajas, no duda, al igual que otros compañeros en levantar la mano. En pocos minutos, tanto él como el resto de los voluntarios se encontraron limpiando todos los baños del estadio. Al caer la noche y ya finalizada la ardua tarea, observan que el suboficial que les había impartido la órden se encontraba descansando y tomando mate. Robacio se acerca y le pregunta; “disculpe mi sargento, ¿puede decirnos cuando nos van a revisar?”.
El suboficial los mira y responde; “¿revisar, para qué? Después de todo lo que hicieron, todos ustedes están aptos. Tomen sus libretas y márchense”.
Un hermano suyo que estaba en la aviación Naval, le sugirió que entre en la Armada y así lo hizo. Cuando se recibió, dio la vuelta al mundo y al poco tiempo, en 1958, le sale el pase a Baterías en Puerto Belgrano. En 1961 después de un noviazgo breve, se casa con Estela Edda Argento y nacen sus hijos Estela Edda y Carlos Hugo.
“El 2 de Abril nos había sorprendido con toda la unidad ejercitándose, principalmente durante la noche y el Batallón se movía con mucha más solvencia en el ataque que en la defensa, ya que atacar en la oscuridad, minimiza las bajas y desconcierta al defensor adversario. Mis hombres estaban preparados para la guerra, ya que las prácticas las realizábamos íntegramente con munición de guerra. Por prevención, a Malvinas, no llevamos la bandera de guerra de la unidad, ya que en ningún momento ignoré la envergadura y veteranía del enemigo que debíamos enfrentar y ese sagrado paño que representa a la Patria, no podía correr el riesgo de caer en manos ajenas. El 8 de Abril, arribamos a Malvinas y el primero de Mayo de 1982, se inician las acciones de combate con el bombardeo incesante a la zona del aeropuerto. Casi de inmediato comienza se produce el cañoneo naval desde la flota inglesa, a este fuego demoledor se suman los aviones Sea Harrier, los Helicópteros y posteriormente se agregaría el fuego de la artillería terrestre enemiga que tenía un alcance de 17 kilómetros, mientras que la nuestra llegaba a 10 y medio. La artillería del Ejército le sirvió más al BIM 5 que al propio ejército, ya que su apoyo fue muy valioso para nosotros. Antes de entrar en la batalla final, la guarnición que defendía el perímetro de Puerto Argentino, soportaría casi 44 días de asedio constante. El combate real nos demostraría que el día es para observar y la noche para atacar, ya que así lo hicieron nuestros adversarios. La fracción enemiga era frenada por una precisa barrera de fuego y este cañoneo los desconcertó a tal punto que le colocamos otra a sus espaldas, impidiéndoles moverse. El resultado fue muy cruento, porque los disparos de las baterías argentinas eran muy certeros. Casi dos horas después del inicio de esta acción, el jefe de la Compañía Obra me pedía; “Señor, detenga el fuego, no queda nadie en pié y los gritos de los heridos ingleses, empiezan a atemorizar a nuestra propia gente”.
Cesa el fuego y en menos de cinco minutos aparecieron cuatro helicópteros que prácticamente sin visibilidad alguna, comienzan a retirar sus bajas. Esta acción de parte nuestra sirvió para que con posterioridad, durante el asalto a Tumbledown, el enemigo, una vez dominado el monte, atendiera con más premura a mis heridos que a los suyos. Tanto ésta como tras tantas acciones, me hicieron apreciar que la Batalla de Malvinas, fue el último combate en que se respetaron totalmente lo estipulado en las convenciones humanitarias de guerra. En el momento del asalto a Tumbertown, el batallón escocés, lanza al ataque cuatro compañías de 150 hombres cada una. Cuando terminó el combate, de una de éstas compañías, solo quedaron cinco hombres en pié. Entre los heridos, hubo un oficial que en un momento, posiblemente de nerviosismo, se asomó y recibió una herida en la cabeza. Tuvo la suerte de quedar vivo y años más tarde, realizó un documental para la BBC, relatando sucesos sobre la Guerra de Malvinas. Hasta el día 14 de Junio yo estaba plenamente seguro que el BIM 5 estaba en condiciones de seguir combatiendo y hasta ganarles, porque contábamos con excelentes comunicaciones, coordinaciones y enlaces con todos los grupos de artillería. Esa era nuestra ventaja al momento de determinar como era y de donde provenía el fuego enemigo. La moral de mis hombres era alta y eficaz. Nunca se rompió la cohesión de la unidad y nos encontrábamos con ánimo suficiente como para continuar la lucha, Mi batallón peleó cuerpo a cuerpo y el día 14 de Junio, cuando ya no teníamos municiones, es donde recibo la órden de rendirnos, yo insisto y les digo que no quiero hacerlo, ya que mi intención era contraatacar, aún sabiendo que podía exponerme a un tribunal de guerra. Al momento de esta directiva, nosotros nos encontrábamos peleando y cuando una está mezclado con el enemigo, es muy peligroso interrumpir el combate, porque puede ser una masacre para ambos bandos. Y en el momento en que decido iniciar el repliegue, es donde aprendo a conocer a Dios, la mano de Dios, ese día, protegió a mis hombres. Yo veía que tenían que bajar de las montañas en medio del fuego graneado de fusiles y ametralladoras inglesas más estallidos de bombas por todas partes. Y allí, cuando cesaban los disparos, en medio del humo y la tierra, ellos se ponían de pié y seguían replegándose. Aquello sí que fue un verdadero milagro, donde tuvimos dos bajas fatales, cuando el costo de vidas pudo haber sido mucho más grande. Pero felizmente logré reunirlos a todos. Realmente, nuestro querido BIM 5, tuvo suerte, el Regimiento 25 que no entró en combate porque estaba en la defensa del aeropuerto, a cargo del por entonces Coronel Seineldín, recibió aproximadamente 1200 toneladas de bombas.
Finalmente, le ordené a mi segundo Comandante que se replegara a la localidad y entrara desfilando frente a los efectivos. Quedaba una pequeña retaguardia a cargo del Guardiamarina Koch con 14 hombres y el Suboficial Vaca a cargo de una ametralladora 12.7 mm que no quería rendirse. Todos los fuegos habían terminado y el silencio, era tan terrible como la incertidumbre y el dolor de tener que rendirse.
Después de la rendición, fuimos muy bien tratados, con mucho respeto, aún cuando estuvimos prisioneros. Y hoy, a casi 30 años de aquella guerra no declarada, ya que realmente la Argentina nunca estuvo en guerra , solo se trató de un conflicto muy cruento con lamentables pérdidas de vidas y secuelas físicas y psíquicas para ambas partes, pienso que el mundo ha cambiado y esta pelea por la recuperación de nuestras Islas Malvinas, que indiscutiblemente nos pertenecen, tiene que solucionarse por las vías razonables de la diplomacia. Algún día, los gobernantes de turno tendrán que ocuparse de un territorio donde no hay que hablar de antecedentes históricos ni nada, simplemente son nuestras y tendrán que devolverlas. A Inglaterra fui en varias oportunidades, en algunas como simple turista y en otra, donde tuve el privilegio de ser invitado para disertar sobre la Batalla de Malvinas y tener la oportunidad de estrechar la mano y conocer el rostro de quien alguna vez, allá a lo lejos, fue mi adversario. Con quienes fueron mis hombres, sigo viéndome. Jamás perdimos ese contacto. Hay muchos de ellos que ya no están sobre ésta tierra y al resto, los considero como mis hijos. Yo vendo mis libros en Capital, y un porcentaje de los ingresos, se destinan a una entidad que hemos formalizado legalmente. Por último, tengo el orgullo de decir que ninguno de nosotros levantó los brazos, simplemente perdimos pero no fuimos vencidos. Respecto al acuerdo para visitar las Islas hay que tener en cuenta que es un pequeño progreso que beneficiará a cualquier argentino que por propia determinación quiera visitarlas. El acercamiento ha sido promovido no sólo por nosotros sino también por los isleños.
El problema de los familiares sin recursos para visitarlas son los que deberán seguir siendo asistidos por el Gobierno
También se abre una excelente oportunidad para que nuestras autoridades por medio de una Ley dispongan de los fondos necesarios para investigar por medio de la determinación de ADN, la identidad de cada uno de nuestros Héroes que yacen con el rótulo de NN”

Pipo Palacios.

Nota: El Contraalmirante Carlos Hugo Robacio, es autor del libro “Desde el Frente”..

viernes, 26 de febrero de 2010

Un ramo de rosas, el infalible salvodonducto que Degoas utilizaba para ingresar como un ídolo a los cumpleaños de quince.

Norbert Degoas, el autor del slogan que decía "hola, hola ¿que tal, que tal?", se había convertido rápidamente en el disc jockey radial más popular de Bahía y la zona de influencia. Todos los jóvenes escuchábamos sus programas y los slogans del "loco" estaban incorporados al léxico cotidiano de grandes y chicos. Mientras su fama crecía, los comerciantes comenzaban a darse cuenta que una publicidad dicha al estilo Degoas, era una buena inversión, ya que su forma de vender un producto difería de las voces monótonas o estridentes de los locutores de tanda. Corrían los años sesenta, Degoas ganaba dinero y espacios centrales en las emisoras AM. Entre tanto trabajo cotidiano, cuando llegaba la noche, la disfrutaba a pleno, viviéndola intensamente con sus amigos de siempre o las chicas de turno. El sabía que ganaba en cualquier frente de conquistas femeninas, su personalidad extrovertida y sumamente particular le facilitaba el acceso rápido a los diferentes ámbitos de la sociedad. "El loco" era tan admirado por las mujeres que su agenda sentimental estaba siempre cubierta por jovencitas muy bellas. Cuando llegaba el Sábado, yo salía a buscarlo. Sabía perféctamente donde podía encontrarlo y después de tomar varios cafés, él decidía a qué cumpleaños de quince iríamos a "colarnos" esa noche. Lo primero que hacía era concurrir a la tradicional Florería Iris, que estaba ubicada en calle Alsina a metros de San Martín para comprar un hermoso ramo de rosas. Ya con las flores prolijamente envueltas en papel celofán y su moño correspondiente, subíamos a su "Chevrón" y nos dirigíamos directamente a la vivienda donde se estaba festejando el cumpleaños de alguna hermosa quinceañera. Por aquellos años, estas reuniones se realizaban en la casa de la niña homenajeada, ya que prácticamente no existían los salones de fiesta. Degoas solía apuntar siempre a las celebraciones de chicas pertenecientes a familias adineradas y de apellidos importantes dentro de la sociedad bahiense. El "Chevrón" se había detenido frente a una mansión bellísima de calle Mitre. Degoas, con impecable saco blanco y el ramo de rosas en la mano, descendía de su vehículo, y con un ágil salto ganaba la vereda y se ubicaba frente a la puerta de acceso de la casa elegida. Este show, lo tenía muy ensayado, casi toda su personalidad estaba dotada de gestos, modo de hablar, sonreir y caminar y él tenía muy en claro que esto le quedaba bien y llamaba la atención. Casi siempre, para ingresar a los cumpleaños, había que mostrar a alguien encargado de la puerta, una tarjeta de invitación. Si por casualidad, el asistente se la había olvidado, el custodio llamaba a la homenajeada que en definitiva tenía la última palabra y era la que decidía si ese joven entraba o nó a su fiesta. Con Degoas no sucedía nada de ésto, como todo el mundo lo conocía, ya al verlo, el "portero" del evento, no se animaba a preguntarle nada, lo saludaba efusivamente , lo invitaba a pasar y hasta le daba detalles de cómo estaba la fiesta, cuantas chicas había, si eran lindas, etc. Ya en el interior y con la música al máximo, proveniente del legendario Wincofón o un combinado Ken Brown, Degoas que se sabía observado, se desplazaba con naturalidad y aires de "ganador" por el living principal y el resto de los sectores de la vivienda donde los jóvenes bailaban o charlaban y bebían animadamente sentados en sillas y sillones. "El loco" saludaba a todo el mundo, era como un viejo amigo de la casa y muy poco le costaba entrar en confianza con todos los presentes. En ésta fiesta, se había obstinado en conquistar a la quinceañera, una niña bellísma que en esa noche tan especial tenía puesto un deslumbrante vestido de color blanco. "Es un angel", dijo Norbert en voz baja y fué directamente hacia ella como un misil. El lugar utilizado como pista de baile era el living principal, allí lo perdí de vista. Yo me dediqué a alguna chica, pero en un momento dado, me encontré casi de frente con una mujer bastante mayor que yó, posiblemente la madre de alguno de los chicos o chicas presentes. La señora era muy distinguida y sensual. Tenía una copa de champagne en la mano y sonreía permanentemente, dando toda la impresión de estar un poco ebria. Bebí un par de copas con ella y cuando empezaron a escucharse temas lentos, caminamos hacia la pista y nos apretamos con una pasión incontenible. Mi ocasional y atractiva compañera se comportaba como una adolescente y no tenía problema alguno en dejarse acariciar el largo cabello negro o que de a ratos, en medio de mi calor volcánico le besara el cuello mientras nuestros cuerpos se fundían a la vista de todos. Esa mujer hablaba muy poco, casi nada. Solo atiné a preguntarle con quién estaba y muy naturalmente, siempre con una sonrisa me dijo: "con mi marido, es aquel señor de saco azul que está sentado cerca de la ventana". El hombre era un conocido profesional bahiense, tenía cara de estar aburrido, pero seguramente había visto cómo se estaba comportando su liberal esposa, quien al rato, pretextando que tenía calor, me pidió que dejáramos de bailar por un momento y que enseguida regresaba. La estaba esperando ansiosamente en un pasillo cuando veo venir a Norbert tomado de la mano de la cumpleañera. "Hacéme un favor, cuidáme la puerta del baño y si alguien insiste en entrar, decíle que hay una señora descompuesta", me dice y rápidamente entra con la jovencita al toillete. Siguiendo sus instrucciones, permanecí de "guardia" frente a la puerta del baño durante más de media hora, hasta que en un momento dado, los veo salir despeinados, muy desprolijos y con todo el aspecto de haber librado una batalla sexual. Después de aquello me aboqué a la búsqueda de la mujer fogosa que al parecer me había dejado plantado y la encontré riéndose a carcajadas en el jardín junto a un par de señores de su edad, muy elegantemente vestidos y con todo el aspecto de ser profesionales, posiblemente médicos o abogados. La extraña mujer, que seguía bebiendo champagne me miró un segundo y luego siguió hablando con sus amigos, casi ignorándome. Supuse que ese era su juego y regresé al salón principal, donde veo a Degoas haciéndole mimos a la tía de la quinceañera. La tía de la jovencita, era muy parecida a la actriz Joan Collins, era algo baja de estatura, pero su cuerpo era casi perfecto. Norbert, al notar mi presencia, me guiñó un ojo y sonriente comenzó a caminar hacia el baño, con la tía de la homenajeada. Este tipo es imparable, pensé. Por suerte fuí testigo de aquella fiesta y todo lo que aquí relato fué verdad. Cerca del amanecer, el alcohol había hecho estragos entre hombres y mujeres, principalmente los mayores que estaban desparramados sobre los sillones y la mullida alfombra del elegante y amplio living de la casa. Algunos dormían y hasta roncaban con la boca abierta. Las mujeres se habían quitado sus zapatos y habían apoyado sus cabezas sobre almohadones tirados sobre la alfombra. Allí, también se encontraba la señora que tanto me había impactado. Dormía placidamente en la alfombra y tenía la cabeza apoyada sobre su mano derecha. Solo atiné a acostarme cerca de ella y simular que dormía. Su espalda estaba descubierta hasta la cintura. Me llamó la atención la cantidad de pecas que tenía, en un momento empecé a dormitar y Degoas, sacudiéndome el saco me susurró al oído; "vamos, ya es tarde. Acá no hay más nada que hacer". Saliendo con Norbert, la noche se convertía en una mágica caja de sorpresas, siempre sucedía algo diferente hasta parecía increíble que hubiera sucedido. A la sensual mujer mayor, con la espalda poblada de pecas, la encontré en la calle casi dos meses después. Me dió su teléfono y me pidió que la llame a su casa, siempre después de la medianoche, algo que hice de inmediato, hasta que en una oportunidad, estábamos hablando de sexo, la conversación era muy caliente. Ella me decía que estaba desnuda en su cuarto y que pronto estaríamos juntos, cuando escucho un "click", muy similar al de alguien que levanta otro teléfono."¿Quien nos estába escuchando?", le pregunto, y ella muy espontáneamente me dice: "Mi marido, el duerme en otro cuarto y se excita muchísmo escuchándo las charlas eróticas que tengo con mis amigos".


sábado, 9 de enero de 2010

Cuando Norbert Degoas trajo a los "Pick Ups" al Club Social de Monte Hermoso.

Como relaté en páginas anteriores, Norbert "el Loco" Degoas, fué un gran referente de mi carrera en la radio y la TV, hasta el día de hoy, cada vez que recuerdo su audacia a la hora de desafiar el micrófono o episodios relacionados con su intensa vida sentimental, más allá del cariño que le tengo a este singular personaje, voy recordando historias compartidas en nuestra juventud. Lo que escribo a continuación, sucedió a comienzo de los años sesenta, cuando Degoas daba sus primeros pasos como mánager artístico. En ese tiempo, el "Club del Clan" y sus integrantes eran las máximas figuras de Argentina. Palito Ortega, Johnny Tedesco, Lalo Fransen, Violeta Rivas, Lo Teen Tops, Raul Lavié y muchos otros cantantes nacionales competían fuertemente con solistas y grupos extranjeros. Años de éxitos con muchas canciones pegadizas y divertidas que llegaban a vender cientos de miles de discos pequeños denominados simples. Estas piezas que venían dentro de un sobre rectangular de papel, contenían en su portada fotos a todo color de los intérpretes. Al tiempo, del disco simple se pasaba rápidamente al Long Play, donde generalmente las compañías discográficas, hacían un compilado de los grandes Hits con los temas y artistas de moda. Entre tanta música variada, un grupo llamado los "Pick Ups", se hacía oir en todas las radios con temas de mucho ritmo como "Popotitos" y "Zapatos de Gamuza Azul", fué entonces que a Degoas se le ocurrió convocarlos para que hagan una actuación en Monte Hermoso, una localidad balnearia ubicada a menos de 100 kilómetros de Bahía. Degoas era un improvisado incorregible, todo lo que hacía era desordenado, solía usar sacos o trajes cuyos bolsillos estaban llenos de papelitos que solo él entendía. En medio de esa maraña a la que solía llamar su escritorio u oficina, había trozos de textos publicitarios, órdenes de publicidad, números telefónicos, etc. Era muy difícil, casi improbable ordenar su existencia y esto se manifestó una vez más cuando un día Viernes me llama por teléfono diciéndome: "Pipo, si te gusta y tenés ganas, quiero que me manejes la difusión de los Pick Ups en Monte Hermoso". ¿Cuando querés traerlos? le pregunté. Con mucha naturalidad me respondió: "Mañana. Ya está todo arreglado para que actúen mañana en el Club Social". ¿Mañana, vos estás loco?, no hay tiempo para hacer la publicidad, le dije. "No te calentés, estos tipos son famosos con unas frases en la propaladora más unos afiches llenamos el club, andáte mañana a primera hora y arreglá todo, ellos van a estar instalados cerca del Social", dijo con total seguridad. A primera hora del día siguiente, un Sábado, yo estaba en Monte Hermoso. Ni bien llegué, lo primero que hice fué comenzar a buscar a los miembros de la banda. Era una hermosa y cálida mañana llena de sol, por entonces yo tendría unos 19 años e imaginaba un show repleto de público que me reportaría unos cuantos pesos de ganancia, ya que telefónicamente había acordado con Degoas que deducidos los gastos, nos repartiríamos el cincuenta por ciento cada uno. Había iniciado la búsqueda de los músicos a las 9 horas. Recorrí primero los hoteles, luego las hosterías, pensiones, casas particulares, etc y los Pick Ups no aparecían. Ya cerca del mediodía, cansado de buscar por todas partes, iba caminando por el sector céntrico, muy cerca de donde se encontraba el legendario hotel "Ancla", cuando se me ocurre preguntarle a un hombre con apariencia de pescador si no había visto a un grupo de músicos. El señor que llevaba un sombrero de mimbre y tenía todo su cuerpo bronceado, levanta su mano derecha y con el dedo índice me señala una camioneta estacionada al amparo de la sombra de "Tamariscos". El vehículo se encontraba a unos cincuenta metros y agradeciendo al hombre por el dato, comencé a caminar por la arena caliente hacia la camioneta. A medida que me iba acercando, distinguí que a su lado se había levantado una carpa de lona de grandes dimensiones. Dudé que allí estuvieran los artistas, pero era mi última posibilidad de encontrar a los "Pick" dentro de la carpa. A los pocos segundos de golpear las manos para anunciarme, la lona de acceso se abre y aparece un muchacho con cara de cansado. ¿Ustedes son los Pick Ups? le pregunto. El joven me responde afirmativamente y cuando le digo que venía de parte de Norbert Degoas, espontáneamente me invita a pasar. En el interior, además de cinco o seis personas descansando semi desnudos sobre colchonetas se veían instrumentos y ropa acomodada prolijamente. Ya eran las 13 horas y el calor se hacía sentir con mayor fuerza, acordé con los músicos que desde allí iría directamente a la oficina de la propaladora (radio de circuito cerrado) para anunciar la actuación de la noche en el Club Social. El sistema de Propaladora consistía en difundir música y publicidad utilizando "bocinas" o parlantes de metal, conectados por un cable y distribuídos en el sector céntrico del balneario. Este era el medio más usual a la hora de dar noticias o promocionar eventos locales. Todo se hacía en forma simple y desde un local donde estaba instalado el estudio de la red. Allí valiéndose de un micrófono, amplificador, un par de bandejas giradiscos y algún grabador de cinta abierta los encargados de la Propaladora realizaban su trabajo en vivo y en directo. Esto aconteció durante los primeros días del mes de Enero, época donde usualmente el balneario ya contaba con una importante cantidad de veraneantes, hecho que supuestamente aseguraba una considerable asistencia de público al evento que se anunciaba para las 22 horas. El tema más conocido del grupo era "Popotitos" y fué el que le indiqué a la gente de la Propaladora para utilizar cada vez que promocionaran la actuación de la banda. Desde un teléfono público me comuniqué con Degoas, haciéndole saber que me había puesto en contacto con los músicos y la publicidad estaba saliendo en forma continuada. Norbert me pidió que me ocupe de elegir a una persona del club para que quede a cargo de la boletería y yó, en tanto controle que todo esté en órden para que la actuación salga perfecta, también me hizo saber que el vendría cerca de la medianoche con su automóvil "Chevrón". A las 21 horas aproximadamente, los Pick Ups ya estaban en el Social probando sus instrumentos y equipos, aunque en las inmediaciones, el movimiento de gente era preocupántemente escaso. Me causó alivio oir al encargado de la cantina del club cuando con mucha convicción me dijo: "No te preocupes, aquí la gente sale a bailar casi a la medianoche, por el calor,¿viste?". Cerca de las 22 horas, solo habían pagado la entrada cuatro personas que se encontraban sentadas en una mesa cerca del pequeño escenario destinado a los músicos. Con el propósito de meter un poco de ruido y animar la noche, le pedí a los "Picks" que empiecen a tocar. Uno de los integrantes me respondió; "¿Te parece que empecemos a tocar, no ves que no hay nadie?". No importa, flaco, le respondí. Ni bien los escuchen ésto se llena. Casi una hora después, conté que apenas habían ingresado al salón unas quince personas entre hombres y mujeres. El desaliento le pegaba a los músicos, ya que comenzaba a notarse su desaliento cada vez que interpretaban un tema. La ansiedad me carcomía, lo único que hacía era entrar y salir del Club, como esperando un milagro, pero el tiempo seguía transcurriendo y ese show prometía ser un verdadero fracaso. Los Pick Ups, con rostros de estar muy cansados y extrañados por la falta de asistentes, dejaron de tocar, se bajaron del escenario y me pidieron que les consiga algo para cenar. Hablé con el encargado de la cantina y con cara de pocos amigos me contestó que lo único que tenía para darles era sopa. "¿Sopa con este calor?", me dijeron con bronca los integrantes del grupo. Es lo único que hay, les respondí con una mezcla de verguenza y resignación. Mientras los "Picks" tomaban la sopa en una parte del salón, salí nuevamente al exterior y veo estacionado el "Chevrón" de Degoas que recién había llegado a Monte Hermoso. Bajé corriendo la escalinata de piedra del Club y fuí hasta el auto que Norbert mantenía en marcha y le conté que ese show había fracasado por completo. Degoas, estaba al volante fumándose tranquilo un cigarrillo. ¿Que hacémos? le pregunté preocupado. Norbert me miró y dijo: "Vayámonos cuanto antes, esto ya está perdido y no lo levanta nadie". Dicho ésto aceleró y se dirigió a gran velocidad hasta el llamado "serpenteado", el clásico camino de tierra rodeado de árboles que antiguamente era la única entrada y salida que conectaba Monte Hermoso con la ruta. Norbert, además de tener siempre buenos autos, era un excelente conductor y le gustaba andar rápido. Llegamos a Bahía en escasísimo tiempo, fuimos directamente a cenar a un restaurante y lejos de preocuparse por aquel fallido intento, a modo de reflexión me dijo: "En la vida, se pierde o se gana, no te preocupes, ya vendrá la revancha".

martes, 5 de enero de 2010

1985, aquel inolvidable encuentro de cinco horas con Sandro en el ex Hotel del Sur.

Recuerdo que en esa época, junto a Sandro Romay estaba haciendo por LU3 Radio del Sur, un programa en tira diaria llamado "Viva la Gente", quizás, fué uno de los más convocantes de mi carrera, ya que después de sentir la pacatería y censura a veces absurda e infantil de la dictadura militar, estaba incursionando en un formato liberal, suelto y si se quiere respetuosamente transgresor. Se emitía de 14 a 16 horas y de alguna manera, nos habíamos convertido en los "dueños de la tarde". El envío era totalmente improvisado, teníamos una importante audiencia de familias que se entusiasmaban con la posibilidad de interactuar telefónicamente y ganar diferentes premios si respondían correctamente a las distintas preguntas que formulábamos. Todo esto generaba que cada tarde contáramos con un verdadero record de llamados. Sergio "Piquito" de Cunto era nuestro operador, realmente un fuera de serie tanto en la velocidad con que manejaba simultáneamente grabadores de cinta, bandejas giradiscos, los llamados al aire en vivo y la forma en la que se había conectado con las imprevistas decisiones que se nos iban ocurriendo con el calor de la marcha. En cada entrega siempre se nos ocurría hacer algo nuevo que ayudara a enriquecer el programa. En una oportunidad comencé a imitar a Luis Miguel y muchas chicas lo creyeron. Esto nos impulsó a continuar con ese juego, que en verdad hacía casi 20 años atrás había iniciado Norbert Degoas en "El Desán Show". Tanto Sandro Romay co- conductor del programa como Gustavo Daich, quien formaba parte de nuestro equipo como locutor comercial exclusivo, se integraban al máximo para darle un realismo creíble a la idea que realmente estábamos manteniendo una conexión telefónica en directo con estrellas relevantes del mundo del espectáculo. Estábamos en 1985 y Roberto Sánchez más conocido como Sandro, estaba en lo mejor de su carrera como cantante y el ídolo de América había lanzado su último disco titulado "Vuelvo a Ocupar mi Lugar". esto me dió pié para imitar la voz del "Gitano" y hacer el mismo juego de anunciar que en nuestro programa estaría nada más y nada menos que Sandro, dialogando con sus admiradores, desde su casa y vía telefónica. Cuando salí al aire simulando ser Sandro, las líneas explotaron. La mayoría de los interesados en hablar con él, obviamente eran mujeres. Para no gastar la propuesta, estas conversaciones con el popular y querido cantante las poníamos en el aire dos veces a la semana y la cantidad de llamados continuaban a tope. Todas las "chicas" querían hablar con la estrella. Casi un mes después, nos enteramos que Sandro, vendría a Bahía Blanca a presentar su show en el Club Estudiantes. La promoción anunciando éste evento ya había comenzado en TV, gráfica y radio, algo que nosotros aprovechamos para potenciar las supuestas intervenciones de Sandro en nuestro programa, hasta que en una de las emisiones "Piquito" De Cunto, nos hace saber que el propio Sandro estaba del otro lado de la línea. Al principio pensábamos que era una broma, pero quien se había puesto en contacto con nosotros era su legítimo representante, que enterado de la broma, quería que hicieramos un contrapunto entre el Sandro verdadero y el imitador. Esa propuesta fué para mí un desafío fuerte, ya que tenía que mantenerme firme y sin tentarme de la risa, con la convicción que yo era el auténtico "Gitano" y quien estaba del otro lado un impostor. El "enfrentamiento" fué muy divertido, hasta que finalmente salió a la luz la verdad y el propio Sandro quien había disfrutado mucho de esa parodia, nos agradeció con la humildad propia de los grandes por haber hecho un humor simpático y respetuoso con su persona. Un día antes de la anunciada actuación de Sandro en la ciudad, se acercó a la radio un colaborador del representante del artista diciéndonos que a pedido del mismo Sandro, yo concurriera el Sábado a la tarde a las 16 horas al ex Gran Hotel del Sur, porque el Idolo de América quería conocerme personalmente.
A esta cita me acompañó Gustavo Daich. Cuando llegamos a uno de los últimos pisos del edificio, allí sentado en un sillón de la confitería del hotel, estaba esperándonos Sandro en persona y con una copa de whisky en la mano. Al verme, se incorporó, caminó hacia mí sonriendo y extendiéndome su mano me dijo: "Muy bueno lo tuyo, sinceramente me gustó muchísimo, te lo agradezco. Sentáte, ¿que tomás?". Gustavo por una indicación del asistente del cantante, se había quedado sentado en una mesa a unos metros de distancia. Esto evidenciaba que mi charla con la estrella Latina sería breve y en privado, además no había llevado grabador. En ese momento yo no tenía la mínima idea de lo que íbamos a hablar, solo conocía sus temas y que vivía "amurallado" en una gran casa rodeada de paredes muy altas en el barrio de Banfield. Por alguna extraña razón, a escasos minutos de sentarnos frente a frente, tuve la sensación de estar compartiendo un grato momento junto a un amigo de toda la vida. Era difícil encontrar un tema determinado y creo que ambos decidimos dejarnos llevar por la expontaneidad y allá fuímos. El carisma de Sandro era absolutamente genuino, estaba en lo mejor de su edad (39 años) se lo veía impecable y era poseedor de una gran facilidad de palabras e inteligencia fuera de serie. Estaba ante un grande de verdad, alguien que brillaba con luz propia y cargaba con la pesada responsabilidad de ser un auténtico ídolo, quizás el más grande Argentina y toda latinoamérica. Por propia iniciativa me fué contando distintos aspectos de su vida, su concepto sobre la amistad y cuidado que le prodigaba a su carrera. Todo fué tan natural y fluído que sin darnos cuenta, se nos había pasado el tiempo y llevábamos casi cinco horas hablando sin parar. El en ese entonces fumaba cigarrillos Le Mans suaves largosy yó Benson&Hedges. Llenamos varias veces los grandes ceniceros del bar, que a cada rato eran cambiados por el mozo. Lejos estábamos de suponer que esos malditos cigarrillos a los que considerábamos "compañeros" de soledades o inseguridades terminarían en algún momento perjudicando seriamente la salud de Sandro. Recuerdo que en una parte de aquella extensa conversación, tocamos el tema del vicio de fumar, la Nicotina y los daños que provocaba esta adicción. Yo le manifesté que había empezado a fumar a los 14 años y desde entonces no había parado, ni tampoco estaba en plan de dejar de hacerlo, ya que a la hora de dibujar los comics, estábamos el tablero, la página a completar con la adrenalina que generaba crear una historieta cada noche y en esa soledad; el cigarrillo. Nos despedimos una hora antes del show que debía presentar con un estadio a pleno. Aunque ambos intercambiamos nuestros respectivos teléfonos, solo volví a verlo actuar en un show espectacular que realizó en el teatro Hermitage de Mar del Plata. Esto sucedió cuando ya vivíamos en esa ciudad, fuimos juntos con Elvira. Si mal no recuerdo fué en 1990 y otra vez, conduciendo un programa en FM Stereo Rey, propiedad de Ricardo Pollera, se me ocurrió imitar nuevamente a Sandro, haciendo lo mismo que había iniciado en Bahía. Yo mismo anunciaba que en pocos minutos estaríamos hablando en directo con el "Gitano" y todas las personas que quisieran mantener un diálogo con él, podían hacerlo a través del teléfono. En la "Feliz", esa propuesta pareció potenciarse y llovieron los llamados de los fans, aunque en esta oportunidad me pasé de la raya anunciando que a las 20 horas, Sandro estaría firmando autógrafos en el aeropuerto de Camet. Jamás habría pensado que mucha gente al escuchar ésto, iría con su propio automóvil o en taxi hasta el aeropuerto marplatense con la ilusión de ver a su ídolo, algo que supimos cuando algún empleado de la aeroestación nos llamó para saber si realmente Sandro estaría allí, porque había una gran cantidad de personas esperándolo. Ante la complicada situación opté por decir la verdad, explicar a la audiencia que aquello había sido una broma y pedí disculpas por las molestias ocasionadas. Después de pelearla con alma y vida por salir adelante, Roberto Sánchez y Sandro, partieron de éste plano terrenal el día lunes 4 de Enero. Quizás cansado de tanto sufrir, harto del deterioro físico, uno de lo más grandes mitos dejó la tierra y a partir de su fallecimiento, nace la leyenda. Cuantos temas interpretados por él, quedan en nuestro recuerdo, que maravillosa e inmortal herencia de canciones seguirán oyéndose por quienes vivimos aquella época de oro y también para las nuevas generaciones que descubren al Sandro de las distintas épocas. Termino esta parte de mi blog con ese estribillo donde decía. "No quiero que me lloren cuando me vaya a la eternidad, quiero que me recuerden como a la misma felicidad...". Gracias por haber sido tan buena persona, gracias por tu mística, gracias por tu talento y hasta pronto querido Sandro de América.

martes, 22 de diciembre de 2009

Cuando Roberto invitó a su casa a dos exhuberantes señoritas para disfrutar de una noche de "lujuria".

Estos hechos sucedieron a principio de los años ochenta, cuando había montado "Cripy" Bailables en el Salón Bariloche del Club Olimpo, frente a Plaza Rivadavia, en pleno centro de Bahía. Este bailable donde en los tres años y medio que funcionó a pleno, jamás se expendieron bebidas alcohólicas. Esta decisión, que en los inicios generaba cierta desconfianza en mis socios del emprendimiento, no fué un obstáculo para que "Cripy" se convirtiera en un verdadero éxito hasta su cierre en 1985. El nombre lo puse en homenaje a la antológica revista Creepy, editada originalmente por la Warren en los Estados Unidos y paralelamente por Toutain en España. El bailable funcionaba los días sábados unicamente y contaba con un fuerte apoyo publicitario tanto en radio como diario y TV con piezas grabadas muy estridentes y bizarras que se renovaban semanalmente sumándole al evento diferentes temáticas derivadas del comic, entre ellas: La noche de Hulk, Spiderman, etc. Hasta la actualidad, muchos hombres y mujeres que en aquellos tiempos eran adolescentes aún recuerdan con nostalgia el slógan que decía: "Cripy bailables, chicas no pagan" y el hecho singular de no cobrarle entrada a las señoritas, generaba que más de 500 mujeres jóvenes en su mayoría muy atractivas, asistieran a cada reunión. El promedio de concurrentes era de unas 1800 personas, todas adolescentes que se divertían espontánea y sanamente sin la necesidad de "aditivos", solo gaseosas. En ese espectáculo que recuerdo con mucho cariño, trabajaban unas diecisiete personas afectadas a boletería, acceso, seguridad, disc jockeys, sonidistas, iluminadores y encargados de la barra donde se expendían las inofensivas bebidas. En este último sector estaba Roberto como responsable de la caja. Muy responsable y simpático, Roberto se destacaba por su cumplimiento, jamás había faltado en todos los años que funcionó "Cripy", hasta que una noche, pide hablar conmigo a solas y muy misterioso me dice: "Pipo, tengo dos minas terribles que quieren salir conmigo y con Marcelo, además estoy solo en casa, mi esposa y los chicos se fueron por varios días". Sin dudarlo le respondí: "No hay problema Roberto, dejále la caja a Carlos y vayansé yá, estas oportunidades solo se dan una vez". Las dos niñas que estaban dispuestas a salir con Roberto y Marcelo eran dos bellas y esculturas que enfundaban sus atractivos cuerpos en ajustadas calzas de colores y remeras más que livianas. Roberto, Marcelo y las dos señoritas se fueron del local saludándome muy alegremente y me puse feliz pensando en lo bien que lo pasarían estas dos parejas jóvenes y llenas de vida. Cerca de las cuatro de la madrugada y una hora antes de la finalización del baile, veo que Roberto, Marcelo y las dos muchachas ingresan nuevamente al salón. No entendía que había pasado, si solo habían estado ausentes unos cuarenta minutos. Evidentemente algo había salido mal y las caras de los cuatro, no mostraba un ápice de alegría. La verdad la supe a través de Marcelo, quien después del cierre del bailable, se acerca muy contrariado y me cuenta con lujo de detalles lo que había ocurrido en la casa de Roberto. "Ni bien entramos, nos pidió que nos pusieramos "patines", (unos trozos de paño que en esos tiempos se utilizaban para poner un pié en cada uno de ellos y deslizarse para no marcar los pisos de madera encerados). Sin muchas ganas, yo, Roberto y las dos chicas nos pusimos los patines y fuimos hasta la cocina-comedor, donde los cuatro nos sentamos alrededor de la mesa principal. Inmediatamente Roberto trajo una botella de Cognac, cuatro copas y nos pidió por favor que no fumemos porque su esposa tenía un olfato ultra sensible y no quería correr el riesgo que a su regreso, la mujer descubriera que a su casa habían entrado extraños". Marcelo encendió otro cigarrillo y nervioso, continuó con su relato: "Empezamos a tomar el Cognac y de pronto, Roberto apaga las luces. Yo pensé que esa era la señal para entrar en acción y a partir de allí iniciaríamos los primeros mimos con las "minas", pero apareció con una caja grande y con todo cuidado sacó un proyector de diapositivas y armó una pantalla plegable cerca de la pared. Pensé que íbamos a ver fotos eróticas para ir entrando en calor, pero cuando tuvo todo armado, apagó la pequeña luz que había quedado encendida y puso en funcionamiento el proyector. Las imágenes que se veían eran las del casamiento por iglesia de Roberto, creí que se había confundido, pero nó, después siguieron un montón de fotos de la fiesta. No podía creer que esto estuviera pasando, porque estábamos perdiendo un tiempo precioso, y encima se tomaba el trabajo de ir explicando cada secuencia con lujo de detalles".
No me jodas le dije, lo que me contás es una tamañan boludez. "Nó, te juro que es verdad, esperá que llamo a las pibas para que te lo confirmen", me contesta Marcelo al tiempo que al verla cerca de la barra de bebidas, no duda en llamar a una de las chicas que habían asistido a la insólita reunión. Mientras bebía una gaseosa, la sensual muchacha de cabellos negros y lacios, con una sonrisa corrobora todo lo expuesto por Marcelo y sin dejar de reirse, nos dice: "Eso no es todo, después de las diapositivas de la ceremonia religiosa y la fiesta, trajo otro "tambor" y empezó a proyectar las fotos de su luna de miel en Bariloche, ¿podés creerlo?". Realmente aquello era para no creerlo, mientras la chica se fué a bailar música movida a la pista, Marcelo y yo mirábamos ese físico apetecible que se contoneaba provocativa y pensábamos en lo que Roberto se había perdido aquella noche con su inoportuna y estúpida ocurrencia.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Un "papelón" inolvidable: El Poderoso Mercedes Benz que no tenía marcha atrás.

Charly era un tipo que se hacía notar en cualquier parte y esto lo lograba gracias a su físico voluminoso, la ropa llamativa que usaba con frecuencia y también por su vozarrón. Siempre nos contaba historias increíbles que supuestamente había protagonizado en distintas partes del mundo. Se mostraba con aires de suficiencia y su verborragia era natural, tenía matices y aunque en aquella época (1995) tenía todos los síntomas de "estar de regreso", aún mostraba interés por dar una última batalla en el complejo y quimérico mundo del marketing y la publicidad. La mayoría de sus ideas eran extrañas y muy difíciles de aplicar a la hora de llevarlas a la práctica. Pero sus ganas y el carisma que poseía me llevaban a escucharlo y tomar un café con él, oír sus anécdotas y sin querer me iba involucrando en su férrea intención por hacer algo grande y ganancioso. Charly amaba los autos grandes y lujosos. Tenía dos o tres, pero el que más se destacaba era un gigantesco Mercedes Benz blanco que tenía todo el aspecto de una limousine. Con frecuencia decía que en un primer contacto con algún eventual cliente importante, era fundamental aparecer en su empresa con un vehículo llamativo y en lo posible de marca prestigiosa. Al poco tiempo de conocerlo, se nos presentó la oportunidad de ir a llevarle una propuesta a un conocido supermercado de la ciudad de La Plata, Charly se había entusiasmado y lo primero que hizo fué preparar su ostentoso Mercedes. La cita con el propietario del supermercado fué programada para un día Viernes a la tarde. Era el mes de Noviembre y la temperatura era bastante elevada, principalmente en la ciudad de las diagonales. A las dieciseis horas en punto, Charly y yó, entramos a bordo del Mercedes a la playa de estacionamiento de la empresa. El vehículo quedó ubicado en uno de los boxes, ambos estábamos vestidos con saco y llevábamos un maletín conteniendo toda la información relacionada con la campaña publicitaria que íbamos a ofrecer al propietario de la firma.
La reunión duró casi una hora y media, tanto Charly como yó, tuvimos una actuación bastante destacada que casi sobre el final de la entrevista parecía haber convencido casi en un ochenta por ciento al empresario que se había deslumbrado por la cantidad de logros relatados por Charly y más aún cuando éste le dejó su frondosa carpeta de antecedentes. Después de compartir varios cafés y gaseosas con el ejecutivo, nos despedimos efusivamente, acordándo regresar en una semana para que nos dé su respuesta. Cuando estábamos a punto de bajar por la escalera que conducía directamente a la cochera, dirigiéndose a Charly, el comerciante le dice: "Lo felicito por el auto que tiene, realmente está muy bueno, se ven pocos Mercedes así". Mientras le extendía la mano, Charly con una sonrisa le responde: "Sí, soy coleccionista de autos, éste es uno de ellos, pero me gusta mantenerlos impecables".
Ya en el interior del vehículo, Charly me mira y exclama: "¿Ché, este tipo como sabía que vinimos con el Mercedes?". Por las cámaras de video, ¿no vés que tiene cámaras de seguridad por todas partes? le contesto. Charly arrancó el auto, el motor sonaba a la perfección, pero el calor que hacía allí, en esa cochera al aire libre era insoportable. Fué entonces que le pedí que encendiera el aire acondicionado. "No funciona, ningún mecánico dá pié con bola y me lo puede arreglar", me dice con rostro de preocupación. "Bueno, no importa, poné la marcha atrás y rajemos cuanto antes porque nos vamos a cocinar", le pido. En el interior del auto se produce un silencio casi eterno y Charly, completamente abatido y resignado me dice: "tengo que confesarte algo, la marcha atrás no funciona, no nos queda otro remedio que sacarlo empujando". Entre los dos y con mucho esfuerzo, empujamos el enorme y pesado Mercedes blanco hasta dejarlo en posición de salir por el portón principal. Estábamos empapados de sudor e imaginé la cara del dueño del supermercado mirándo a través de las pantallas de sus monitores de TV esa lamentable maniobra. Después de aquel infortunado episodio, por nada del mundo, Charly quiso volver a entrevistarse con el empresario.